Civilizaciones perdidas

El niño de Lapedo: ¿Un híbrido Neandertal/humano?

2 de Febrero de 2016 (11:41 CET)

La controversia sobre el niño de Lapedo
La controversia sobre el niño de Lapedo

Enterrado durante milenios en el Valle del Lapedo, 136 Km. al norte de Lisboa, Portugal, los arqueólogos descubrieron el primer esqueleto completo del Paleolítico encontrado en la Península Ibérica que pertenecían a un niño de cuatro años de edad. La importancia del descubrimiento fue mucho mayor cuando el análisis de los huesos reveló que el niño tenía el mentón y los brazos inferiores de un ser humano, pero la mandíbula y la constitución de un neandertal, sugiriendo ser un híbrido o un resultado del mestizaje entre las dos especies. El hallazgo -según un artículo publicado en Ancient Origins- pone en duda la teoría aceptada de que los neandertales desaparecieron hace aproximadamente 30.000 años, reemplazados por los cromañones, los primeros seres humanos modernos. Al mismo tiempo que sugiere que los neandertales se cruzaron con los humanos modernos y se convirtieron en parte de nuestra familia, un hecho que tendría consecuencias dramáticas para los teóricos evolutivos alrededor del mundo.

El descubrimiento sucedió en noviembre de 1998, cuando los arqueólogos João Maurício y Pedro Souto fueron al valle del Lapedo para investigar unos relatos sobre unas pinturas rupestres prehistóricas encontradas, que resultaron ser ciertas. El yacimiento tenía una gran concentración de herramientas líticas, huesos de animales y carbón del Paleolítico Superior: era evidente que el Lagar Velho había sido un importante lugar de ocupación. Las siguientes excavaciones lo confirmaron, mostrando el radiocarbono fechas de hace 23.170 hasta 20.220 años.

En los sedimentos  recuperaron varios pequeños huesos manchados con ocre rojo y pensaron que podrían ser de un humano. Resultó ser la tumba de un niño: el único entierro Paleolítico encontrado hasta aquel momento en la Península Ibérica.

Se puso en marcha un proyecto de excavación para recuperar todos los restos del cuerpo del niño. El trabajo era difícil porque las raíces diminutas de las plantas habían penetrado los huesos esponjosos. Tamizando los sedimentos desordenados se llegó a la recuperación de 160 fragmentos craneales, que constituían aproximadamente el 80% del total del cráneo.

Una vez completado el proceso de recuperación, los restos óseos fueron enviados al antropólogo Erik Trinkaus de la Universidad de Washington para ser analizados. Fue entonces cuando se realizó el descubrimiento más sorprendente. Trinkaus encontró que la proporción de las extremidades inferiores no eran de un humano moderno: se asemejaban a las de un neandertal. Por otro lado, la forma general del cráneo era moderna, al igual que su oído interno y los dientes. Aunque el cráneo era más similar a un humano moderno, se detectó una anomalía: una picadura en la región occipital, que es un rasgo típico y genético de los neandertales.

Trinkaus concluyó que el niño de Lapedo era un mosaico morfológico, anatómicamente era un híbrido entre los neandertales y los humanos modernos. Sin embargo, parece ser que ambas especies no coexistieron en la Península Ibérica más allá de hace 28.000 años. ¿Cómo puede el niño tener características de ambas formas? La pregunta llevó a un encendido debate entre expertos, algunos de los cuales aceptaron que el descubrimiento del niño de Lapedo demostraba que los neandertales se cruzaron con los humanos modernos, mientras que otros rechazaron alejarse de las opiniones que aseguran que los neandertales se extinguieron, reemplazados por otra especie.

 

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