Parapsicología

Belchite, el pueblo maldito

Hay lugares en los que respirar cuesta, especialmente cuando la madrugada entra y propone un silencio que aquí se antoja sepulcral. Del último libro de Pedro Amorós, Guía de la España misteriosa –Libros Cúpula, 2009– rescatamos el presente informe, una visión directa de uno de los pueblos más atractivos y enigmáticos de España.

25 de Noviembre de 2009 (09:18 CET)

Belchite, el pueblo maldito
Belchite, el pueblo maldito

Situándonos en Zaragoza por la carretera N-232 y tomando el desvío antes de llegar a Fuentes del Ebro por la carretera A-222, llegaremos sin perdernos hasta el pueblo abandonado de Belchite, rodeado de misterios y de algunos dichos curiosos. El acceso al mismo está controlado y ya no se puede entrar por la puerta principal, sino que, si deseamos echar un vistazo, debemos hacerlo por la parte trasera del pueblo, justo por donde se encuentra la iglesia de San Agustín.
La historia del Belchite viejo se remonta muy atrás en el tiempo, y, para rememorarla, utilizaré la fuente de Ángel Peña, quien las expone clara y concretamente.
El 18 de junio de 1809, en Belchite se enfrentaron las tropas españolas, capita-neadas por el general Blake, y el ejército francés, con el primero y el segundo regimientos de infantería de la Legión de la Vistula, del que estaban al mando los generales Fuchet, Musnier, Arizpe y Habert. La batalla evolucionaba favorablemente para Blake cuando, al estallar unas granadas, cundió el pánico y todos se dispersaron. A partir de entonces y hasta el final de la contienda, los franceses permanecerían en la localidad y, para rememorar aquella famosa batalla, Napoleón hizo grabar el nombre de Belchite en el arco del Triunfo de París.
El 4 de marzo de 1838, las tropas capitaneadas por Juan Cabañero y Esponera llegaron a Belchite. Por la noche tomaron el pueblo los partidarios carlistas, que al día siguiente fueron expulsados de la localidad tras un fuerte enfrentamiento con los lugareños y seguidamente partieron hacia Zaragoza. El regente del reino, don Baldomero Espartero, promulgó una ley el 2 de septiembre de 1841 que motivó que todas las fincas del clero le fueran sustraídas. A Belchite le expropiaron cuatro fincas, que se adjudicó en subasta por la cantidad de 1.970 reales de vellón, el vecino Joaquín Riverés.
Violencia en la Guerra Civil
Los militares de Zaragoza se alzaron contra la Segunda República en julio de 1936, mientras el resto de Aragón se puso del lado del gobierno debidamente legítimo. Esto hizo que dicha comunidad se convirtiera en el escenario de algunos de los episodios más violentos de la Guerra Civil. Uno de ellos fue la toma del pueblo de Belchite en 1937. Su posterior asedio duró desde el 24 de agosto de 1937 hasta el 6 de septiembre del mismo año. Este hecho provocó que, al término de la contienda, el general Franco visitase la población en varias ocasiones y, en una de ellas, concediera a Belchite la distinción de heroica, además de la laureada de San Fernando, por el heroísmo mostrado en la batalla. Estos títulos se añadieron a los de leal y noble, que le había otorgado el rey Alfonso I el Batallador. De esta manera, quedó completo el blasón de la villa, como leal, noble y heroica.
Como el pueblo había quedado parcialmente destruido, Franco ofreció a los habitantes la posibilidad de reconstruirlo. Entre 1940 y 1945 un destacamento penal de presos políticos comenzó a construir la afamada promesa del general: "Yo os juro que sobre estas ruinas de Belchite se edificará una ciudad hermosa y amplia como homenaje a su heroísmo sin par".
Esta inscripción estaba grabada con letras doradas en dos placas de mármol blanco que se hallaban en el centro de la plaza del Ayuntamiento del nuevo pueblo, en una columna que se trasladó desde la antigua iglesia de San Martín. No hace muchos años fueron retiradas por unos desconocidos.
Hasta 1946, aproximadamente, no se trasladaron al pueblo los primeros vecinos y, cómo no, es de suponer que los primeros en ocupar esas viviendas fueron los más cercanos al nuevo régimen. La inauguración oficial se produjo el 13 de octubre de 1954 y fue presidida por el general Franco, aunque hasta principios de los años sesenta no se concluyó el traslado de todos los belchitanos, algo que se prometió gratis en un primer momento pero que, al cabo de las décadas, no fue así; quien quiso casa tuvo que comprarla, ya que hasta ese momento pagaban un alquiler.
Con el abandono del casco viejo, Natalio Baquero, un antiguo vecino que, como otros tantos, acabó emigrando a Cataluña, dejó escrita la siguiente frase en una de las puertas de la antigua iglesia de San Martín de Tours: "Pueblo viejo de Belchite, ya no te rondan zagales, ya no se oirán las notas que cantaban nuestros padres", pintada que firmó como "N.B.". (Continúa la información en ENIGMAS 168)
Pedro Amorós
Fotos: Erik Torrico González

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