Enigmas y anomalía

Fantasmas samuráis

Las historias de los héroes samuráis permanecen aún vivas en el Japón moderno, a través de películas, obras de teatro, historias de fantasmas, novelas, tiras cómicas, dibujos animados y videojuegos. Investigamos las tradiciones y leyendas sobre ejércitos espectrales en el país del sol naciente

espacio misterio

27 de Junio de 2019 (10:40 CET)

Fantasmas Samuráis
Fantasmas Samuráis

 «Las caras de los samuráis aparecen en muñecos y cometas, en menús y en pósteres», explican Carol Gaskin y Vince Hawkins en su Breve historia de los samuráis (Nowtilus, 2004).

En lo relativo a las historias de los fantasmas samuráis que mencionan los citados autores, sorprende sobremanera que, si bien no son muchos los samuráis famosos históricamente que todavía se aparecen de forma fantasmal, los que lo hacen han ido fortaleciéndose a lo largo del tiempo. ¡Alguno hay que incluso lleva un milenio apareciéndose! Otros como Taira no Tomomori solo un poco menos, ya que vivió en el siglo XII (1152-1185).

Tomomori, en concreto, fue comandante del clan Taira, enfrentado al clan Minamoto a finales de la era Heia (794-1185) en una serie de conflictos civiles entre 1180 y 1185, que acabaron con la caída del clan Taira. Aunque Tomomori obtuvo importantes éxitos militares, terminó por ser vencido en 1185 en la batalla de Dan-no-ura, en el mar interior de Japón, de modo que tanto él como sus guerreros se suicidaron saltando al mar por la borda de sus barcos. Nuestro samurái se ató un ancla gigante alrededor del cuerpo (diversas fuentes mencionan en cambio dos capas de armadura pesada) antes de arrojarse a las profundidades del mar. De ahí que hasta hoy en día las gentes de esa región costera todavía cuenten historias de fantasmas samuráis que emergen del fondo marino: «Durante años, los marineros evitaron las cosas de Dan-no-ura, donde se decía que ejércitos de fantasmas acechaban desde el mar. Se cree que los espíritus de los samuráis que fueron asesinados en Dan-noura viven en los cangrejos Heike que llevan el dibujo de rostros humanos en su concha», explica el historiador Vince Hawkins. Algunos creen que el espíritu de Taira no Tomomori surgió de las profundidades del océano y vaga por la tierra a la espera de poder vengarse del clan Minamoto.

El pintor Tsukioka Yoshitoshi (1839- 1892) se hizo eco de su fama y le representó en cuadros y grabados. También es un personaje favorito del teatro Noh (data del siglo XIV), donde en diversas obras se venga de Benkei, un monje guerrero del clan enemigo. No para aquí su fama: modernamente se le sigue representando en los dibujos de estilo manga y anime; se le ha visto en películas como fantasma y como humano, así como en videojuegos. Sin duda, es difícil superar la fama y popularidad de este fantasma samurái que incluso figura en los tatuajes que ostentan los amantes del inframundo japonés. Pero hay otro de su mismo clan si cabe más famoso que Tomomori: se trata de Taira no Masakado (903–940). No solo es el más glorioso y antiguo de los fantasmas samuráis, sino que incluso se le considera una «deidad». Cuando se conocen los pormenores de su proverbial espíritu guerrero y su truculento final, no sorprende que todavía ande merodeando entre los vivos, sobre todo en el entorno del pequeño santuario situado en el corazón del distrito financiero de Tokio. ¿Cómo es posible que un santuario así se mantenga en pie en medio de rascacielos y en uno de los distritos más caros del mundo? La maldición del samurái ha tenido que ver con ello…

samurai taira

La cabeza del samurái Taira no Masakado se convirtió en trofeo de guerra y dio lugar a muchas leyendas. 

UNA TERRIBLE MALDICIÓN

Si no fuera por la maldición, ¿seguiría en pie dicho santuario? El nombre que lleva la colina donde se edificó es suficientemente inquietante: Masakado no Kubizuka o «Colina de la Cabeza de Masakado». Allí se conserva supuestamente la cabeza del samurái, que fue decapitado por traidor… Según nos cuenta la historia, Masakado era un poderoso terrateniente en Kanto, una región próxima al moderno Tokio. Al igual que sus descendientes del clan Taira como el citado Tomomori, se vio envuelto en una serie de conflictos armados con el clan Minamoto, que culminaron en una rebelión contra la corte imperial de Kioto y llevaron al poderoso samurái a establecer un reino independiente en ocho provincias de Japón oriental y proclamarse «nuevo emperador de todo Japón». Semejante osadía le costaría la vida: tras un año de sangrientas luchas (939-940), el Gobierno imperial vigente consiguió recuperar la región y liquidar al traidor en una emboscada en la provincia de Shimosa, donde cayó muerto atravesado por una flecha en la cabeza. Seguidamente, Masakado fue decapitado y su cabeza fue llevada a Kioto para ser exhibida públicamente como advertencia a cualquiera que se opusiera al emperador… No en vano, una de las tradiciones samuráis más valoradas era cortar la cabeza del enemigo: «Nada proporcionaba más reconocimiento que la presentación de una cabeza como prueba de la competencia del samurái en combate… Una gran victoria terminaría siempre con docenas, incluso cientos, de cabezas apiladas en la residencia del comandante», explica Stephen Turnbull en Samuráis, historia de los grandes guerreros de Japón (Libsa, 2006).

No debe sorprender, pues, que a partir de aquella exhibición pública de la cabeza de Masakado, empezara a tejerse su leyenda: incluso después de meses de exposición, se observó que la cabeza no se había descompuesto, que los ojos tenían una mirada atenta y que cambiaba las expresiones faciales día a día: «Poco después de ser enterrada, se dijo que la cabeza gritaba por la noche, gimiendo, quejándose y pidiendo que se le devolviera el cuerpo. También se alegaba que a veces se aparecía en vuelo aterrorizando la zona. Una noche comenzó a brillar con una luz espeluznante antes de flotar en el aire, después de lo cual la cabeza salió disparada como un cohete. La cabeza voladora y chillona finalmente cayó a tierra en un pueblo de pescadores llamado Shibazaki, donde supuestamente aterrizó en un área que hasta hoy se conoce como Colina de la Cabeza de Masakado. Los lugareños encontraron la cabeza, la lavaron y enterraron, y luego construyeron un santuario en el lugar. Este santuario se convertiría en la zona cero de diversos fenómenos fantasmales, como luces misteriosas, ruidos anómalos y la aparición del cuerpo de un samurái errante que asustaba a los lugareños», argumenta el investigador Brent Swancer en su ensayo Mysterious Samurai Ghosts of Japan (2018).

Por si fuera poco, al espíritu del guerrero empezaron a achacársele todo tipo de desgracias, desde desastres naturales como terremotos, hasta plagas y accidentes. Para aplacarlo, se decidió trasladar sus restos (¿la cabeza corrupta?) a Kanto...

Sin embargo, en 1923 se produjo allí un devastador terremoto y el edificio del Ministerio de Finanzas, que se había erigido cerca de la nueva zona de reposo de Masakado, se derrumbó. Aunque el Ministerio excavó el montículo donde se suponía que se había enterrado la cabeza voladora, no se encontró nada. Luego se niveló el terreno y se construyó otro edificio como sede temporal de dicho ministerio. Craso error: «En los días siguientes, muchos empleados, hasta 14, murieron inesperada y prematuramente en circunstancias sospechosas, incluido el propio ministro de Finanzas, Seiji Hayami. Otros empleados del nuevo edificio cayeron misteriosamente enfermos o tuvieron accidentes extraños en su lugar de trabajo… El edificio no tardó en ganarse la reputación de estar encantado por el rencoroso espíritu de Taira no Masakado. El Ministerio terminó por derruir el edificio maldito y, a partir de 1928, comenzó a celebrar rituales anuales de purificación en un intento de calmar al furioso fantasma del samurái fantasmal », concluye Brent Swancer.

Aun así, aquellas ceremonias no sirvieron de mucho porque en los años venideros el santuario sufrió nuevas «agresiones». En 1940, un rayo cayó sobre el Ministerio de Finanzas, que provocó un incendio destruyendo gran parte de las instalaciones en la Colina de Masakado. Precisamente ese año se había cumplido el milésimo aniversario de la muerte del samurái y el Ministro de Finanzas decidió erigir un memorial y celebrar una ceremonia para apaciguar al fantasma una vez más. Las desgracias siguieron cuando las fuerzas de ocupación estadounidenses invadieron Japón al final de la II Guerra Mundial y «profanaron» el santuario al pretender instalar allí un aparcamiento para vehículos militares. Pero tras diversos accidentes mortales, el proyecto tuvo que ser cancelado. Por fin, el espíritu de Masakado pareció descansar cuando se le reconoció oficialmente el estatus de deidad en 1984. No obstante, eso no significa que, incluso hoy, no sea temido por los que viven en la localidad...

Lee la historia completa en el número 339 de la revista 'Año/Cero'

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Portada Año Cero Septiembre 2019

Nº 350, Septiembre de 2019

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