Parapsicología

El extraordinario mundo de los famosos

¿Sabía usted que varios astrólogos asesoraron a Reagan? ¿Y que Jimmy Carter lanzó un mensaje al espacio después de haber visto un OVNI? ¿O que Claudia Schiffer ha sufrido el "acoso" de fantasmas? Si quiere conocer más detalles, no sea pudoroso y lea el presente artículo…

1 de Agosto de 2004 (00:00 CET)

El extraordinario mundo de los famosos
El extraordinario mundo de los famosos
No es cierto que el interés por lo oculto esté más arraigado entre las clases sociales menos ilustradas. Al contrario, la realidad demuestra que no hay celebridad que no se haya sentido atraída por lo inexplicado; hasta el extremo de que, para integrarse entre la Very Important People es casi requisito indispensable compartir afición por alguna parcela de lo desconocido. Temas como la astrología, los OVNIs, los fenómenos paranormales o el espiritismo han cautivado desde siempre a la "gente importante": desde dirigentes políticos y personajes históricos hasta los "vips" más "glamourosos" del mundo del espectáculo.

Doctrinas como la reencarnación o el espiritismo han dejado de ser exclusivas de ciertos contextos filosóficos para convertirse en creencias habituales. Antes que Shirley McLaine, el general George Patton estaba convencido de haber vivido anteriormente "otras vidas" que habrían forjado su carácter belicoso. No conforme con dirigir el Desembarco en Normandia durante la II Guerra Mundial, el excéntrico militar no se perdió ninguna de las anteriores batallas, encarnando a un soldado griego en Troya, cabalgando en las cruzadas de Tierra Santa y combatiendo en el ejército de Napoleón. De Abraham Lincoln, se dice que aceptó abolir la esclavitud tras asistir a varias sesiones de espiritismo en las que una médium adolescente, Nettie Colburn Maynard, incorporó un espíritu que le convenció de ello. También se cuenta que, antes de ser asesinado, tuvo un sueño premonitorio y que, después de muerto, su "presencia" aún ronda la Casa Blanca para espanto de sus inquilinos. Precisamente en este escenario se sitúa la primera de nuestras historias de lo que hemos bautizado como "Ocultismo Vip". Siga leyendo, por favor…

Ronald Reagan: un acuario en la Casa Blanca
Una carta publicada en mayo de 1988 en el New York Times comentaba: "La noticia de que importantes decisiones en la Casa Blanca se basaban en consejos astrológicos es muy turbadora. Los resultados podrían minar la fe en la astrología". La frecuencia, casi obsesiva, con la que el recientemente fallecido Ronald Reagan consultaba a videntes y futurólogos alimentaría la leyenda sobre la existencia de un supuesto gabinete de astrólogos que, al servicio de la Casa Blanca, indicaba qué días los astros eran más favorables para tomar ciertas decisiones. Según confesiones de la famosa bruja Sybil Leek, ella y otros tres expertos en diversas mancias sugirieron la fecha más propicia para la investidura y el comienzo del nuevo mandato presidencial; mientras que Joyce Jillson, astróloga del Daily News comentó que ayudantes de Reagan le pagaron por realizar las cartas astrales de ocho candidatos a la vicepresidencia. Por supuesto que el ex actor, injustamente marginado por la academia y metido a presidente, nunca admitiría públicamente tales rumores…
La afición de Reagan por la astrología se remonta a los sesenta cuando, siendo gobernador de California, su esposa Nancy conoció a la célebre Jeane Dixon, bautizada como "la profetiza de Washington" y por cuya consulta ya habían pasado Nixon y Rossevelt. Evitando que sus manías supersticiosas fueran objeto de mofa por parte de los opositores demócratas, el futuro presidente concertaba en secreto sus citas en el hotel Mayflower. Preguntada sobre el contenido de estos encuentros, la sensitiva siempre mantuvo un discreto hermetismo.

Sin embargo, y con el tiempo, los pronósticos de Jeane Dixon no terminaron de convencer plenamente a los Reagan. Mientras que la vidente aseguraba haber vaticinado su acceso a la Casa Blanca, el matrimonio no parecía recordarlo así. En una entrevista concedida a Los Angeles Times en 1980, y mucho antes de que un cruel alzheimer se cebase con su juicio, el recién nombrado presidente admitía que, aunque Dixon le había prodigado su apoyo, nunca auguró que alcanzara la presidencia. En definitiva, que el vaticinio del que tanto presumía la vidente quedó en una simple expresión de apoyo moral…
Tras perder su confianza en Dixon, los Reagan entablaron amistad con la astróloga Joan Quigley. La relación entre los inquilinos de la Casa Blanca y ésta se prolongaría durante siete años, hasta que unas declaraciones de Nancy restando importancia a su afición por el horoscopo terminaron encendiendo la mecha de la discordia. Como réplica al desprecio de la "primera dama" por su profesión, Quigley publicaría en 1990 un libro autobiográfico desvelando que ella se había encargado de asesorar al presidente indicándole las fechas y las horas más propicias –astrológicamente hablando, claro estᖠpara concertar casi la totalidad de sus cumbres y eventos más destacados. En otras palabras: la agenda del hombre más poderoso del mundo había estado en manos de una astróloga. Casi nada…
Hasta cierto punto, ésta habría llegado a influir en asuntos tan cruciales en política internacional como en lo que se refiere a las relaciones con Gorbachov, en un período sobre el cual gravitaba un fuerte clima de tensión a consecuencia de la Guerra Fría: "Le dije a Nancy –comenta la astróloga en una entrevista publicada por Año Cero en agosto de 1990– que la química entre Gorbachov y el presidente era potencialmente muy buena si Ronnie descartaba su idea de que Rusia era el imperio del mal y acudía a las conversaciones de Ginebra con una actitud conciliadora". ¿Quién dijo que el clima político no estaba escrito en las estrellas?
Jimmy Carter y los extraterrestres
Con destino a esas mismas estrellas que tanto obsesionaban a Reagan, fue lanzado en agosto de 1977 el Voyager II, una sonda en cuyo interior viajaba un disco conteniendo grabaciones de distintos sonidos terrestres. Intercalado entre las notas de Beethoven y alguna melodía de jazz, se incluía un mensaje de Jimmy Carter dirigiéndose a una pretendida civilización extraterrestre. Lo que muy pocos sabían es que, tiempo antes, el entonces presidente de los Estados Unidos reconocía públicamente haber visto un OVNI.

El avistamiento, que habría tenido lugar una tarde de octubre de 1969, se produjo al término de una conferencia que el futuro candidato a la Casa Blanca había pronunciado con motivo de un acto celebrado en Leary (Georgia). Junto a una docena de testigos que le acompañaban, Carter divisó un misterioso objeto brillante en forma de disco, del tamaño visible de la Luna y que variaba su tonalidad del azul al rojo. El objeto se mantuvo flotando durante algo más de diez minutos en el cielo hasta desaparecer en el horizonte. Adquiriendo calibre político, y atendiendo la demanda de una transparencia informativa, aquel incidente quedaría reflejado dentro de su programa electoral. En una entrevista concedida al National Enquirer en la primavera de 1976, Carter, licenciado en Física Nuclear, declaró: "Estoy convencido de que los OVNIs existen porque he visto uno… Si llego a ser presidente haré que toda la información que se tenga sobre avistamientos OVNI sea puesta a disposición del público". Pero igual que ocurre con las promesas electorales, la desclasificación informativa tan ansiada por los ufólogos quedó relegada en el olvido.

Su predecesor en el cargo, Gerald Ford, también interesado por los OVNIs a raíz de una oleada de avistamientos de luces sobre Michigan en 1966 –que fue replicada oficialmente atribuyendo su origen a emanaciones gaseosas de un pantano–, su acceso a la presidencia únicamente permitió que una comisión del senado generase un debate sobre el fenómeno sin desentrañar el enigma.

Se cuenta que, una vez sentado en el sillón presidencial, Carter fue presionado por la NASA para que desistiera en su petición. Incluso se desacreditó su testimonio alegando que éste había confundido Venus con un OVNI. Para los defensores de la tesis conspiracionista, fueron los servicios de inteligencia quienes, al igual que ocurriera con Ford y Reagan, le convencieron de la necesidad de ocultar unos expedientes cuyo contenido debía ser mantenido en secreto para evitar una alarma social. ¿Olvidó Carter su promesa tras recibir el acoso de los Men in Black?

Los fantasmas las prefieren guapas
Acoso, no sólo por parte de la prensa, sino también de los espectros y fantasmas que rondan el más allá, es el que han denunciado más de una vez actrices, modelos y cantantes. Algunos casos han llegado hasta extremos como el protagonizado por Claudia Schiffer, que en la primavera del 2003, decidió contratar los servicios de una médium cazafantasmas. Tras sufrir un percance en automóvil, la top model atribuyó su racha de mala suerte a la maldición que, al parecer, flotaba en el inmueble –con fama de encantado–, que había adquirido meses antes en Suffolk (Gran Bretaña). Según publicaba la revista Vogue, la alemana ya había sido advertida por una sociedad de psíquicos británicos de la presencia de una mujer fantasma que, con hábitos de monja y conocida como "Penélope", rondaba por las noches en el interior de su mansión.

No conforme con seducir mortales, la erótica de Kylie Minogue también despierta pasiones en el más allá. Según publicaba en marzo de 2004 la revista inglesa The Face, la australiana mantenía su idilio con Michael Hutchence, ex líder del grupo INXS quien, desde que falleciera a finales de 1997 como consecuencia de una sobredosis de droga, la visita en su alcoba casi todas las noches. Emulando a Patrick Swayze y Demi Moore en Ghost, la cantante reconocía sentirse acariciada por el fantasma de su ex amante, que supuestamente se manifestaba sin pudor alguno por frenar sus lúbricos deseos. Menos romántica es la historia de la actriz Kim Novak de quien, se dice, sufrió el acoso de un espectro durante el rodaje de una película en 1965.

Sharon Stone también asegura haber contactado con sus seres queridos que se encuentran en el "otro barrio". En octubre de 2001, y durante una delicada operación en la que fue intervenida de una isquemia cerebral, la protagonista de Instinto Básico tuvo una experiencia cercana a la muerte –ECM–. Según el semanario Paris-Match, vislumbrando la clásica "luz blanca" que delimita la frontera con el otro lado, pudo ver a su madre ya fallecida y escuchar las voces de sus dos hijos, perdidos en el embarazo, animándola para que "regresara". La experiencia contribuiría a un "despertar de conciencia" en la actriz, orientándola en el autoconocimiento y la ayuda al prójimo. Casi dos años después, y como resultado de esa búsqueda espiritual, su esposo Phil Bronstein, director del San Francisco Chronicle solicitó la separación por "incompatibilidad de caracteres".

Pero Claudia Schiffer o Sharon Stone no son las únicas bellezas que no se ruborizan confesando sus experiencias paranormales; la brillante actriz Halle Berry también cree en el más allá. En su visita a España en febrero de 2004, y durante la rueda de prensa previa al estreno de Gothica, comentó que tanto ella como otros actores notaron la presencia de espíritus durante el rodaje de algunas escenas que tuvieron lugar en una vieja prisión "maldita" en cuyas celdas se habrían cometido cruentos crímenes. Dispersando temores, y para exorcizar los "egregores" desencadenados por estos sucesos trágicos, el equipo técnico recurría a los chistes y la risa fácil. ¿Harían uso también de la "risa enlatada" tan habitual en las telecomedias?

Einstein, ¿Nobel en parapsicología?
Legitimando la existencia de este tipo de fenómenos extraños, hay quienes mencionan, junto a William Crookes o Charles Richet, a Albert Einstein como si hubiera sido un firme defensor de la parapsicología. Entre videntes, astrólogos y "parapsicólogos" de "serie B", se extiende la idea de que el célebre físico judío comulgaba en todo lo relacionado con lo paranormal. Esta creencia tiene su origen en el prólogo que el Nobel se dignó a escribir para el clásico Mental Radio de Upton Sinclair en 1930. En dicha introducción, Einstein alababa las investigaciones realizadas por el autor y su esposa en el estudio de la percepción extrasensorial –PES–, aun sin considerar el origen del fenómeno. Sin deseo de polemizar, escribía: "Si de alguna manera los hechos que aquí se exponen carecen de base telepática, pero tienen su origen en cierta influencia hipnótica inconsciente entre dos personas, eso también sería de un gran interés psicológico". ¿Creía el genio del siglo XX en la Parapsicología? La cuestión, que divide a creyentes y escépticos por agenciarse en sus filas al premio Nobel, no queda del todo zanjada en la correspondencia que éste mantuvo en 1946 con Jan Ehrenwald, psicoanalista y parapsicólogo, en respuesta a la solicitud de prologar su obra sobre PES. En dicha epístola, publicada por el escéptico Martin Gardner en el Skeptical Inquirer a finales de los setenta, Einstein confiesa que escribió el prefacio del libro de Sinclair por amistad personal y sin revelar su "falta de convicción". En contra de quienes sugieren un coqueteo con lo desconocido, y reconociéndose lego en la materia, el científico expresaba: "Jamás he tenido ninguna experiencia que arroje luz alguna sobre la posibilidad de comunicación entre dos seres humanos que no estuviera basada en procesos mentales normales".

No obstante, y a diferencia de la estrechez de miras que abandera el escepticismo, el genio se manifesta ba muy interesado en el estudio de la fenomenología paranormal: "En cualquier caso –escribía-, me parece que no tenemos derecho, desde un punto de vista físico, a negar a priori la posibilidad de la existencia de la telepatía". Respondiendo a la actitud dogmática de quienes niegan por sistema, Einstein sugirió que "de cara a ese tipo de negaciones los fundamentos de nuestra ciencia son demasiado inseguros e incompletos (…). No conviene recorrer el mundo con las anteojeras puestas".

El mago ¿negro?
De risa debió ser el contrato que el "rey del pop" firmó con un brujo africano para que, a través del vudú, arrojase una maldición que acabara con la vida, ni mas ni menos, que de Steven Spielberg. Según la revista Vanity Fair, en la ceremonia, que incluyó un baño en sangre para cambiar el color del artista, tuvieron que sacrificarse cuarenta y dos vacas. El siniestro ritual, que pudo haberse celebrado en Suiza durante el 2001, perseguía eliminar al célebre productor y cineasta así como a otros veinticuatro "vips" a quienes Jackson consideraba enemigos, y entre los que destacaba David Geffen, magnate de la discográfica Dreamworks. Todo ello al módico precio de 150.000 euros. Cosas de los artistas… o
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