Enigmas y anomalía

SERES ALADOS: AMENAZA CELESTE

La presencia de extrañas y enormes criaturas aladas de aspecto híbrido, a medio camino entre un ser humano y un pájaro, ha causado terror a numerosas personas a lo largo de la historia. En el pasado eran concebidas como entidades diabólicas, aunque hoy los ufólogos las vinculan con los tripulantes de los OVNIs, mientras que los criptozoólogos consideran que son más bien grandes aves similares a los pterodáctilos. Sea lo que fuere, los encuentros son abundantes y todavía carecemos de respuestas definitivas. ¿De dónde proceden? ¿Qué pretenden? ¿Por qué en ocasiones se presentan en oleadas? Por Moisés Garrido

26 de Octubre de 2015 (09:38 CET)

seres alados
seres alados

Desde tiempos inmemoriales, el ser humano se ha enfrentado a extrañas y hostiles criaturas aladas, o al menos eso narran antiguas leyendas y tradiciones orales, sobre todo de carácter religioso. Estas historias forman parte intrínseca del folclore popular. La figura del demonio alado surcando los cielos es común a diferentes culturas, como por ejemplo en el mundo eslavo, donde se identifica al dragón con el diablo. En los pueblo balcánicos encontramos asimismo referencias escritas sobre los semej, que serían demonios o espíritus meteorológicos dotados de una enorme fuerza y que se sostienen en el aire con grandes alas de oro. Entre los etruscos también hallamos datos referentes a Charun, una entidad infernal provista de una gran nariz curvada —que nos recuerda al pico de un ave de presa—, orejas puntiagudas, dientes afilados y alas. Los demonios Tuchulca y Vanth también tenían alas. Lo mismo que Lilitu, la diosa alada portadora de la muerte en el mundo mesopotámico, de la cual deriva Lilit, la figura demoníaca del mundo hebreo que habitaba en el desierto. Tenía una larga melena e iba provista de alas, actuando de noche para atacar a hombres y niños.
Precisamente, en el judaísmo se desarrolla toda una angeología repleta de demonios y espíritus maléficos alados que surcan los cielos, que mantienen luchas entre sí (la batalla de los ángeles de la luz y de las tinieblas) y que acechan constantemente a los seres humanos. Los antiguos tratados de magia de origen judío, así como ciertas corrientes gnósticas, nos ofrecen una serie de nombres de ángeles y demonios que fueron invocados en determinados rituales de brujería, manifestándose en ocasiones con grandes alas. Esa reminiscencia mitológica siguió estando vigente en el cristianismo. Los padres de la Iglesia y primeros apologistas cristianos, en su lucha contra las creencias gnósticas, vinculan los demonios a antiguas deidades paganas. Serían ángeles caídos que moran entre el cielo y la tierra, arremeten contra los fieles y buscan comercio carnal con las hijas de los hombres, como ocurrió en tiempos de Noé. En la iconografía de siglos posteriores se les representa con alas de murciélago (como podemos ver en algunos grabados firmados por Durero, Schongauer, Cranach y Doré).
Llama poderosamente la atención cómo a partir del siglo XV los demonólogos se ocuparon de catalogar a los seres infernales tanto por sus rasgos físicos como por sus cargos en la corte infernal.

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Lo cierto es que algunos «persiguedemonios» de esa época, como Johann Weyer, autor de Pseudomonarchia daemonum, nos ofrecen toda una extensa lista de entidades demoníacas, catalogadas en jerarquías. Destacan algunas malvadas entidades aladas, como Sytry, con rostro de leopardo y alas de grifo que, en ocasiones, se transforma en ser humano para seducir a las mujeres y poseerlas sexualmente. También está Azazel, uno de los jefes de los doscientos ángeles caídos, que tenía doce alas… (Continúa en AÑO/CERO 304).

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