Civilizaciones perdidas

El poder de los druidas

Hoy se habla mucho de celtas pero muy poco de los druidas, su casta sacerdotal, revestidos con una areola de misterio al ser conocedores de los secretos de la naturaleza y de extraños conjuros. Los druidas no dejaron nada escrito. Preservaron tan bien sus conocimientos y su tradición oral que ninguna de las historias, leyendas y leyes celtas fueron transcritas hasta seis o siete siglos después de Cristo, labor que realizaron los monjes celtas irlandeses. Libros Recomendados : LOS MISTERIOS DE LOS CELTAS DRUIDAS Y CELTAS ¡ Visita nuestra Tienda ! google_ad_client = "ca-pub-5337588033202877"; google_ad_slot = "4290309979"; google_ad_width = 200; google_ad_height = 90;

17 de Marzo de 2011 (12:51 CET)

El poder de los druidas
El poder de los druidas
Lo poco que sabemos de ellos es en textos escritos por sus enemigos, como son los Comentarios a la Guerra de las Galias, de Julio César, libro que empieza con una famosa descripción: "Toda la Galia se divide en tres partes, una de las cuales la habitan los belgas, otra los aquitanos, mientras que en la tercera vive el pueblo que se denominan a sí mismos celtas, pero que en nuestra lengua se llaman galos". Y aclara: "En toda la Galia hay dos clases de hombres que cuentan y son reverenciados (…). De estas dos clases, una es la de los druidas, la otra, la de los caballeros". Plinio en Viejo describe a los druidas como "hombres de la encina" –drus, en griego, significa encina–. Este origen heleno no parece tener una base firme pues el término drus también se puede identificar con el roble –roble es dervo en galo y daur en gaélico–. Etimológicamente, druidas significaría "los muy valientes o muy sabios", del céltico druwides, según la opinión de Jean Markale, gran investigador de esta cultura. Para entender a los druidas y la importancia que tuvieron hay que saber la estructura social de los celtas que se basaba en las tribus y las familias y estaba muy jerarquizada. En la cúspide estaba el rey o caudillo; tras él y a un mismo nivel la nobleza militar y la clase sacerdotal, los druidas. Un tercer nivel lo ocupaban los hombres libres: artesanos, comerciantes, agricultores… fueran pobres o ricos. Por último, los esclavos. La casta druídica Ser druida era ser un poco de todo. Era algo más que un chamán, un consejero, un adivino, un médico o un juez. Era una especie de icono al que siempre respetaban. En las refriegas bélicas, a veces era más importante terminar con la vida del druida que del caudillo. Nos guste o no, la mejor descripción del papel del druida procede de Julio César: "…atienden el culto divino, ofician en los sacrificios públicos y privados, interpretan los misterios de la religión, a ellos acuden gran número de adolescentes para instruirse y les tienen mucho respeto. Pues ellos sentencian casi todas las controversias públicas y privadas y, si se comete algún delito, si ocurre alguna muerte, si hay algún pleito sobre herencias o linderos, ellos son los que deciden y determinan los premios y los castigos. Si alguna persona, particular o pública, no se atiene a su fallo, la ponen en entredicho. Este castigo es para ellos el más grave. Los así puestos en entredicho son considerados como impíos y criminales, todos se apartan de su camino y rehúyen su encuentro y conversación por temor a contaminarse: ni se les hace justicia aunque lo pidan, ni se les hace participes de honor alguno. Al frente de todos estos druidas hay uno, que tiene entre ellos la autoridad suprema. Muerto éste, o bien le sucede otro que aventaje a los demás en prestigio o, si hay varios iguales, se hace la elección por votación de los druidas, en ocasiones, llegan a disputarse la primacía con las armas. En cierta época del año, se reúnen los druidas en un lugar sagrado del país de los carnutes, considerado como el centro de toda la Galia. Aquí concurren de todas partes los que tienen pleitos, y se atienen a sus decretos y sentencias. Se cree que su doctrina tuvo origen en Bretaña y que de allí pasó a la Galia, y, todavía ahora, los que quieren conocerla más a fondo suelen ir allí para aprenderla". Por lo que sabemos, en la Galia había muchos druidas. No hay noticias, sin embargo, de presencia druídica en Italia, Hispania y el valle del Danubio, aunque ello no es motivo para descartar la posibilidad de su existencia. Nos dice la historiadora Guadalupe López Monteagudo que "en la Hispania celta no se dio la existencia de una clase fuerte sacerdotal como entre los druidas, aunque hubieran oficiantes en los sacrificios". (Continúa la información en revista ENIGMAS 170) Jesús Callejo
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