Enigmas y anomalía

Los espíritus que protegen a los jíbaros

El antropólogo Michael Harner narra una peculiar aventura que vivió junto a varios indígenas shuar (jíbaros) en la selva del alto Amazonas. Esa experiencia le hizo interesarse por el asunto de los espíritus protectores de los jíbaros.

Miguel Pedrero

29 de Enero de 2020 (17:10 CET)

espiritus protegen jibaros
espiritus protegen jibaros

En su magnífico libro La cueva y el cosmos (Kairós, 2015), el prestigioso antropólogo Michael Harner narra una peculiar aventura que vivió junto a varios indígenas shuar (jíbaros) en la selva del alto Amazonas. Se perdieron en medio de la espesura y estuvieron varias semanas buscando el camino de regreso. Cuando por fin se ubicaron, tuvieron que enfrentarse a un nuevo problema. Un río de unos 45 metros de ancho les cortaba el paso. Los jíbaros decidieron esperar a que descendieran las violentas aguas, y así permanecieron interminables jornadas. El antropólogo, desesperado, apeló a su valentía para intentar cruzar el río, y éstos, ni cortos ni perezosos, construyeron tres balsas. La segunda, en la que iba Harner en compañía de varios indígenas, acabó volcando y a punto estuvieron de perder la vida. Milagrosamente todos los ocupantes consiguieron salvarse. 

Antes de emprender cualquier misión peligrosa, buscan señales que demuestren que todavía tienen el amparo de sus respectivos protectores del más allá

«Ha estado cerca –acertó a decir el occidental–. Creo que tenemos suerte de estar vivos». Los shuar se miraron unos a otros, guardaron silencio y, por fin, uno de ellos tomó la palabra: «En realidad no temíamos cruzar el río porque no podemos morir. ¡Pero no sabíamos qué podía pasar contigo!» Los jíbaros le revelaron que un espíritu protegía a cada uno de ellos, pero que esta entidad podía abandonar a la persona a causa de diferentes motivos. Por lo tanto, antes de emprender cualquier misión peligrosa, buscaban señales que demostraran que todavía tenían el amparo de sus respectivos protectores del más allá. Si los signos eran negativos, se abstenían de emprender la misión. 

La búsqueda de visión

Sorprende que en distintas culturas indígenas, separadas por miles y miles de kilómetros, el método para obtener el amparo de un espíritu –generalmente el alma de un ancestro– es muy similar. Me estoy refiriendo a un proceso conocido de modo genérico con el nombre de «búsqueda de visión». Básicamente consiste en que el individuo –casi siempre un joven– se aísle en un entorno natural, como cuevas, remotas cascadas o cimas de montañas, sin comida y en muchas ocasiones sin nada con lo que cubrirse el cuerpo. Durante días, el neófito invocará a los espíritus realizando determinados cantos y rituales. Por ejemplo, entre los inuit del Ártico la búsqueda de visión consistía en pasar cuatro o cinco lunas en el interior de un iglú en pleno invierno, a veces sin ropas con las que protegerse del terrible frío. Si el alma de algún ancestro consideraba que el muchacho era digno de sus favores, lo ayudaba a sobreponerse al trance, en caso contrario podía morir congelado.

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