Parapsicología

Los expedientes del purgatorio

Si usted es de las pocas personas que todavía muestran incredulidad cuando oye una historia de fantasmas, aquí le ofrecemos algunos testimonios que debilitarán su existencia. Aunque siempre será mejor poner en duda estos relatos que convencerse de su autenticidad siendo protagonista de uno de ellos…

1 de Marzo de 2005 (00:00 CET)

Los expedientes del purgatorio
Los expedientes del purgatorio
Antigua Capilla de la Virgen del Rosario (Roma). Mañana del 15 de noviembre de 1897. La luz de un pequeño quinqué pestañea haciendo resplandecer las aureolas de una cadena de ángeles que rodea la imagen de la madonna y el niño Jesús. Fray Domenico y Santa Caterina flanquean una virgen de blanco espectral, cuyo semblante parpadea sonrojándose tímidamente. De repente, se oye un ruido y una acuarela de luminosidad termina bañando cada una de las esquinas del retablo. Las imágenes se tornan etéreas tras la cortina de humo mientras el mudo coro celestial es eclipsado por el crepitar de unas llamas que danzan, irrespetuosas con lo sagrado, acariciando el tierno rostro del niño. Una ráfaga de aire debe haber empujado la lámpara prendiendo los paños que cubren el altar…
Sofocado el incendio, sobre la tabla calcinada de una de las columnas de madera, el fuego ha querido dibujar la caprichosa figura de un siniestro rostro de rasgos inquietantes. Para el padre Jouët, vicario de la iglesia, no hay ninguna duda: es la manifestación de un espíritu del purgatorio que no ha logrado su descanso eterno. A continuación, asperjando el altar con agua bendita, comienza a oficiar un exorcismo: "Et ne nos inducas in tentationem. Sed libera nos a malo. Amen".

¿Una señal del purgatorio?
Sobre el emplazamiento de aquella antigua capilla, se alza hoy la Iglesia del Sagrado Corazón del Sufragio, un bellísimo templo construido bajo la influencia del gótico francés. La nostalgia de catedrales como la de Notre Dame, cuya contemplación debió elevar hasta el éxtasis místico al padre Victori Jouët (1839-1912) en sus primeros años de juventud, terminaría brotando frente a uno de los márgenes del río Tíber, cinco años después de su muerte. En el acceso al sagrario, una efigie en mármol recuerda la figura de este añorado e inefable sacerdote que, impulsado por la curiosidad que despertó en él la inquietante imagen dibujada sobre la madera tras el fortuito incendio, partió en busca de más pruebas materiales con las que arropar la fe de su feligresía, atravesando ciudades de Italia, Francia, Bélgica y Alemania.

Así nació el "Pequeño Museo de las Ánimas del Purgatorio": un auténtico archivo de "expedientes X" que atesora algunas de las mejores evidencias sobre pretendidas manifestaciones extraordinarias atribuibles a espíritus del más allá, recogidas, en su mayoría, a partir del testimonio piadoso de hombres y mujeres consagrados a la vida religiosa. Las pruebas reunidas nos confirman lo que la tradición cristiana asegura: que existe un purgatorio cuyas calderas se encienden para chamuscar a las infortunadas ánimas que desencarnan repentinamente y sin tiempo para saldar sus deudas pendientes a través del sacramento de la confesión.

El dogma del purgatorio, tránsito situado entre cielo e infierno que sirve para limpiar las almas de quienes en vida no hicieron méritos suficientes, ni para precipitarse en las calderas del fuego eterno ni para elevarse directamente hasta el paraíso celestial, se incorporó a la tradición católica alrededor del siglo XIII. Tal creencia tiene su origen en la temporalidad que los primeros cristianos atribuían al infierno, el cual, antes de convertirse en suplicio de castigo eterno, solamente se consideraba lugar de visita temporal –véase "El purgatorio: reservado el derecho de admisión", en ENIGMAS núm. 47–.

Entre los casos que se ilustran en los expedientes conservados en dicho museo, hallamos testimonios plagados de fenómenos que harían las delicias de cualquier aficionado a la parapsicología: desde apariciones espectrales hasta materializaciones imposibles o aportes, pasando por formaciones de teleplastias e improntas dejadas por inexplicables combustiones espontáneas. A medio camino entre la leyenda y la realidad, lo cierto es que ninguna de estas historias deja a nadie indiferente.

Fantasmas que incordian por la noche
Uno de los casos más sobrecogedores es el relato de la aparición del espíritu en pena de una monja en el monasterio de Santa Clara del Niño Jesús en Bastia, en Perugia (Italia), la misma noche de su muerte el 5 de junio de 1894. Sufriendo el calvario de dos años de lenta agonía como consecuencia de una grave enfermedad, el fantasma de Sor María de San Luis, rodeado de una densa niebla, se apareció a una de sus hermanas clarisas cuando ésta dormía en su camastro. Le manifestó que su alma se encontraba en el purgatorio, después de que en vida hubiera deseado una rápida muerte que acortase su sufrimiento, por lo que suplicaba oraciones que abreviasen su atormentada estancia en el más allá. Testimoniando que su aparición no había sido un sueño, sobre la funda de la almohada dejó la impronta de una marca de fuego.

Y es que los fantasmas, religiosos o no, parecen tener especial predilección por aparecerse a altas horas de la noche, perturbando así el sueño de quienes se convierten en improvisados testigos de sus manifestaciones. Para despejar cualquier duda de que no se trata de meras ensoñaciones o producto de la imaginación, en alguna ocasión han dejado su rastro, marcando con fuego alguna prenda u objeto. Así ocurrió en Ducey (Francia) en 1875, cuando el espectro de Luisa Le Sénèchal se le apareció una noche a su marido. Para que al despertar a la mañana siguiente no albergara dudas de su presencia, dejó varias improntas de fuego sobre su gorrito de noche. Ni más ni menos…
Otro de los casos reseñados en los expedientes que se conservan en los archivos de esta iglesia acaeció en la diócesis de Metz, aproximadamente en el año 1845. Bajando los peldaños de una escalera que daba acceso al granero de una hacienda, el fantasma de una mujer de mirada triste y rostro afligido se apareció a Margarita Demmerlé. El espectro miró a la aturdida joven como si quisiera comunicarse con ella, pero ésta ya había salido corriendo como alma que lleva el diablo. Aconsejada por el sacerdote para que escuchase lo que el espectro pudiera decirle, Margaret acudió la noche siguiente hasta el granero de la finca. Volvió entonces a aparecerse el supuesto espíritu de la mujer que, con voz lastimera, se presentó como su suegra, pese a que ésta había fallecido treinta años atrás, justo después de dar a luz al bebé que con el tiempo se convertiría en su esposo. Como quiera que todavía se hallaba en pena, solicitó a su nuera que peregrinase hasta un determinado santuario y encargase oficiar dos misas por el descanso de su alma. Cumplió su deseo, tras lo cual, y en claro agradecimiento, volvió a aparecerse el supuesto espectro.

Epidemias de teleplastias
En la literatura parapsicológica es frecuente que la aparición de las denominadas teleplastias esté asociada a un contexto de imaginería religiosa. En uno de los primeros casos referenciados, datado en 1872, aparecieron inexplicablemente, sobre las vidrieras de las ventanas de varias viviendas de en la localidad alemana de Lichtemberg (Baden) y en otras pequeñas poblaciones próximas, formaciones pictóricas que dibujaban cruces y cráneos perfectamente definidos sobre el cristal.

Otra "epidemia de cruces" se reprodujo en varias localidades de California y Florida (Estados Unidos) casi un siglo después, en 1971. Todo comenzó en agosto de aquel año, cuando un periódico de Los Ángeles se hacía eco de la aparición de una cruz resplandeciente en la iglesia de un barrio de inmigrantes negros. Durante las siguientes semanas se registraron otros casos similares en diversas parroquias. La imagen más notable se produjo en la iglesia de Paxon Revival Center en Jacksonville (Florida), donde los testigos pudieron ver una enorme cruz en cuyos extremos transversales se apreciaban manos extendidas.

El fenómeno generó un auténtico estado de psicosis, como el desatado en el barrio neoyorquino del Bronx, donde la aparición de una cruz en la ventana exterior de un cuarto de baño se consideró como una señal que advertía del castigo que esperaba a los delincuentes callejeros. Uno de los testigos aseguró que la inexplicable imagen había sido vaticinada por el profeta Jeremías, según se desprende de un capítulo del Antiguo Testamento: "Pues la muerte ha subido por nuestras ventanas, se ha entrado en nuestras casas, y ha hecho tal estrago, que ya no se verán niños ni jóvenes por las calles".

Tanto en este caso como en el anterior, los escépticos barajaron la posibilidad de que aquellas misteriosas formaciones fueran producto de caprichosas refracciones de luz. Una explicación que nunca resultó completamente satisfactoria.

Teleplastias… ¿por la gracia de Dios?
Cruces y rostros que recuerdan el piadoso semblante de Cristo suelen ser imágenes habituales entre las manifestaciones teleplásticas. La plasmación de este tipo de "faces divinas" se situaría dentro del contexto de una larga tradición cuyo origen podría remontarse a la leyenda del lienzo de la Verónica, sobre el que quedó impreso el rostro de Cristo, y cuyo relato se menciona en el siglo XII. Desde entonces, y hasta nuestros días, son varios los casos testimoniados de imágenes cuya formación se atribuye a causas sobrenaturales. En Bélmez, por ejemplo, y entre las caras que se registraron en los primeros años del fenómeno, allá por los años setenta, apareció una que muchos identificaron con el Santo Señor de la Vida, estampa venerada en dicha aldea. Véase al respecto el libro Las Caras de la discordia –Nowtilus, 2004–.

Pero hay más casos. Por ejemplo, en el muro de la iglesia del Inmaculado Corazón de María de Holman, en Nuevo México (Estados Unidos), en mayo de 1975, apareció la figura de un Cristo en el que se perfilaban sus facciones y hombros. Otro caso ilustrado en la casuística parapsicológica acaeció en una iglesia de Nassau, en las islas Bahamas, en enero de 1963, donde apareció una teleplastia visible durante varios días que recordaba la faz de Cristo. No conviene olvidar que los lugares de culto religioso suelen ser escenarios habituales para la manifestación de este tipo de fenómenos.

Parapsicología frente a religión
Por citar otro ejemplo, a comienzos de los noventa, quien escribe estas líneas fue improvisado testigo de la formación de una teleplastia sobre la superficie de una escultura erigida en la tumba jienense del célebre curandero Santo Manuel. Ante la estupefacta mirada de una decena de boquiabiertos testigos, la imagen fue perfilando sus rasgos paulatinamente hasta dibujar la nítida estampa de un Cristo muy similar al rostro que aparece en la Sábana Santa de Turín. Muy pocos minutos después, la imagen desapareció…
Sobre las causas que generan este tipo de manifestaciones se han formulado las más diversas hipótesis. Para los parapsicólogos, cuya ortodoxia científica les impide aceptar una dimensión trascendente, serían facultades psíquicas latentes en el inconsciente del ser humano las que originan esta fenomenología. Esperanzados en que nuestra existencia perdure en un más allá, hay quienes prefieren interpretar estos hechos como una prueba a favor de la presencia de otros planos sutiles desde los cuales nos visitarían los espíritus de seres difuntos. En medio de ambas posturas se sitúan quienes conceden a la psique de los testigos un papel "catalizador" de unos fenómenos cuya auténtica naturaleza desconocemos. o
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