Conspiraciones

Arthur C. Clarke, ¿visionario o profeta?

Arthur C. Clarke fue una de los autores más relevantes de la ciencia ficción, también uno de los divulgadores más preclaros del Siglo XX. Las increíbles especulaciones de sus novelas llegaron a convertirse en realidad mucho tiempo después.

3 de Junio de 2019 (12:12 CET)

Arthur C. Clarke, ¿visionario o profeta?
Arthur C. Clarke, ¿visionario o profeta?

Un primer contacto de radar a tanta distancia no tenía precedentes; estaba claro que 31/439 debía ser de tamaño excepcional. Por la fuerza de su eco, las computadoras deducían un diámetro de al menos cuarenta kilómetros.  Hacía cien años que no se descubría un gigante de ese tamaño. Parecía increíble que hubiera pasado inadvertido durante tanto tiempo. Luego fue calculada la órbita y el misterio quedó resuelto... para ser reemplazado por otro mayor. Un objeto que medía cuarenta kilómetros de largo, con un período de rotación de apenas cuatro minutos, ¿dónde encajaba “eso” dentro del esquema astronómico? 

El 31/439 no se desplazaba con una trayectoria asteroidal normal, a lo largo de una elipse por la que volvía con precisión cronométrica cada pocos años. Era un vagabundo solitario entre las estrellas, que hacía su primera y última visita al sistema solar, porque se movía con tanta rapidez que el campo gravitatorio del Sol jamás podría capturarlo. Destellaría desplazándose hacia adentro, fuera de las órbitas de Júpiter, Marte, Tierra, Venus y Mercurio, y su velocidad aumentaría al hacerlo hasta rodear  el Sol y dirigirse una vez más a lo desconocido. 

El vagabundo interestelar fue pronto honrado con un nombre en lugar de un simple número. Mucho tiempo atrás los astrónomos habían agotado las mitologías griega y romana; ahora estaban  recorriendo el panteón hindú. Y así, 31/439 fue bautizado ‘Rama”.


LAS PROFECÍAS DE ARTHUR C. CLARKE

Muchos fuimos los apasionados lectores de ciencia ficción que en su momento leímos la apasionante novela del escritor y científico británico Arthur C. Clarke, Cita con Rama. Clarke no fue famoso sólo por la calidad de sus magníficos relatos, sino por la cantidad de predicciones acertadas que escribió sobre el futuro. Baste recordar su recomendación de situar en órbita geoestacionaria sobre la Tierra satélites de comunicaciones que permitirían transmitir todo tipo de datos entre cualquier punto del globo y que, a la larga, darían lugar a una red mundial de comunicaciones, es decir, a lo que hoy llamamos Internet. 

Es imposible citar a Clarke y olvidar la obra maestra que fue 2001, Una Odisea del Espacio. Ni en la novela ni en la película llegamos a ver a los misteriosos seres que siembran la vida humana sobre la Tierra. Pero, en cualquier caso, comprendemos que están ahí. Y lo comprendemos con ese monolito que da la señal de alarma para comunicarles que por fin el Hombre ha salido fuera de la cuna que fuera su mundo, como diría Konstantín Tsiolkovsky, el llamado “padre de la astronáutica”. También con el personaje del hasta entonces astronauta y comandante de la nave Discovery David Bowman, que abandonará su envoltura humana para convertirse en un ser ultradimensional, acompañado del antaño computador paranoico HAL, instrumentos de los que se servirán los aliens para ayudar a la humanidad a emprender su siguiente salto evolutivo. 

Sobre estas líneas, cartel de la mítica película de Stanley Kubrick, basada en una obra “profética” de Arthur C. Clarke. En la otra página, a la derecha, arriba, fotograma de 2001: una odisea del espacio (1968). Debajo, Konstantín Tsiolkovski, “padre de la astronáitica”.
Sobre estas líneas, cartel de la mítica película de Stanley Kubrick, basada en una obra  “profética” de Arthur C. Clarke.


¿EUROPA, SEDE DE UNA FUTURA VIDA INTELIGENTE? 

Un detalle muy curioso. Al final de la historia, HAL envía un críptico mensaje a los humanos para ser transmitido a la Tierra: “TODOS ESTOS MUNDOS SON VUESTROS, CON EXCEPCIÓN DE EUROPA. NO INTENTÉIS  TERRIZAR ALLÍ”. 

¿Y por qué Europa? ¿Qué interés podría tener para nadie esta helada luna de Júpiter? Quizá sí. En tiempos de Clarke apenas sabíamos nada de ella. Pero hoy se ha convertido en uno de los principales objetivos de los exobiólogos. Los científicos nos han advertido que bajo la corteza de Europa podría existir un gigantesco océano de agua líquida, que podría ser hielo de no existir el calor generado por las contracciones gravitatorias de su gigante vecino. Su presencia se ha delatado a través de algunos chorros de vapor que surgen de las profundidades. Y si la condición necesaria para la vida es la existencia de agua, Europa tiene toda la que podamos desear. Una masa oceánica de quizá 100 km. de profundidad que podría contener varias veces el contenido acuoso de nuestros mares terrestres. En todo caso, se espera que la misión de la NASA Europa Lander –que escenderá sobre el satélite hacia 2031– pueda cumplir su misión, que es la de intentar averiguar si en Europa puede existir alguna forma de vida, siquiera sea primitiva. Así que sólo podemos pedirle a Arthur que nos disculpe ante los aliens por el incumplimiento de su orden. Ellos son los primeros en saber que nos crearon curiosos. Queremos ir a Europa, e iremos. Pero habíamos comenzado hablando de Rama. ¿Por qué? 

Muy sencillo, porque cualquier entusiasta de las predicciones de Clarke pensará ahora mismo si no está asistiendo al cumplimiento de una de ellas, aunque es cierto que nunca la expresó claramente.


¿OUAMUAMUA ES “RAMA”?

En principio es bastante más pequeño: 400 metros de longitud en lugar de 40 kilómetros. Pero igualmente tiene suficiente tamaño para ser una nave espacial. Nuestro Rama fue detectado el pasado octubre desde una universidad hawaiana, y observado cuidadosamente por el Very Large Telescope –VLT–, del Observatorio Austral Europeo. Según informó la revista Nature, sin duda se trata de un objeto procedente de más allá del
Sistema Solar, es decir, un navegante interestelar. Su nombre hawaiano así lo anuncia OUAMUAMUA –el explorador–. Se aproximó hasta unos 24 millones de kilómetros de nosotros, y, acelerando de nuevo gracias al tirón
de la gravedad solar, se dirige ahora una velocidad de 130.000 km/h hacia la constelación de Pegaso. “Se ha teorizado durante mucho tiempo sobre la existencia de estos objetos: asteroides o cometas moviéndose entre estrellas
–afirman los investigadores–, pero esta es la primera vez que se detecta uno”. 

¿Qué nos contaba Clarke acerca de su enorme nave espacial alienígena?. “Rama se movía a más de doscientos mil kilómetros por segundo, y no había peligro de que se convirtiera nunca en un cautivo del Sol. Ahora, por fin, la estrategia de Rama se tornaba evidente. Se habían acercado tanto al Sol simplemente para extraer su energía de la fuente misma, y poder seguir su viaje con mayor rapidez hacia su desconocido destino definitivo. Pronto se vio  ue extraían algo más que energía. Nadie estaría nunca seguro del todo, porque los instrumentos de observación más cercanos estaban a treinta millones de kilómetros de distancia, pero todo parecía indicar que la materia estaba fluyendo del Sol dentro del propio Rama, como si éste estuviese reemplazando la merma producida por diez mil siglos en el espacio”.

Es evidente que estamos especulando, mezclando ciencia con ciencia ficción. Sin embargo, dados los antecedentes de Clarke, no parece tan descabellado. En todo caso, siempre nos quedará un consuelo de cara al futuro.
 

FINALIZANDO LA CITA CON RAMA

“Cuando Norton había divisado a Rama por última vez, una pequeña estrella viajando velozmente más allá de Venus, supo que una parte de su vida terminaba para siempre. Tenía justo cincuenta y cinco años, pero sentía como si hubiese dejado su juventud allá abajo, en la curvada Planicie Central, entre misterios y maravillas que ahora se alejaban inexorablemente, fuera del alcance del hombre. Así se dijo; pero, aun entonces, debió haberlo pensado mejor. Y allá, en la lejana Tierra, el doctor Carlisle Perera no le había confiado todavía a nadie que despertó de un sueño agitado con un mensaje de su subconsciente resonando en su cerebro: Los ramanes lo hacen todo por triplicado”. Entonces esperaremos Hasta pronto, Explorador II.

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Nº 353, Diciembre de 2019

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