Conspiraciones

LA AMENAZA DE LOS ILLUMINATI

¿Existe realmente una sociedad secreta llamada los Illuminati? Y, si es así, ¿son ciertos algunos de los oscuros propósitos que se le atribuyen? En "Diccionario de Ángeles y demonios" (Edaf), el autor británico Simon Cox aclara la mayoría de los interrogantes que ha suscitado este best-seller, separando lo auténtico de lo fantástico. A continuación, les ofrecemos un extracto de este esclarecedor análisis.

25 de Mayo de 2009 (12:24 CET)

LA AMENAZA DE LOS ILLUMINATI
LA AMENAZA DE LOS ILLUMINATI
La trama de Ángeles y demonios gira en torno a una conspiración de los Illuminati contra la Iglesia católica. Las pistas que han dejado los artistas supuestamente ligados a la organización secreta, proporcionan los lugares para la persecución, que tiene lugar en Roma. La culminación de la búsqueda por parte de Robert Langdon y Vittoria Vetra se produce con el descubrimiento de la «Iglesia de la Iluminación», oculta dentro de un monumento muy conocido, el Castel Sant'Angelo.

VISIONES Y ÉXTASIS
Tema favorito de los teóricos de las conspiraciones en todo el mundo, la idea de que haya un grupo de personas llamados Illuminati (o «Iluminados») es tan antigua como se supone que es la propia sociedad secreta. De hecho, una serie de grupos distintos no relacionados han reivindicado este nombre a lo largo de la historia. No obstante, la confusión y el misterio siguen rodeando la cuestión de si existe realmente hoy en día un solo illuminati.

El primer uso del nombre Illuminati del que queda constancia se produjo en el siglo II d. C., cuando lo adoptó un grupo fundado por una figura conocida como Montano. Se sabe poco acerca de este ex sacerdote del culto a Cibeles, la diosa de la fertilidad, pero sí se conoce que se convirtió al cristianismo e inmediatamente después empezó su movimiento herético. Eusebio, el teólogo del siglo IV, comenta que Montano empezó a profetizar en la zona conocida como Frigia –en lo que hoy es Turquía central–, después de haber tenido visiones y haber entrado en un estado extático.

Aquel grupo de Illuminati incluía a las profetisas conocidas como Priscilla o Prisca, y Maximilla. Sus miembros experimentaban prácticas religiosas desenfrenadas, ataques y éxtasis que los discípulos del grupo consideraban mensajes del Espíritu Santo.

Montano estaba convencido de que el final del mundo era inminente e intentó establecer un código moral rígido y riguroso que él veía como una forma de purificar el alma cristiana, en un intento de disuadir a sus seguidores de codiciar cosas materiales. Montano y los suyos fueron muy criticados por la joven Iglesia del momento, que les acusó de no reconocer el imperio de la ley del que ésta gozaba por designación divina. Esta cepa inicial de los Illuminati floreció en Asia Menor y en el norte de África, hasta el siglo IX, en que finalmente se extinguió.
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