Parapsicología

Los fantasmas del Reina Sofía

Ascensores que se ponen en funcionamiento solos, figuras fantasmales de extrañas monjas, denuncias ante diferentes instancias por fenómenos paranormales… El Museo Reina Sofía parece albergar algo más que obras de arte…

1 de Septiembre de 2006 (00:00 CET)

Los fantasmas del Reina Sofía
Los fantasmas del Reina Sofía
El rotativo Diario 16 publicó la noticia en exclusiva el 21 de abril de 1995. Bajo el titular "Los fantasmas del Reina Sofía", Álvaro Gariño, redactor del periódico, divulgaba, con todo tipo de detalles, un informe en el que se recogía un extenso número de testimonios sobre presencias de entes y todo tipo de fenómenos extraños en las salas y pasillos de la pinacoteca madrileña. Salían de esta forma a la luz pública los diferentes sucesos inexplicables, así como las investigaciones paranormales –con el permiso de la dirección de la institución– que se estaban desarrollando en dicho museo.

En este célebre edificio madrileño tuvo lugar toda una serie de extraños incidentes que fueron investigados por el grupo Hepta. Un estudio que se puso en marcha a petición del antiguo director del centro, José Guirao, debido a las diferentes quejas y denuncias de empleados que experimentaron estupefactos distintos sucesos anómalos. Según las informaciones, varios empleados de seguridad llevaban tiempo afirmando, como así dejaron patente en sus informes a los mandos superiores, que en el interior del edificio acaecían hechos fuera de toda lógica.

Durante las rondas nocturnas, los miembros de seguridad reflejaron en sus partes cómo los ascensores se ponían en marcha solos, aunque estuvieran desconectados. Las puertas cerradas con llave se abrían repentinamente por una fuerza invisible. Se escuchaban ruidos y sonidos –muchas veces de pasos por los corredores–. Y lo más sobrecogedor: varios vigilantes pudieron observar al parecer una procesión de monjas deambulando por las estancias.

El hospital del terror
Presuntamente fuerzas del más allá podían estar produciendo estos episodios. No en vano, las antiguas dependencias del hospital San Carlos ya habían acaparado la atención de los medios de comunicación por sucesos enigmáticos. Prueba de ello son algunas viejas crónicas, como la publicada por el periódico Ilustración Española y Americana: "Los enfermos se asoman por las ventanas del hospital cuando atardece para tomar el aire, y descubren sus rostros amarillentos, algunos casi moribundos; rostros empalidecidos por la enfermedad o quién sabe si por el sufrimiento de pernoctar en un edificio donde suelen ocurrir cosas extrañas nunca explicables, apariciones y ruidos fantasmales, según se quejan los propios enfermos".

Un lugar marcado desde antaño por el dolor y la tragedia. Su construcción, ordenada por el monarca Carlos III, fue llevada a cabo por el ingeniero José Hermosilla y finalizada por Francisco Sabatini a finales del siglo XVIII. El lugar elegido ya atesora un halo truculento. En el conocido como "atochar" o "el olivar de Atocha" ya existía un albergue–hospital donde se enterraba a los más pobres. Hasta mediados de siglo albergó las dependencias del hospital San Carlos, un centro de salud en el que se conjugaban la sanidad y el estudio de la medicina. Entre aquellas paredes, noveles aprendices de la medicina realizaron miles de autopsias.

Con la llegada de la Guerra Civil española el edificio de Sabatini se transformó en "hospital de sangre". Los cadáveres se amontonaban por cientos entre los tiroteados muros del inmueble. Un lugar donde se torturó y ejecutó a presos de la contienda. Tras la guerra entre las dos Españas el lugar se reabrió bajo el nombre de Hospital General de Madrid y su particular crónica negra terminó en 1965. El silencio se adueño así de sus habitaciones, pasillos y morgues. Por las estancias solamente se escuchaba el maullar de los cientos de gatos que ocupaban el lugar. Fue un tiempo en el que aumentó la superstición sobre el edificio.

Leyendas y rumores fantasmales cobraron un inusitado protagonismo cuando se iniciaron las obras de restauración y remodelación del edificio con el objetivo de albergar el actual museo. Los obreros denunciaron diferentes encuentros con lo imposible… pero nadie les hizo caso.

Hepta investiga
Tras la inauguración del Museo Reina Sofía en 1986, los empleados de seguridad, de limpieza y personal administrativo comenzaron a ser testigos de diferentes experiencias de difícil explicación. Figuras errantes paseaban por las estancias o aparecían estáticas por el patio interior, por las noches, sin que nadie hubiese en su interior. Se escuchaban tintineos como de campanillas y ecos de pasos en el recinto…
El cúmulo de extrañas circunstancias motivó que la dirección del centro accediera a que un grupo de expertos en fenómenos paranormales pasara una noche en el edificio en busca de una respuesta. Fue así como el equipo Hepta, compuesto por el sacerdote José María Pilón, la periodista Sol Blanco Soler y la psíquica Paloma Navarrete, acudió por primera vez al museo en el año 1992. "La primera vez –detallaba la investigadora Sol Blanco Soler– acudimos porque el cuerpo de seguridad estaba preocupado porque los ascensores se ponían en marcha solos por la noches y eso les obligaba a hacer rondas continuas, temiendo que alguien se hubiera colado en el interior. Aquella primera vez pudimos comprobar cómo efectivamente ocurría aquello sin explicación alguna. Los físicos del grupo fueron a comprobar la sala de máquinas, y los ascensores estaban desconectados".

Aquella noche los miembros del grupo midieron los campos electromagnéticos en busca de cualquier anomalía, realizaron análisis radiestésicos que mostraran alguna pesquisa, barridos fotográficos para intentar captar lo imposible a través de los objetivos e, incluso, celebraron varias sesiones de oui-ja para intentar profundizar en alguna explicación trascendental.
"Hicimos lo que hacemos siempre. Barridos fotográficos, mediciones de campo, etc. Pudimos ver en la primera ocasión muy pocos fenómenos. En las instantáneas captamos globos de luz de una tonalidad verdosa. Realmente, durante la primera investigación en 1992 sólo pudimos comprobar el fenómeno de los ascensores", nos comentó Blanco Soler.

Sus primeras conclusiones confirmaron la realidad de los fenómenos inexplicables. Tres años más tarde, y estando José Guirao como director del Reina Sofía, los especialistas volvieron a la pinacoteca. Durante aquella última noche de investigación, avalada por la dirección del museo, se produjeron las experiencias y fenómenos más sobrecogedores…
"Escuché –recordaba Paloma Navarrete– en la primera planta, por los corredores, el ruido de los rosarios de las monjas que vivieron allí. Eran hermanas de la caridad y llevaban unos rosarios muy grandes. Escuchaba realmente el ruido de éstos. Pero la sensación más terrible fue cuando entré en una sala circular de la planta baja y observé a varios hombres maniatados y esposados a la pared. Pude ver como uno de ellos se lanzaba contra otro y le daba un mordisco en la cara".

Durante las inspecciones al edificio los especialistas fueron acompañados por miembros de seguridad y, con ellos como testigos, se desarrollaron nuevos incidentes fantasmales.
"Pasamos al lado de una pared y le comenté al jefe de seguridad: ';¡Aquí hay muertos!'. Me preguntó que cómo lo podía saber. ';Porque los estoy viendo asomados por encima de esta plancha de pladur', le dije. Estaba viendo a tres figuras: dos hombres y una mujer. Después, para comprobar si había algo allí, cortamos el pladur y descubrimos que había tres lápidas", nos explicó también Paloma Navarrete.

Las conclusiones de la investigación dejaban abierto el caso a nuevos exámenes de dichas experiencias. Pero hasta el momento nadie ha podido volver a investigar la enigmática fenomenología que supuestamente se produce en el Reina Sofía. Ni siquiera se permite la grabación de reportaje alguno en su interior. Un gran mutismo se extiende entre los protagonistas. El misterio sigue abierto rodeado de una fuerte e incomprensible censura oficial…
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