Parapsicología

Los espías psíquicos del Ejército británico

La posibilidad de descubrir determinados objetivos militares, nuevos modelos de armas y planes secretos, así como encontrar a terroristas, probablemente animaron al Ministerio de Defensa (MD) británico a poner en marcha un programa de investigación psíquica con la ayuda de voluntarios.

20 de Enero de 2015 (12:42 CET)

Los espías psíquicos del Ejército británico
Los espías psíquicos del Ejército británico

El Ministerio de Defensa (MD) británico intentó reclutar a doce videntes conocidos, que se anunciaban en Internet. Sin embargo, todos ellos rehusaron la propuesta y entonces se decidió recurrir a voluntarios «novicios». Los sujetos que participaron en el experimento debían visualizar con los ojos tapados las imágenes de objetos y fotografías de personajes públicos que estaban guardadas en sobres lacrados. Un experimento «fallido» El informe del experimento, desclasificado en febrero de 2007 bajo la Ley de Libertad de Información –y que es, por tanto, accesible a todo aquel que desee consultarlo– ha mostrado que sólo el 28% de los sujetos participantes consiguieron adivinar correctamente los contenidos de los sobres, entre los que figuraban imágenes de la Madre Teresa de Calcuta, un cuchillo y un individuo asiático. El 72% restante apenas acertó. Así pues, los jefes de defensa llegaron a la conclusión de que el empleo de los poderes psíquicos de dichas personas era de escaso valor para la defensa de la nación y la investigación se dio por terminada. Tras procederse a la desclasificación, la portavoz del MD dijo que «este estudio de visión remota se llevó a cabo para evaluar las afirmaciones hechas en algunos círculos académicos y para validar la investigación llevada a cabo por otros países sobre esta habilidad psíquica». Con esta explicación, el MD justificaba la inversión de 18.000 libras esterlinas procedentes de los impuestos de los contribuyentes.

Sin embargo, el experimento ha suscitado todo tipo de críticas, aunque Nick Pope, director del citado programa de investigación y antiguo funcionario del MD durante 21 años, no lo considera un despilfarro: «No creo que sea una pérdida de dinero público. Muchas personas pensarán que sí, pero creo que es fantástico que el Gobierno se plantee investigaciones que rompen sus esquemas». Lo que Pope sí ha cuestionado es la finalidad de dichas investigaciones: «Sólo podemos hacer conjeturas, pero no se dedica tanto tiempo y esfuerzo para encontrar dinero debajo del colchón. Eso sólo se hace con fines muy importantes. Seguro que intentaban buscar a Bin Laden y armas de destrucción masiva». Habida cuenta de que el Ministerio se ha negado a discutir las posibles aplicaciones de las técnicas psíquicas y que la investigación se inició en noviembre de 2001, año de la invasión de Afganistán y exactamente cuando Bin Laden consiguió eludir a sus perseguidores dejando en evidencia a los servicios de inteligencia británicos y norteamericanos, es posible que haya mucho de verdad en las palabras de Pope. También Matthew Taylor sugería algo similar en el periódico The Guardian el 4 de febrero de 2007: «Los militares han estado realizando pruebas secretas para descubrir si los soldados británicos pueden ser entrenados para utilizar sus poderes psíquicos. Posiblemente para localizar almacenes con armas escondidas o para descubrir el escondite de Osama Bin Laden».

Espionaje militar

Los pésimos resultados obtenidos tras este experimento británico dan a entender que la «visión remota» es una entelequia. Sin embargo, experimentos de estas características realizados hace décadas en los EE UU resultaron en éxito. Para comprobarlo no hay más que revisar tanto la literatura científica que hay sobre la visión remota como las aplicaciones que los norteamericanos hicieron de ella. La idea de utilizar «espías psíquicos» no es reciente, ni mucho menos. Antes de este experimento fallido, los británicos habían pensado en esta posibilidad a raíz de los experimentos psíquicos con el dotado francés Alexis Didier sobre los cuales había escrito el reverendo Chauncey H. Townshend en The Zoist (1851), la publicación londinense más famosa sobre hipnotismo que seguían todos los profesionales interesados en tales fenómenos y en la mente humana. Los británicos «fantasearon» entonces si décadas atrás Napoleón no habría recurrido a los servicios de dotados como Didier para espiar sus secretos. Aquella fantasía se hizo realidad en los Estados Unidos siglo y medio siglo después, durante la Guerra Fría. La CIA se encargó de reclutar reconocidos clarividentes con la esperanza de que podrían obtener informaciones sobre lugares soviéticos ultrasecretos.

Los experimentos se iniciaron en 1972 en el Stanford Research Institute y fueron dirigidos por Russell Targ y Harold Puthoff. Tras cientos de experimentos concluyeron que la visión remota es una experiencia psíquica que se manifiesta de forma natural en muchas personas y sobre todo que la mayoría de los individuos entrenados a «ver a distancia» –aunque no poseyeran habilidad o experiencia previa– eran capaces de «ir» a un lugar y describir con exactitud edificios, personas, rasgos geográficos y actividades. Al principio trabajaron con algunos dotados como el pintor Ingo Swann y Pat Price, quienes demostraron su capacidad para describir cualquier objeto o escenario distante. A Price, por ejemplo, le solicitaron que se «situara en espíritu» en un enclave militar ultrasecreto. No se le facilitaron referencias cartográficas; sólo le dijeron que se trataba de un sitio soviético de gran interés para los analistas. El vidente se concentró y al cabo de pocos minutos percibió un complejo de edificios, bajo el tejado de un inmueble en construcción con una grúa gigante montada sobre un tren. Dibujó el lugar y después las fotos satélites confirmaron la presencia de una grúa montada sobre raíles, muy parecida a la dibujada por Price, en Semipalatinsk (Kazakstán) donde existía una instalación nuclear secreta.

Lo más importante, sin embargo, fue la descripción del interior de uno de los edificios donde se encontraba una esfera metálica gigante de 20 metros de diámetro. Nadie del servicio secreto americano tenía noticia de semejante estructura. Tres años después se confirmó la existencia de dicha esfera, cuya descripción se publicó en la publicación Aviation Week. Proyectos como Sunstreak, Stargate o Grill Flame arrojaron resultados sumamente interesantes desde el punto de vista de la parapsicología, aunque fueran insuficientemente fiables para aplicaciones militares. Además de los citados, entre los videntes que participaron en dichos proyectos cabe destacar a Paul H. Smith, Lyn Buchanan, Mel Riley, F. H. Skip Atwater (que fue presidente del Instituto Monroe donde dirige programas de experiencias extracorpóreas) y Joe McMoneagle. Este último fue agente de los servicios secretos y descubrió sus dotes clarividentes a raíz de una experiencia cercana a la muerte. Pronto ofreció sus dotes a la CIA, la NASA y el FBI. Los éxitos que obtuvo en diferentes misiones de recuperación de rehenes le valieron varias condecoraciones. Su trabajo en Stargate fue excepcional: participó con éxito en cerca de 200 misiones supervisadas por Edwin May. Las pruebas se realizaban bajo un control estricto, pero la precisión de las visiones remotas de McMoneagle no dejaban duda sobre su habilidad (ver recuadro). La CIA dejó de financiar los programas de visión remota en 1995, pero lo motivos no están claros. La información al respecto todavía no se ha desclasificado.

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