Ciencia

La chica se internó en el monte cuando descubrió este tenebroso grupo

"Todos iban con la mirada perdida y rostro serio, como si fueran zombis. La cuestión es que cuando estaban a unos ocho metros de mí, me llamó la atención que no hacían ningún ruido al andar. Eso me pareció muy extraño, así que me fijé en sus pies, y entonces vi algo que me aterrorizó."

11 de Julio de 2018 (17:46 CET)

La chica se internó en el monte cuando descubrió este tenebroso grupo
La chica se internó en el monte cuando descubrió este tenebroso grupo

Uno de los casos más interesantes de encuentro con la Santa Compaña es el protagonizado por la joven Beatriz S. «Yo no creía en esas cosas, me parecían cuentos de viejos, pero el caso es que vi lo que vi», me decía intentando justificarse.

Ocurrió una noche invernal de 2011. Beatriz conducía de camino a casa después de visitar a unos familiares en un pueblo orensano. Cuando circulaba a la altura de la localidad de Cualedro, sintió la imperiosa necesidad de orinar, de modo que entró en el primer camino de tierra que se desviaba del asfalto y aparcó el coche.

«Maniobré para colocarlo mirando hacia la carretera –me relataba–, circunstancia muy afortunada si tenemos en cuenta lo que pasó después».

La chica se internó en el monte para hacer sus necesidades, cuando se dio cuenta de que un grupo de gente avanzaba hacia el lugar en el que se encontraba.

«Delante iban tres individuos ataviados con sotanas y capuchones blancas que les ocultaban el rostro, y detrás unas veinte personas de campo y de cierta edad, mujeres y hombres como de unos setenta años. Vestían de forma muy sencilla, con chaquetas de pana, boinas, pantalones oscuros, faldas largas las mujeres.

Todos iban con la mirada perdida y rostro serio, como si fueran zombis. La cuestión es que cuando estaban a unos ocho metros de mí, me llamó la atención que no hacían ningún ruido al andar. Eso me pareció muy extraño, así que me fijé en sus pies, y entonces vi algo que me aterrorizó.

Aquellas personas no caminaban, sino que levantaban palmo y medio del suelo. ¡Estaban levitando delante de mis narices! Eché a correr, entré como pude en el coche, arranqué y salí de allí a toda pastilla».

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