Parapsicología

La señora Z y la realidad de los viajes astrales

Conocida como "señora Z", esta mujer se sometió a numerosos experimentos científicos, demostrando que hacía viajes astrales mientras dormía.

Miguel Pedrero

4 de Diciembre de 2019 (13:00 CET)

La señora Z y la realidad de los viajes astrales
La señora Z y la realidad de los viajes astrales

En 1968, el científico Charles Tart –que fue una de las cabezas visibles del proyecto de visión remota de la CIA– conoció a una mujer que decía tener la capacidad de realizar viajes astrales durante el sueño. El psicólogo le pidió que cortase un folio en diez trozos, escribiese en cada papel una cifra del uno al diez y los metiese dentro de una caja que debía colocar en su mesilla de noche. Más tarde, al acostarse, tenía que coger un trozo al azar y ponerlo sobre la mesilla sin mirarlo. Si esa madrugada experimentaba una EFC, la "señora Z" debía ascender hasta el techo y ver la cifra escrita en el papel.

Una semana después, la mujer llamó al científico para decirle que había acertado en siete de las siete ocasiones, de modo que éste decidió llevar a cabo una serie de ensayos en toda regla. Convenció a la protagonista –que en sus trabajos denomina «señora Z»– para que durmiera durante varias noches en el laboratorio del Instituto de Investigaciones de Stanford (SRI). Tart registraba las ondas cerebrales de la viajera astral mediante un electroencefalograma, para distinguir los estados de vigilia, semisueño y los cuatro principales del sueño. 

Resultados sorprendentes

También midió con un pequeño indicador de presión adherido a uno de los ojos de Z los movimientos oculares rápidos (REM por sus siglas en inglés), que suelen acompañar a la primera fase del sueño, donde en general tienen lugar las experiencias oníricas. Lo mismo hizo con la resistencia eléctrica de la piel –medida vinculada a la actividad del sistema nervioso autónomo– mediante unos electrodos colocados  en el antebrazo y en la palma de su mano derecha, además de controlar el ritmo cardíaco y la presión sanguínea. 

Cada noche, después de que la mujer se acostase, Tart abría un cajón que contenía un libro con un millón de números aleatorios, elegía una página al azar y lanzaba una moneda sobre la misma. Se fijaba en los cinco primeros dígitos ubicados justo encima de la cifra señalada por la moneda, los escribía en un papel que introducía dentro de un recipiente opaco, entraba en el cuarto donde se encontraba descansando la señora Z y colocaba el papel con la cifra en un estante situado a 1,80 metros del suelo. Los investigadores estaban observando continuamente a la mujer, evitando así que se levantara para ver el papel.

Acertó el dígito, que era el 25.132, ante la sorpresa de los científicos

La señora Z jamás se incorporó de la cama y en las cuatro noches que durmió en el laboratorio refirió tres experiencias extracorpóreas, en una de las cuales dijo haber sido capaz de contemplar la cifra, que recordaba perfectamente. Cuando se despertó, y sin levantarse del lecho, se comunicó con los investigadores por un interfono para decirles que el dígito era 25.132. ¡Había acertado de pleno!

Pautas cerebrales similares

Curiosamente, en las noches que Z dijo haber experimentado una EFC, su electroencefalograma marcaba una actividad cerebral anómala. Durante la llamada fase 1, que suele dar lugar a la entrada en el sueño y a las experiencias oníricas, los registros indicaron una ausencia de actividad REM, circunstancia del todo inusual. 

Stanley Krippner, profesor de Psicología en la Universidad de Saybrook, en Oakland (California, EE. UU.), llevó a cabo un experimento muy similar en 1996 con un individuo que aseguraba protagonizar experiencias extracorpóreas esporádicas. Durante las cuatro noches que permaneció en el laboratorio, dormía en una habitación en la que había un estante situado cerca del techo. Krippner colocaba allí una lámina perteneciente a una obra de arte con la esperanza de que el sujeto lograra describirla.

En la única ocasión que refirió una EFC, hizo una descripción más que precisa del viaje astral. Curiosamente su electroencefalograma mostraba unas pautas muy similares a las de la señora Z. 

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Comentarios (1)

María Hace 28 días
Deberían eliminar este artículo. El experimento de Charles Tart fue descartado como válido al probarse que la mujer se levantó durante el experimento y vio el número mientras el doctor Tart descansaba, además de que no se filmó el experimento, ni hubo supervisión constante en el sujeto.

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Portada Año Cero Enero 2020

Nº 354, Enero de 2019

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