Enigmas y anomalía

¿Por qué se drogan los animales?

Antes de que el hombre usara las drogas, los animales ya lo hacían buscando un estado de ebriedad. Ellos fueron el ejemplo a seguir de nuestra especie.

espacio misterio

6 de Marzo de 2019 (17:59 CET)

¿Por qué se drogan los animales?
¿Por qué se drogan los animales?

Es difícil rastrear el origen de la primera experiencia humana con plantas psicoactivas. Pero lo que sí es seguro es que ésta fue muy posterior a la que experimentó alguna especie animal.

Guiándonos exclusivamente por ese rompecabezas, siempre incompleto, que nos dibujan los vestigios arqueológicos, parece que el consumo de drogas vegetales se remonta, como mínimo, a los albores del Neolítico, hace aproximadamente unos diez mil años. Fue entonces cuando surgieron las primeras comunidades sedentarias que domesticaron el cultivo de plantas. Éstas servían no sólo como alimento sino también como detonante para alcanzar estados alterados de conciencia.

El dónde y cuándo el ser humano conoció por vez primera los efectos psicoactivos de determinadas plantas es algo que no podemos averiguar con certeza. Pero sí podemos sospechar el cómo…

Frente a la ausencia de indicios arqueológicos, la historia del uso de plantas psicoactivas se escribe a partir de tradiciones orales. Es en Siberia, la cuna de los primeros chamanes, donde un cazador debió observar el extraño comportamiento de un reno tras ingerir hongos de Amanita Muscaria.

Tal vez luego decidió imitarlo, experimentado por sí mismo el "vuelo" al que el hongo habría transportado al cérvido. Probablemente esta estampa –que inspira la iconografía navideña de los ciervos voladores acompañando a Santa Claus–, constituye el primer capítulo en la intoxicación de un animal por sustancias psicoactivas.

Así pues, esa especie humana que pretende desgajarse del reino animal, no se diferencia mucho de sus "hermanos menores" en su camino de exploración interior a través del uso de drogas vegetales.

Antes de que el chamán recurriera a los hongos para su vuelo onírico, hubo ciervos que exploraron ese mismo viaje. Antes de que el hombre abrazara la ebriedad del alcohol, hubo elefantes que se emborrachaban en manada. Antes de que la sociedad humana integrara en su cotidianidad el consumo de café, hubo cabras que se excitaron ingiriendo sus semillas.

El estudio científico de la relación entre animales y plantas psicoactivas no se remonta más allá de la segunda mitad del siglo XIX. En Animales que se drogan (2000), el etnobotánico Giorgio Samorini menciona cómo hasta entonces se pensaba que el consumo de drogas era algo exclusivamente humano y totalmente ajeno al instinto animal.

Sólo animales domesticados como simios, loros y perros podían encontrar placentera la ingestión de café o té. Sin embargo, la investigación etológica ha terminado derribando esta visión antropocéntrica del uso de plantas psicoactivas. Contrariamente a lo que se pensaba, los animales no sólo se intoxican accidentalmente o por injerencia del ser humano –como es el caso de los gatos que frecuentaban los fumaderos de opio–, sino que también lo hacen como resultado de una búsqueda premeditada.

Prueba de ello es la reiteración en su conducta, que en poco o nada se diferencia a la de los humanos. De hecho, los efectos inducidos por drogas vegetales que pueden observarse en las personas también se manifiestan en los animales. Y aunque no puede objetivarse si éstos también experimentan alucinaciones inducidas por el LSD, sí se ha contrastado la alteración que esta droga produce en su comportamiento.

En este sentido, son célebres los experimentos realizados en Basilea (Suiza) por el farmacólogo Peter N. Witt, a finales de los cuarenta, con arañas bajo los efectos de distintas drogas. Según la sustancia con la que habían sido intoxicadas –café, éxtasis, LSD, marihuana…– la telaraña tejida manifestaba patrones distintos.

Gatos, cabras, elefantes, simios… son sólo algunas de las especies que han experimentado los efectos embriagadores de distintas drogas vegetales. En El origen del hombre (1871), Charles Darwin introduce una serie de anotaciones en las que compara el comportamiento del ser humano con el de los primates en su inclinación por el consumo de determinadas sustancias estupefacientes:

"A muchas especies de monos les gustan mucho el té, el café y las bebidas espirituosas. Como yo mismo he podido observar, también fuman tabaco con evidente placer".

Algunos años antes, el zoólogo alemán Alfred E. Brehm (1829-1884) también describe cómo algunos nativos de África nororiental emplean bebidas alcohólicas para atraer a los monos y cazarlos aprovechando luego su estado de borrachera.

Cuenta el propio Darwin el caso de un mono araña que se embriagó con coñac y, a partir de entonces, nunca más lo probó "mostrándose más sensato que muchos hombres".

Insustituible al comenzar cada jornada laboral, el café es el estimulante más consumido de todo el planeta. Una leyenda asegura que fue en Abisinia –actual Etiopía– cuando una cabra se convirtió en la primera criatura sobre la faz de la tierra que comprobó sus efectos al mordisquear varias bayas de café. Brincando eufórica bajo el estado de embriaguez, el animal se mantuvo dando saltos y cabriolas durante toda la noche.

Kaldi, que así se llamaba el pastor testigo del extraño comportamiento de la cabra, decidió comprobar por sí mismo el efecto vigorizante de aquel arbusto. A partir de este fortuito hallazgo, una versión asegura que los pastores de esta zona combatían el cansancio masticando las amargas semillas de café.

Leyendas al margen, se conoce la adicción de las cabras por algunas plantas euforizantes como el khat en África o la judía roja o del mezcal en Norteamérica. En el clásico sobre "drogas narcóticas y estimulantes" Phantastica (1924), el farmacólogo alemán Louis Lewin menciona los efectos de la hierba loca morada en las ovejas y caballos que pastan en las praderas de los estados sureños de Norteamérica y México:

"Los animales se comportan de una forma que sugiere un característico estado de ofuscación que se podría comparar con el de las personas cuando se encuentran bajo los efectos del alcohol u otras sustancias".

La ingesta de hierba loca genera en el ganado la misma adicción que muchas sustancias en los drogodependientes: los animales rehúyen cualquier otro forraje y buscan de manera convulsiva esta planta tóxica.

Por otro lado, el ornitólogo David McKelvey ha descrito el comportamiento de la especie paloma rosa, endémica de la isla Mauricio, en el Océano Índico, que no puede vivir en cautividad. La causa es su adicción a una serie de plantas psicoactivas que les induce un estado de aletargamiento que las convierte en presa fácil para sus depredadores.

En África, muchos elefantes consumen con avidez diversas especies de frutos que, al caer al suelo, fermentan produciendo ciertas cantidades de alcohol etílico. En la época de maduración de estos frutos, los paquidermos llegan a recorrer más de 30 km en su busca y poder alcanzar así un estado de ebriedad.

En Intoxication (1989) el experto en drogas Ronald K. Siegel, de la Universidad de California, describe cómo las propias crías de elefante aprenden de sus progenitores este comportamiento.

Todos los años, los habitantes de la pequeña localidad de Pleasant Hill (California) son testigos del extraño comportamiento de una especie de petirrojos que, al llegar hasta allí, alzan el vuelo de manera errática para terminar dramáticamente atropellados por los vehículos que atraviesan la carretera. Muchos pensaron que estas migraciones de pájaros, que llegan hasta la ciudad en el mes de febrero, tenían una conducta claramente suicida.

El enigma se despejó al descubrir que estos mirlos peregrinan anualmente hasta las zonas más cálidas de Norteamérica buscando las bayas de un arbusto californiano. Su ingestión masiva produce un efecto narcótico en las aves, que les hace caerse de las ramas, revolotear torpemente y tambalearse en el suelo.

El investigador Ronald K. Siegel ha realizado autopsias de estos petirrojos comprobando que el agente embriagante no es alcohol fermentado, sino algún tipo de sustancia psicoactiva presente en los frutos.

Continuando con aves, cuando se estaba revisando el guión de Los pájaros (1963) –a partir de una novela de Daphne du Maurier (1907-1989)–, Alfred Hitchcock tuvo conocimiento a través de la prensa de un ataque de aves marinas que tuvo lugar en agosto de 1961 en Santa Cruz Sentinel, una pequeña localidad al sur de San Francisco (California). Como en las escenas más dramáticas del film, los pájaros se lanzaron convertidos en auténticos kamikazes sobre las casas atacando a los viandantes –hubo hasta ocho heridos–.

Medio siglo después se conoció la causa de este extraño comportamiento: la ingestión de un género de algas llamadas Pseudo-nitzschia– que sintetizan un tóxico –ácido domoico– que, actuando como una droga, es capaz de perturbar el comportamiento de las aves.

La nébeda o catnip, más conocida como hierba gatera o albahaca de los gatos, tiene un efecto estimulante en el comportamiento de algunos felinos predispuestos genéticamente.

A principios de los sesenta, Neil B. Todd, zoólogo de la Universidad de Massachusetts, describió cómo algunos gatos despliegan un comportamiento inusual en presencia de esta planta que segrega un aceite volátil llamado nepetalactona. Su aroma mentolado atrae a los felinos sensibles que comienzan a olfatear y lamer sus hojas para terminar alcanzando cierto grado de excitación que dura unos diez minutos.

La administración de extractos concentrados de nepetalactona ha permitido observar cómo los gatos parecen "alucinar" persiguiendo "mariposas invisibles" o jugando con otros mininos… que no existen.

Pero lo que más ha llamado la atención de los investigadores, es el registro de comportamientos estereotipados de excitación sexual. La interrogante de por qué la nepetalactona estimula esta conducta obtiene respuesta al descubrir que los gatos en celo segregan unas feromonas cuya estructura química es muy similar a la de este psicoactivo. Se especula así con la teoría de que la albahaca gatera pudo haber desempeñado un papel en el desarrollo evolutivo de los felinos al incentivar conductas de apareamiento.

Lo más leído
Ver comentarios

Comentarios

No hay comentarios ¿Te animas?

Nos interesa tu opinión

Revista

Portada Año Cero Noviembre 2019

Nº 352, Noviembre de 2019

Esta web utiliza 'Cookies' propias y de terceros para ofrecerte una mejor experiencia y servicio.