Historia oculta

Rostros humanos en un hueso de toro

Estamos hablando de rostros humanos tallados sobre un hueso de toro en la Edad de Piedra. Y es que estamos ante las creaciones artísticas talladas en madera más perfectas encontradas jamás.

13 de Agosto de 2020 (10:00 CET)

Caras en un hueso de toro
Caras en un hueso de toro

El descubrimiento se produjo en Siria, y los dos rostros humanos que aparecen tallados en sus extremos fueron grabados hace la friolera de diez milenios atrás, en pleno Neolítico, en un hueso de uro, el antepasado del toro, que podía llegar a pesar hasta mil kilos. Vamos, un mastodonte con los huesos lo suficientemente grandes como para poder grabar en ellos lo que nos apeteciera, aunque en este caso la pieza tenga unas medidas de 51 milímetros de largo, 17 de ancho y 7 de grosor.

Según publicaba al respecto la revista Antiquity, las comunidades que habitaban la zona utilizaban estos huesos como parte de los rituales mortuorios que celebraban, ya que en los mismos representaban el rostro del difunto, o pasajes de su vida, para que así no se perdiese su memoria al dar el paso hacia el Más Allá. Respecto a esto, uno de los coordinadores del proyecto, el investigador de la Institución Milá y Fontanals de Barcelona del (CSIC), el arqueólogo español Juan José Ibáñez, explicaba a los compañeros de El Mundo años atrás que «el simbolismo de la cara es muy importante para estas comunidades que llevan a cabo la representación de rostros. No son rostros de un individuo en concreto, pero sí está relacionada [esa representación] con los antepasados. Era muy importante la vinculación de las comunidades con sus muertos».

Ibáñez, que ha viajado a la zona en varias ocasiones, además de este hueso de uro también descubrió once cráneos deformados por los golpes que se les infringió durante la celebración, según todo parece indicar, de uno de esos rituales a los que antes hacíamos alusión. Es el primer ejemplo, además, del paso de la vida nómada de estas comunidades a un incipiente sedentarismo. Así, tal y como declaraba Juan José Ibáñez en la citada entrevista, en ese tiempo «se dieron nuevas estructuras sociales y de creencias y apareció la vinculación con el antepasado y al territorio. Tienen un vínculo con la sedentarización y con la comunidad». Y añadió que «la iconografía de los cazadores- recolectores en el Paleolítico consiste principalmente en representaciones naturalistas de animales, mientras que la figura humana, salvo escasas excepciones, es mucho más esquemática. A medida que comienzan las transformaciones económicas y sociales que llevan al Neolítico, las representaciones simbólicas comienzan a centrarse en la imagen humana y aparecen las primeras representaciones naturalistas de rostros humanos, como los que hemos encontrado en Tell Qarassa». El pasado no deja de sorprendernos…

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Nº 363, Octubre 2020

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