Enigmas y analogía

UN ÁNGEL ME SALVÓ LA VIDA

No los podemos ver, pero desde que venimos al mundo están a nuestro lado. Eso se desprende de los testimonios que damos a conocer en el presente reportaje: individuos que aseguran mantener contacto con su ángel de la guarda y otros que comenzaron esa relación especial con su «protector celestial» después de salvar la vida gracias a la intervención de fuerzas sobrenaturales… Por Miguel Pedrero

25 de Noviembre de 2015 (11:32 CET)

angel de la guarda
angel de la guarda

Cada vez son más las personas convencidas de mantener un contacto más o menos fluido con los ángeles. Es el caso de la madrileña Gloria Alonso, autora de Mi vida con los ángeles (Sirio, 2014), un libro de referencia sobre la cuestión. A raíz de sus fascinantes experiencias, comenzó a impartir talleres de fin de semana sobre los ángeles y clases de meditación consciente, siempre sin ánimo de lucro, de forma completamente altruista y con el único fin de «poner mi granito de arena en el despertar espiritual de las personas que así lo desean», me explicaba Gloria durante una larga conversación que mantuvimos poco antes de cerrar el presente reportaje. 

Hace más de veinte años, un conocido le habló por primera vez sobre ángeles. Se trató únicamente de un simple comentario, pero en ese momento «algo se encendió en mi interior, a pesar de que hasta entonces jamás me había interesado en el asunto». Desde ese día experimentó una progresiva transformación interna, hasta que cierta mañana, en la que se encontraba dedicada a los quehaceres de la casa, escuchó una voz «serena y profunda» que repetía constantemente un nombre: «Miguel». Gloria tuvo que sentarse porque un sentimiento de indescriptible alegría y amor se había apoderado de ella. «Era mi ángel dirigiéndose a mí. Estaba extasiada, parecía que el corazón se me iba a salir por la boca, pero confiaba en él, en su enorme grandiosidad. No sé cuánto pudo durar esa indescriptible sensación porque el tiempo se había parado para mí. Jamás he vuelto a vivir nada siquiera parecido». 

 

AYUDA ANGÉLICA

A raíz de esa experiencia comenzó a mantener contacto con Miguel y otras entidades angélicas. «Al principio los mensajes los recibía mediante telepatía, pero más adelante también empecé a escribirlos sobre un folio –refiere mi informante–. Me da la impresión de que mi mano se carga con una energía muy superior a la normal y mi cuerpo experimenta una sensación de trance. Me envuelve un sentimiento de amor y pierdo casi por completo la conciencia, de modo que no sé muy bien lo que estoy escribiendo». Esa constante comunicación ha desatado alrededor de Gloria una serie de situaciones mágicas. «Recuerdo unas vacaciones en Praga con José, mi marido, mi hija y una amiga de ella –me relataba–. Las chicas tuvieron que adelantar su marcha un día por cuestiones laborales, así que nos quedamos José y yo solos. No sabíamos nada de inglés y entonces todavía no estaba establecido el euro como moneda de cambio. Se acercaba la hora de comer y nos preocupaba no encontrar un establecimiento que aceptara euros y, sobre todo, cómo hacernos entender para pedir los platos…

…De eso estábamos hablando, cuando vimos a lo lejos a un señor que nos llamaba desde una calle que confluía con la nuestra. Vestía muy pulcro, con un abrigo largo de color beis y un sombrero del mismo tono. Decía: '¡Eh, eh, eh…!', al mismo tiempo que nos hacía señas con la mano para que nos aproximáramos a él. José y yo nos miramos extrañados, pero nos acercamos por si necesitaba algo. Sus ojos eran azules, nos sonreía y en su rostro se dibujaba una expresión de bondad». 

El hombre les señaló un escaparate con los cristales tintados a la vez que decía beautiful (bonito en inglés). Enseguida se dieron cuenta de que se trataba de un restaurante, y justo en ese instante salió un camarero y colocó en la entrada un atril con los menús. «Allí leímos que aceptaban euros. Nos pusimos tan contentos que casi ni reparamos en el amable caballero, que sólo se limitó a sonreírnos y se despidió con un escueto 'adiós'. Pasamos al restaurante y nos quedamos sin habla. En el hall de la entrada había un gran cuadro de ángeles que custodiaban el nombre del local, que se llamaba Los siete ángeles. Todo el restaurante estaba repleto de motivos angélicos: cuadros, figuras, lámparas… Entonces nos dimos cuenta de que lo sucedido no era casual. ¿Quién era ese amable señor que supo de nuestras preocupaciones a pesar de hallarse demasiado lejos para escuchar lo que estábamos hablando?». 

En otra ocasión, Gloria y su marido dormían plácidamente en plena madrugada, cuando un intenso zumbido despertó a nuestra protagonista. «Cuando abrí los ojos, oí que me llamaban por mi nombre –comienza a relatarme–. Esa misma voz me pidió que saliera a la terraza, y una vez allí escuché claramente la frase 'estamos aquí'. En ese preciso instante, una esfera enorme de luz blanca surgió de la nada, como si se hubiera materializado, y cruzó el firmamento. Di gracias por ese saludo tan especial de mis guías angélicos y volví a acostarme»… (Continúa en AÑO/CERO 305). 

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