Hechos paranormales

Un viaje al Más Allá en el siglo VIII

Un monje del siglo VIII escribió una crónica en la que narró el viaje al Más Allá protagonizado por un acaudalado ciudadano llamado Drythelm.

Miguel Pedrero

5 de Febrero de 2020 (16:45 CET)

Un viaje al Más Allá en el siglo VIII
Un viaje al Más Allá en el siglo VIII

Un monje anglosajón conocido como Beda el Venerable escribió en una crónica de un viaje desde el Más Allá fechada en el siglo VIII la experiencia de un ciudadano llamado Drythelm. A causa de una grave enfermedad lo dieron por muerto, pero al día siguiente, cuando sus familiares lloraban ante su cuerpo, éste recobró la conciencia, levantándose del lecho. 

Una vez recuperados del susto, Drythelm narró a los presentes que recordaba la aparición de «un hombre de semblante luminoso y vestimenta brillante», junto al que caminó en completo silencio hacia «lo que me pareció ser la dirección del sol naciente en el solsticio de verano». Esta entidad –cuyo aspecto recuerda a los seres de gran elevación espiritual que se presentan ante muchos de los modernos protagonistas de ECM– lo sacó de la oscuridad, transportándolo a «una atmósfera serena y luminosa» o, dicho de otro modo, hasta esa luminosidad que anteriormente Drythelm había contemplado a lo lejos, otra característica común en los relatos actuales de ECM.

Cambio de conciencia

El protagonista de este caso observó entonces una enorme llanura rebosante de flores que desprendían una agradable fragancia y, a continuación, ocurrió lo siguiente: «En este prado había abundantes grupos de personas vestidas de blanco, y numerosas individuos dichosos sentados a su alrededor (…) Empecé a pensar que aquello debía ser el reino de los cielos, del cual había oído hablar a menudo. Pero él (el ser luminoso que lo acompañaba) respondió a mis pensamientos con un ‘no’ (…) Cuando dejamos atrás la morada de las almas bienaventuradas, vi frente a nosotros una luz que irradiaba mucha más gracia que la anterior, y bañado por ella oí el más dulce sonido de voces cantando. Tan maravillosa era la fragancia que desprendía aquel lugar, que la esencia que había considerado antes superlativa al paladearla, me parecía ahora un olor de lo más corriente; y la asombrosa luz que brillaba sobre el campo florido, en comparación con la luz que ahora se manifestaba, resultaba débil y pálida».

Cuando dejamos atrás la morada de las almas bienaventuradas, vi frente a nosotros una luz que irradiaba mucha más gracia que la anterior, y bañado por ella oí el más dulce sonido de voces cantando

Sin embargo, como suele suceder en buena parte de los incidentes de ECM, el ser espiritual que tutelaba a Drythelm no le permitió continuar con su periplo por el Más Allá, indicándole que todavía no había llegado su momento y debía regresar a la Tierra. No sin antes advertirle de que únicamente si enmendaba sus costumbres, en el momento de su muerte definitiva se encontraría «entre los jubilosos grupos de espíritus bienaventurados». 

Un fenómeno trascendente

Según narra el monje Beda, Drythelm cambió radicalmente de vida. Repartió sus posesiones entre los suyos y se retiró a un monasterio benedictino donde llevó una existencia austera hasta el final de sus días. Esta circunstancia también es habitual en los casos de ECM recopilados por investigadores actuales. Sus protagonistas suelen desinteresarse de los aspectos materiales y se centran en hacer más felices a los que tienen a su alrededor. Además, muestran mayor empatía por los problemas y sufrimientos de sus semejantes y se convierten en individuos más solidarios. Muchos de ellos, sobre todo aquellos cuyas vidas giraban en torno al éxito profesional, la competitividad y la consecución de objetivos económicos, sufren grandes dificultades para integrarse de nuevo en sus antiguos roles. El porcentaje de divorcios es muy elevado entre aquellos que experimentan una ECM, puesto que el cambio de carácter de éstos puede generar fricciones con sus parejas. 

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