Historia oculta
27/06/2022 (13:00 CET) Actualizado: 19/07/2022 (11:12 CET)

Los banqueros de Hitler (I)

Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial, los aliados trataron de ocultar a toda costa la implicación de grandes corporaciones –principalmente estadounidenses– en el esfuerzo de guerra del ejército nazi. 'Biografía no autorizada de la segunda guerra mundial' (Obelisco), obra de la que extractamos el siguiente artículo, desvela esta y otras verdades ocultas del conflicto que asoló a medio planeta entre 1939 y 1945

27/06/2022 (13:00 CET) Actualizado: 19/07/2022 (11:12 CET)
Los banqueros de Hitler
Los banqueros de Hitler

El Tratado de Versalles impuso a la Alemania derrotada en la Primera Guerra Mundial el pago de 5.000 millones en marcos de oro en 1921 y el suministro de materias primas como hierro, zinc, carbón, barcos, madera y ganado. El territorio alemán también estaba parcialmente ocupado por los ganadores y Alemania tuvo que resignarse a perder el importante distrito industrial de la Alta Silesia. En total, se vio privado del 13% de su territorio, y aunque el Gobierno alemán trató desesperadamente de oponerse a estas duras condiciones, al final se vio obligado a doblegarse. Durante la conferencia de París del 24 al 29 de enero de 1921, los Aliados establecieron que la deuda total alemana ascendía a 226 mil millones de marcos de oro, pero después de las vivas protestas del Gobierno alemán, la suma que debía pagar se redujo a unos 132 mil millones. A pesar del recorte de la deuda, esta montaña exorbitante de dinero solo se podía pagar recurriendo a una emisión masiva de nueva moneda, que desencadenó un desastroso proceso inflacionario.

El ascenso de Hitler fue facilitado, entre otros factores, por el profundo sentido de injusticia que los alemanes sintieron a causa del Tratado de Versalles

La solicitud de los ganadores fue tan exorbitante que, en 1953, con el acuerdo de Londres sobre la deuda externa alemana, el monto de la deuda para las reparaciones de la Primera Guerra Mundial se redujo aún más para permitir que Alemania reiniciase su economía. Sin embargo, la última «entrega» de las reparaciones se resolvió el 3 de octubre de 2010, noventa y dos años después del final del conflicto. Sin el acuerdo de Londres, por otro lado, los alemanes deberían haber seguido pagando durante otros cincuenta años. El historiador Gerd Krumeich explicó que el ascenso de Adolf Hitler fue facilitado precisamente por el profundo sentido de injusticia que los alemanes sintieron a causa del Tratado de Versalles, que le dio a Alemania toda la responsabilidad de la guerra y le obligó a pagar una compensación astronómica.

EL CONFLICTO ECONÓMICO

Para empeorar las cosas, se agregó la situación económica internacional, marcada por un período deflacionario que aumentó aún más el valor real de la deuda. En esas condiciones, la rebelión del pueblo alemán y el estallido de la Segunda Guerra Mundial se hizo casi inevitable. Además, Alemania, a pesar de hacer todo lo posible para tratar de respetar los acuerdos, no pudo hacer todos los pagos y entregas de materias primas a tiempo. 

En enero de 1923, después de continuos retrasos en el cumplimiento, Bélgica y Francia ordenaron a sus tropas ocupar la región industrial del Ruhr como una forma de represalia. Fue el «golpe de gracia» para la economía, y la población alemana, humillada y exhausta, cayó en la más negra desesperación. Durante la entrada de las tropas aliadas, de hecho, cuatro ciudadanos alemanes intentaron oponerse a la confiscación de las fábricas y los soldados franceses abrieron fuego y los mataron.

Ese estado de tensión causado por los propios Aliados con la solicitud de reparaciones exorbitantes y el uso del puño de hierro llevó a Adolf Hitler a intentar el Putsch de Múnich en 1923, sabiendo que la población recibiría con los brazos abiertos a cualquiera que hubiera prometido milagros. 

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Adolf Hitler durante un discurso

Mientras tanto, los eventos continuaban precipitándose año tras año, y en 1924 Lloyd George, el primer ministro británico de 1916 a 1922, denunció públicamente la fuerte interferencia de la élite financiera internacional en los acuerdos de paz que amenazaban con desencadenar otra guerra: «Los banqueros internacionales dictaron la resolución de Dawes sobre las reparaciones. El protocolo que firmaron los Aliados, las potencias asociadas y Alemania fue el triunfo de las finanzas internacionales. El acuerdo nunca habría sido alcanzado sin su intervención abrupta y brutal. Relegaron a estadistas, políticos y periodistas a un rincón y formularon sus órdenes con la autoridad propia de los monarcas absolutistas. Los reyes del dinero inspiraron y crearon el informe Dawes. Las órdenes de los financieros alemanes (dirigidos por Warburg Bank) a sus representantes políticos fueron tan perentorias como las de los banqueros aliados a sus representantes políticos».

Los auténticos responsables de la Segunda Guerra Mundial fueron los grandes grupos financieros que apoyaron a ambos bandos en conflicto

Lloyd sabía perfectamente que la aristocracia financiera estaba desempeñando el papel de buitre en el cadáver alemán, y dado que la mayoría de los grandes banqueros tenían orígenes judíos, como los fundadores del Kuhn & Loeb Bank, los Warburg y los Rothschild, el antisemitismo hitleriano encontró tierra fértil.

En los libros de texto universitarios, la historia de la Segunda Guerra Mundial se describe solo desde el punto de vista militar, como si fuera únicamente un conflicto entre estados. En realidad, los verdaderos protagonistas de los eventos de la guerra fueron los grandes grupos financieros e industriales, que apoyaron a ambas partes en la guerra e hicieron posible el rearme de Alemania, obteniendo enormes ganancias. Los potentados económicos que operan en el mercado libre tienen el único objetivo de obtener ganancias y nunca han reconocido ningún interés que no sea el suyo. Por absurdo que parezca, de hecho, las corporaciones de los países aliados contra Hitler continuaron haciendo negocios con el enemigo incluso después del estallido de la guerra. Esto significa que la máquina de guerra nazi fue financiada y armada por los mismos grupos de presión financieros e industriales de Wall Street y de la City de Londres (otro centro financiero de importancia mundial). Muchos de sus intercambios pasaron por los bancos de la neutral Suiza, que Hitler utilizó para transacciones monetarias con corporaciones estadounidenses.

Wall Street
La máquina de guerra nazi fue financiada y armada por los mismos grupos de presión financieros e industriales de Wall Street y de la City de Londres

WALL STREET FINANCIÓ AL EJÉRCITO NAZI

El descubrimiento de este «comité de negocios» internacional, capaz de actuar sin ser molestado contra los intereses de los pueblos, anula para siempre la versión oficial de la historia, ya que si Hitler no hubiera recibido ayuda de las finanzas y la industria aliadas, nunca habría podido desencadenar la Segunda Guerra Mundial. Esta conclusión no se deriva de hipótesis imaginativas y no demostrables, sino del análisis reflexivo de hechos históricos bien documentados que pueden reconstruirse desde el principio.

Entre los años 1924 y 1926, algunos de los grupos bancarios e industriales más poderosos de Wall Street y de la City de Londres, transfirieron la suma estratosférica de 975 millones de dólares a la economía alemana

Con la aceptación del Plan Dawes, la economía alemana terminó bajo la administración de la élite financiera representada por grupos como el Morgan Bank y el director del Banco de Inglaterra, Montagu Norman. Por lo tanto, en ese contexto, en el período comprendido entre los años 1924 y 1926, algunos de los grupos bancarios e industriales más poderosos de Wall Street y de la City de Londres, como el National City Bank, el Morgan Bank, la Standard Oil de los Rockefeller, el Kuhn & Loeb Bank, el Chase Manhattan Bank, la General Motors y Paul Warburg, transfirieron la suma estratosférica de 975 millones de dólares a la economía alemana, de los cuales 170 fueron destinados a la creación de los tres grandes consorcios: Vereinigte Stahlwerke (acero), I. G. Farben (sector químico controlado ) y AEG (sector eléctrico). También la financiación del posterior Plan Young de 1928 contribuyó a la creación del aparato industrial controlado por Wall Street, que sentó las bases del arsenal bélico nazi.

Pocos años después de la fundación de Vereinigte Stahlwerke, I. G. Farben y AEG, estos tres gigantes industriales quedaron bajo el control de las grandes corporaciones y bancos de inversión estadounidenses. Sin embargo, además de financiar a Hitler durante las elecciones de 1933, permanecieron a su servicio hasta el final de la guerra. En 1938, solo dos compañías, I. G. Farben y Vereinigte Stahlwerke, suministraron el 95% de los explosivos a las fuerzas armadas nazis y su contribución durante la guerra resultó esencial. Muchas otras compañías estadounidenses, como Bendix Aviation de Los Ángeles, Alcoa de Pittsburgh, Chrysler Auburn Hills y Dow Chemical de Midland, entregaron tecnología, materiales y productos a la industria armamentista alemana.

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Portada de Biografía no autorizada de la Segunda Guerra Mundial (Ediciones Obelisco), de Marco Pizzuti

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