Civilizaciones perdidas

Legionarios de Cristo ¿Una secta destructiva?

El pasado mes de mayo, el papa Benedicto XVI decidió apartar de la vida religiosa al fundador de los Legionarios de Cristo, el sacerdote mexicano Marcial Maciel, a quien se le acusa de abusar sexualmente de menores y convertir su congregación en una suerte de secta destructiva.

1 de Noviembre de 2006 (00:00 CET)

Legionarios de Cristo 
¿Una secta destructiva?
Legionarios de Cristo ¿Una secta destructiva?
El puso mi mano en su pene. Yo no sabía nada acerca de la masturbación, y el dijo: ';tu no sabes cómo hacerlo. Déjame mostrarte'. Y él cogió mi pene y comenzó a masturbarme. Yo me encontraba en estado de shock". Este desgarrador testimonio pertenece a Juan José Vaca. Ahora tiene 65 años y entre 1970 y 1976 fue superior de los Legionarios de Cristo en Nueva York. Cuando sólo contaba con 11 años fue víctima de abusos sexuales por parte de Marcial Maciel, el fundador de la congregación, unos hechos que, junto a otros siete ex miembros de la orden, se atrevió a denunciar ante las autoridades eclesiásticas hace más de una década y que terminaron por apartar a Maciel de la vida religiosa el pasado mes de mayo, aunque la Santa Sede renunció a procesarle aduciendo su avanzada edad y motivos de salud. Los que denunciaron los casos de pederastia, sin embargo, quieren ahora que sea la justicia internacional la que investigue el asunto, ya que se produjeron más episodios de abusos a menores y también se quiere reclamar su responsabilidad a los cómplices de los delitos.

¿Secta destructiva?

Para algunos, el escándalo, más que debilitar a los legionarios, los ha fortalecido. Así lo piensa, al menos, el portavoz chileno de la congregación cuando declara: "Al igual que Cristo en la cruz y su sangre, que salvó a los hombres, el padre Maciel, crucificado de alguna forma, también nos va a ayudar a todos nosotros". Y es que los incondicionales del movimiento se agarran a la conclusión oficial de la Santa Sede: una cosa es el padre fundador y otra el movimiento en sí mismo.

Por eso, algunos ex legionarios no se esconden al afirmar que el movimiento es una secta. Entre ellos Alejandro Espinosa, autor de El legionario, un libro que denuncia los abusos sexuales a los que fue sometido. Su calvario empezó a los 16 años, con el agravante de que era sobrino segundo de Maciel. Alejandro estaba a su servicio y, a menudo, le hablaba que sufría una "enfermedad prostática" que le provocaba una "insufrible retención de semen" (sic). Y como creía que se trataba de un hombre santo –Marcial decía que el papa Pio XII le daba permiso para estar con mujeres con objeto de solucionar este problema– accedía a prácticas masturbatorias.

Espinosa cuenta que en otros casos de compañeros suyos hubo incluso violaciones, sexo colectivo y otros abusos a los que los jóvenes accedían por que tenían su personalidad anulada y vivían bajo una gran presión psicológica.

Son numerosos los ex legionarios que aseguran que estaban sometidos a una vigilancia extrema. Toda su correspondencia, tanto de salida como de entrada, era controlada por el director espiritual. Quienes hacen el apostolado tienen la oportunidad de visitar a su familia un par de semanas al año –los novicios, ni eso–, un control propio de las sectas más destructivas que ha sido denunciado por muchos ex legionarios, a quienes según las normas no se les permite ni siquiera acudir a actos familiares de primer orden como puede ser la boda de un hermano.

La estrategia de los colegios
La Legión de Cristo, sin embargo, no está catalogada como tal. Es una congregación religiosa de derecho pontificio, fundada en México por Marcial Maciel Degollado en 1941. Según reza en su página web, "tiene como misión la extensión del Reino de Cristo en la sociedad según las exigencias de la justicia y caridad cristiana, y en estrecha colaboración con los Pastores y los programas pastorales de cada diócesis". Hoy cuenta con más de 650 sacerdotes y cerca de 2.500 seminaristas mayores y menores que viven en las residencias legionarias de 18 países.

La piedra angular del proyecto radica en su plataforma educacional, empresarial y social, así como en la evangelización a tiempo completo. En la actualidad, dirigen un total de 145 colegios, 21 institutos superiores y nueve universidades. Dueños de la Universidad Francisco de Vitoria de Madrid, de carácter privado, su estrategia actual consiste en ir comprando y fundando colegios para formar a los más jóvenes. No siempre sin dificultades. En 2003, por ejemplo, la congregación católica adquirió un centro privado que albergaba a más de mil alumnos a quienes, sin previo aviso y con el curso ya empezado, se les impusieron cambios fundamentales en la filosofía educativa del centro. De un día a otro, el colegio pasó de ser laico a religioso, se nombró a un director espiritual, se construyó una capilla y se dividió por sexos a los alumnos. Nos referimos al colegio Villa del Bosque, de la localidad de Villaviciosa de Odón (Madrid), donde una numerosa representación de padres de alumnos manifestaron su indignación. Argumentaban que el criterio educativo del colegio había cambiado de forma sustancial, sobre todo por la introducción del catolicismo como asignatura sin previo aviso a los padres, que no pudieron ni siquiera buscar otra escuela para sus hijos. Y es que los legionarios fijan su atención, como es el caso, en los centros educativos que están ubicados en aquellas zonas en las cuales predominan las clases altas y muy bien situadas socialmente.

Según José Martínez de Velasco, autor del libro Los Legionarios de Cristo, "España es la base operativa para la expansión legionaria hacia Roma y el continente europeo. A través de selectos colegios y de un activo entorno universitario en Madrid, Salamanca, Valencia, Cantabria, Barcelona y Sevilla, la Legión de Cristo se está introduciendo en las familias y en los círculos más poderosos e influyentes de la economía y de la comunicación de nuestro país".

Amigos influyentes

Según denunció en su día la revista Interviú, ha contado con el apoyo –incluso financiero– de buena parte de la clase dirigente del anterior gobierno, presidido por José María Aznar.

En efecto, entre el año 2000 y el 2002, el sacerdote mexicano Marcial Maciel recibió más de cuatro millones de euros en subvenciones concedidas por administraciones de gobiernos autómicos del PP para proyectos de cooperación. Los Legionarios de Cristo no recaudan el dinero en su propio nombre, sino que han creado un entramado de empresas, fundaciones y asociaciones encargadas de gestionar los proyectos. Las dos fundaciones más activas en nuestro país son Iuve-Cooperación y Mano Amiga, filiales a su vez de Iuve Inc. y Help Action Inc., dos empresas cuya sede social se encuentra en Estados Unidos. Una de las campañas de recaudación de dinero se llevó –y lleva– a cabo en grandes superficies, en cuyas cajas de cobro existen unas tarjetas con el lema de la campaña: "1 kg de ayuda". La gestión de dicho dinero ha sido objeto de polémica, pues se dedica en parte a inversiones.

Con estas credenciales no es de extrañar que el Vaticano mirara hacia otra parte durante muchos años. De hecho, en 1946, el papa Pío XII bendijo y acogió la obra creada por Maciel y se tomó la libertad de trazar un objetivo que ha sido clave para su desarrollo: "Preparar y ganar a la causa de Cristo a los líderes de América Latina y de todo el mundo". La opción preferencial por las elites no sólo ha penetrado con gran fuerza en los segmentos de poder y captado a numerosos miembros para su movimiento Regnum Christi –el brazo secular de la congregación–, sino que gracias a ello han podido extender su obra a todos los ámbitos sociales que son clave para su proyecto. Y en buena medida lo consiguió, no sólo por sus contactos presidenciales en México, sino también en España, donde dos ministros del anterior ejecutivo, Ángel Acebes y José María Michavila, han reconocido su vinculación a los Legionarios. Tampoco una hermana de Ana Botella oculta su proximidad al movimiento. Y en su órbita se mueven también otros apellidos ilustres como Gustavo Villapalos o Alicia Koplowitz y su fundación Vida y Esperanza.

Mencionaba anteriormente los contactos de Maciel con el gobierno mexicano; pues bien, según Alejandro Espinosa, el ex presidente Salinas de Gortari tenía una persona a sueldo cuyo único trabajo consistía en localizar a Maciel cuando quería hablar con él. Además, por los numerosos colegios de los Legionarios en México, especialmente a través de su exclusiva Universidad Anáhuac, han pasado los hijos y parientes de las familias más poderosas del país. Es el caso del banquero Carlos Slim, el cuarto hombre más rico del mundo, la familia Acárraga, del imperio Televisa, los propietarios del grupo Bimbo y el fundador de la cadena Vips.

La ambigüedad vaticana

Y es que hasta que estalló el escándalo, la labor de los Legionarios encajaba perfectamente dentro de los objetivos vaticanos. Juan Pablo II puso su proyecto de recristianización en manos de los nuevos movimientos: Opus Dei, Legionarios de Cristo y Comunión y Liberación iban a dedicarse a las elites, mientras que los neocatecumentales se encargarían de las clases medias y los carismáticos de las más populares.

Por eso no es difícil entender que la Santa Sede diera largas a las denuncias. El Vaticano tenía conocimiento de los abusos y de una larga serie de irregularidades del fundador de los legionarios –como su adicción a la morfina– desde finales de los cincuenta. De hecho, Maciel fue suspendido de sus funciones durante dos años para después, en 1958, reconocer su labor.

En una interesante entrevista que tuvimos oportunidad de protagonizar con Espinosa en el programa Channel nº4, en Cuatro TV, el ex legionario Juan José Vaca insinuó que Juan Pablo II conocía los abusos, pero que muchos cardenales y jerarcas de la Iglesia trataron de encubrir los hechos porque Maciel recurría al soborno, fuera a través de dinero o favores. Incluso numerosas informaciones citan que los Legionarios organizaban en Roma muchas reuniones informarles de cardenales, en las cuales se obtenían informaciones importantes sobre los purpurados.

Mafia religiosa

Los ex legionarios no sólo denuncian que Maciel abusaba de menores, sino que, además, les utilizaba para conseguir sustancias estupefacientes. Además, el fundador de la congregación falsificaba bendiciones papales y las vendía. Tanto es así que, en su denuncia, Alejandro Espinosa asegura que Maciel fundó los Legionarios de Cristo para cubrir sus necesidades económicas y sexuales. Y no lo hace en cualquier momento, sino el 3 de enero de 1941, una fecha sin ninguna efeméride religiosa importante pero que guarda simetría con el holocausto judío. Y es que Maciel admiraba a Hitler y el 3 de enero de 1939 fue cuando el führer firmó el documento que condenaba al pueblo judío. En este sentido, es singular el testimonio de Juan José Vaca, que me explicó cómo los seminaristas tenían que presentar sus respetos a la figura de Cristo con el saludo de las juventudes hitlerianas: con el brazo en alto y con la expresión Heil Cristus en sus gargantas.

Aunque jurídicamente la Legión de Cristo no es una secta, ya que dispone del reconocimiento de la Santa Sede, cumple numerosos preceptos asociados a ellas: culto exagerado a un líder, secretismo, control de la intimidad, empleo de técnicas coercitivas y programación mental, ruptura con el entorno familiar…
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