Enigmas y anomalía

Kolmanskop, la ciudad fantasma del desierto

El desierto de Namibia fue uno de esos lugares de África azotados por el codicioso imperialismo occidental, ansioso de encontrar diamantes. Así, en pleno desierto se levantó Kolmanskop, una ciudad para enriquecerse, abandonada a su suerte ante las voraces arenas y los espectros que dicen que las habitan. Por Sergio Basi.

espacio misterio

2 de Enero de 2019 (11:49 CET)

Kolmanskop, la ciudad fantasma del desierto
Kolmanskop, la ciudad fantasma del desierto

En medio del desierto de Namibia, abandonadas y completamente desoladas se encuentran todavía unas estructuras decadentes pero pintorescas, inusuales para el desierto. Se trata de edificaciones de estilo centroeuropeo deshabitadas desde hace más de medio siglo cuyo conjunto recibe el nombre de Kolmanskop.

La historia de este pequeño pueblo en medio del desierto es una de esas historias que refleja a la perfección la codicia humana. De hecho, esta es el motor que empuja a los alemanes de las colonias (Namibia por entonces era África del Sudoeste Alemana) a construir en la inmensidad del desierto una pequeña localidad con todo tipo de infraestructuras para luego abandonarla ante las indómitas arenas que, poco a poco, han ido engulléndolo todo.

Así, Kolmanskop, es un pueblo fantasma entregado a la inmisericorde acción de la naturaleza. Fue fundado en 1908 por colonos alemanes cuando en el mes de abril,  Zacharias Lewala encontró una piedra brillante en la zona. Con el fin de confirmar sus sospechas, Lewala llevó el mineral al inspector del ferrocarril, August Stauch, quien corroboró que la piedra era auténtica, que aquel brillante –pero aún tosco– mineral, era un diamante. La zona estaba repleta de ellos.

Y así estalló una fiebre del diamante que implicó una avalancha de cazafortunas que corrían desde Lüderitz, la población más cercana, a esa inmediación del desierto que, desde ese momento, quedaría transformada para siempre.

Lüderitz quedó bastante vacío, muchas oficinas y tiendas cerraron. Todo el mundo quería enriquecerse y acudía al caluroso desierto con camellos, caballos, carros tirados por bueyes e incluso andando.

Y así, no tardaron en florecer, entre las dunas, estas estructuras europeas que contrastaban con el lugar; al fin y al cabo, aunque sea para hacerse rico, cualquiera querría sentirse como en casa.

El pueblo levantado por la fiebre del diamante
No tardaría en levantarse un pueblo entero con su teatro, escuela, casino, salón de baile, carnicería, una avanzadísima fábrica de hielo e incluso un tranvía, el primero de toda África.

También fue la primera población de África cuyo hospital –con capacidad para 250 pacientes– dispuso de tecnología de rayos X, llevada desde Alemania para traumatología y, sobre todo, para controlar que los mineros no ingirieran alguno de esos preciosos pedruscos, en cuyo caso se le suministraba aceite de ricino para que los diamantes volvieran a su dueño.

Aunque las casi 200 familias alemanas que vivían en Kolmanskop lo hacían con comodidades en sus mansiones, no eran tan buenas las condiciones para los trabajadores y mineros de la etnia owambo. Debían soportar al tiempo que hacían sus labores unas condiciones inclementes de temperatura que provocaban la muerte de muchos de ellos a los más de 65ºC que en esta desértica región se llegan a alcanzar.

Y así, a base de esfuerzo y sudor por parte de los mineros, los alemanes se enriquecieron enormemente. Durante la Primera Guerra Mundial se extrajo la friolera cantidad de unos 1.000 kg de diamantes.

Ricos pero decadentes
No obstante, pasada la guerra la cantidad que se extraía decayó considerablemente, hasta el punto de que no mucho tiempo después se produciría la sentencia de muerte de este avanzado poblado colonial, cuando Hans Merensky descubrió grandes depósitos de diamantes en la desembocadura del río Orange, a más de 200 kms.

Para 1938, la mayoría de los trabajadores y equipos de minería habían sido enviados desde Kolmanskop a Oranjemund, dejando la ciudad a merced de los elementos. Los diamantes la hicieron nacer y la hicieron morir.

Oranjemund, por su parte, sustituyó a Kolmanskopp en la próspera extracción de diamantes. También está en medio del desierto y, a pesar de que esta población en este caso no está abandonada ni es fantasmal, la realidad es que también es una localidad muy peculiar porque en ella sólo pueden entrar trabajadores, sus familiares y personas con autorizaciones especiales. Y todo por ser el paso fronterizo entre Namibia y Sudáfrica.

Fantasmas dudosos
Pero volviendo a Kolmaskop, ¿hay o no hay fantasma? En ella encontramos una ciudad atrapada en el tiempo que ejemplifica a la perfección cómo la codicia del hombre lo lleva a enfrentarse a la naturaleza con tal de enriquecerse.

A día de hoy son enormes las montañas de arena que ocupan los edificios y sepultan la ciudad por completo, incluidas algunas habitaciones de mansiones ruinosas, que ahora están repletas de unas dunas que perfectamente representan el avance del tiempo.

Hasta la fecha son escasas las noticias que indiquen que este pueblo abandonado esté maldito o cuente con presencias fantasmales, apenas contamos con tres testigos que salieron en el programa de televisión Destination Truth de Josh Gates.

En él, nos cuentan que los vecinos de la vecina ciudad de Lüderitz que se han acercado a explorar Kolmanskop han reportado historias sobre encuentros con fenómenos y entidades no humanas y  ruidos inexplicables.

Gens Ditmold afirma para el programa que es una ciudad encantada y que cada edificio tiene su historia; Izaan Koskoa asegura haber visto apariciones en plena ciudad, las describe de pelo largo y rubio, con ropas blancas, no se les veían ni pies ni manos, parecían flotar, además, Koskoa afirma que cuando se giró para mirar a su amiga, al volver a mirar la fantasma ya se había ido; y Marlene de Villiers confiesa que su hijo escuchó voces en la antigua carnicería, donde incluso pudo oler a carne cruda y sangre.

Lo cierto es que para aquellos que gustan de experimentar o investigar lo paranormal, el sitio es de lo más estimulante. Al fin y al cabo, los investigadores suelen abarcar una sola edificación, en Kolmanskop disponen de todo un pueblo abandonado para investigar.

Según dicen, sin haber confirmado nada, se detectan extraños campos electromagnéticos, la carnicería protagoniza audiciones de susurros o la escuela es foco de fenómenos extraños donde algunos visitantes han llegado a sentir asfixia. También del hospital se cuenta que pueden oírse pasos. Por no hablar de la cantidad de psicofonías indescifradas que se dice que en este lugar se han grabado.

Con fantasma o no, el lugar está embriagado de esa magia romántica, de esa nostalgia del tiempo que todo lo impregna, en este caso, en forma de arena. Si más allá de la trágica belleza que en sí misma tiene este lugar, alguien siente interés por lo paranormal, deberá acercarse con el material y las herramientas oportunas a corroborar lo que los compañeros de Destination Truth afirmaron.

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