Civilizaciones perdidas

Los orígenes poco amorosos de San Valentín

A pesar de las reconversiones que los intereses del mercado hicieron con este día, San Valentín tiene un largo recorrido a través d mitos y leyendas, rituales obscenos en la antigüedad, estrategias cristianizantes y, cómo no, comerciales. Estos son sus orígenes.

6 de Febrero de 2019 (13:26 CET)

Los orígenes poco amorosos de San Valentín
Los orígenes poco amorosos de San Valentín

Cada 14 de febrero las parejas del mundo se aman entre arcoíris y unicornios como nunca antes se habían amado. Y es que es San Valentín, el día más maravilloso del año donde corazones, peluches, flores, bombones, joyas y postales adornadas con ridículas frases adoptan un pomposo protagonismo e invaden el alma humana para llenarla de calidez. 

Que exista un día concreto al año para celebrar el amor y expresar el cariño suena algo siniestro. Dar un día especial al amor es restarle importancia el resto de días. Pero eso da igual a una agenda comercial que nuestra sociedad de consumo confecciona para el beneficio económico de los grandes almacenes y comercios, que se forran anualmente convirtiendo en un objeto consumible uno de los valores humanos más importantes que existen, esto es, cosifican el amor.

Seguramente, San Valentín es una de las onomásticas más relevantes del año, y no por su valor espiritual como cabría esperar en el día de un santo… Consumiendo ternura el día de San Valentín, los estadounidenses se dejan aproximadamente 19mil millones de dólares cada año según la Federación de Comercio.

La melosa tradición de celebrar el amor en la onomástica de San Valentín es una costumbre rediseñada por el mundo capitalista, tal y como se hace con Samhain o la Navidad. A pesar de estas reconversiones a los intereses del mercado, San Valentín tiene un largo recorrido en la historia a través de diversos mitos y leyendas, rituales obscenos que en la antigüedad gozaban de mucha importancia, estrategias cristianizadoras y, cómo no, comerciales. Estos son sus orígenes, que como tales, no tiene mucho que ver con el amor.

San Valentín tiene tintes de leyenda que no dejan claro qué hay de real en la historia de este personaje. Esto llega al punto de que ni siquiera la propia Iglesia católica celebra la festividad al santo desde mitad del siglo XX puesto que desde la Santa Sede se propusieron eliminar del calendario la festividad de aquellos santos con origen más legendario.

Aún y todo, en 2014 el Papa Francisco celebró una misa dedicada a este santo y en ella atendió a las preguntas que tenían las parejas presentes, a modo de asesor espiritual del amor.

En total hay unos 3 posibles candidatos a ser San Valentín y parece ser que algunas tradiciones del catolicismo indicarían que todos ellos fueron ejecutados en 14 de febrero.

Un tal Valentino fue martirizado en África y del que no se sabe mucho más; un Valentín obispo en Terni, Italia; y un tercero que, por tener una historia más romántica que las del resto, se ha ganado la titularidad como el posible verdadero San Valentín, aunque esto es totalmente impreciso dadas las muchas leyendas que hablan de él y las muchas iglesias que aseguran tener sus restos físicos, como Santa María in Cosmedin, de Roma.

Su mito se remonta aproximadamente al siglo III en el contexto del imperio romano, donde la fe cristiana todavía era perseguida a pesar de la expansión con la que ya contaba. 

En ese marco, un médico romano reconvertido en sacerdote, preparaba a los cristianos que habían caído presos en sus procesos de martirio y muerte. Más versiones dicen que casaba secretamente a las parejas. En ese momento el emperador Claudio II había prohibido el matrimonio entre jóvenes puesto que consideraba que los soldados rendirían mejor si el matrimonio no los ataba, por tanto, Valentín incurría en un grave delito.

Por estas prácticas, cuando el sacerdote Valentín fue descubierto, lo condenaron por decapitación y, cuenta la historia más improbable de todas, que el santo rehúso a renunciar de su religión y se enamoró de la hija de su carcerlero, a la que le envió una carta de amor antes de ser ejecutado, dando origen a la tradición de que los enamorados se intercambien cartas de amor y pasión. Otras versiones cuentan que le curó la ceguera a la hija del carcelero, la cual plantó un almendro en su tumba convirtiendo este árbol en un símbolo de amor.

No será hasta finales del siglo V cuando la Iglesia recoja las leyendas de este santo y decida conmemorarlo en su calendario litúrgico el día 14 de febrero. 

No obstante, darle una celebración no fue sino un tejemaneje de la Iglesia y el Papa Gelasio I. Nunca hubo pruebas históricas de este santo y, en palabras del propio Papa, era uno de esos santos "cuyos nombres son venerados por los hombres, pero cuyos actos solo Dios conoce". Quién sabe si el fuego de las leyendas de San Valentín se encendió desde la misma Iglesia.

La principal razón para santificar a alguien legendario de cuya realidad histórica no existía prueba alguna concebía los motivos de cristianizar festividades paganas y, con ello, a todas las gentes que las seguían. La Iglesia lo venía haciendo desde el siglo IV: convirtió las saturnales y el sol invicto en la navidad; el nacimiento de Astarté y el regreso desde los infiernos de Proserpina en la Semana Santa, y así sucesivamente.

En este caso, era necesario acabar con una antigua celebración pagana que se celebraba a mitad de febrero y que, hasta el momento, el Papa Gelasio I no había podido derrocar a pesar de su manifiesta aversión. Las lupercales.

Algunos historiadores cuentan que las lupercales podrían haber sido cristianizadas por la fiesta de la Virgen de la Candelaria, no obstante otra versión de historiadores tampoco corroborada, cuenta que la encargada de sustituir esta fiesta pagana fue el culto a San Valentín, en el que nos centramos.  Además es más probable que la primera se base en la fiesta romana de las teas que se encendían en honor a la búsqueda de Perséfone por parte de su madre Deméter.

Estas fiestas estaban consagradas al dios Fauno con el sobrenombre de Luperco, el cual había tomado la forma de Luperca, la loba que amamantó a Rómulo y Remo permitiendo los orígenes de Roma.

En esta festividad un sacerdote sacrificaba una cabra, untaba un poco de su sangre en algunos adolescentes que iban desnudos simbolizando que eran lobos humanos. Luego les borraba la mancha de sangre con un mechón de lana. A continuación, los jóvenes hacían una carcajada ritual, sacrificaban otros animales y formaban una procesión llena de gestos obscenos, a lo largo de la cual iban azotando con látigos, hechos de la piel de los animales, a las mujeres jóvenes que se ponían en su camino de forma voluntaria. Esto era símbolo de fecundidad y purificación.

La sustitución de la Lupercalia por San Valentín hizo que se generan infinitas leyendas sobre el santo, como algunas de las contadas. Y, a día de hoy, en el seno de la misma cristiandad se considera pecaminoso honrar este santo y este día, así se lo preguntan en un portal web llamado Diario Cristiano, donde consideran la celebración como un rito satánico:

"conviene como Cristianos formar parte de un festejo que inicialmente fue utilizado para adorar a Satanás?".

En fin, debates religiosos a parte… después de la victoria de la Iglesia sobre el paganismo, lo más importante es que estas leyendas convertirían a San Valentín en una suerte de referente del amor a partir de la Edad Media. 

O al menos, esa es la relación más antigua que nos consta entre el amor y San Valentín, en un documento histórico y literario como era "El parlamento de las aves", un relato recogido en los famosos Cuentos de Canterbury del inglés Geoffrey Chaucer, donde expresa:

"for this was on Saint Valentine's day, when every fowl comes there his mate to take", es decir, "fue en el día de San Valentín, cuando cada ave encuentra a su pareja", día en que, por otro lado, algunos países nórdicos celebran el apareamiento de las aves.

Es probable que esta tradición también ya se viera alimentada con anterioridad cuando surgió en Europa el amor cortés a finales del siglo XI; donde la literatura, algunos tratados de filosofía y las cortes más exquisitas de Europa como Aquitania, Champaña o Borgoña celebraban y cantaban a un amor puro y sincero que se daba en una relación de vasallaje entre caballero y dama.


La cuestión es que San Valentín se convirtió en el patrón de los enamorados y caló fuertemente como una importante tradición popular en países como Inglaterra o Francia.

En el caso de esta última, el día de San Valentín de 1400 en París se creó, en el ámbito de la jurisprudencia, una Alta Corte del Amor, un órgano que regulaba asuntos conyugales llevados ante la ley, abusos y denuncias maritales, según cuenta el diario The Telegraph. De las fuentes de este mismo diario conocemos que la primera carta de San Valentín de la que se tiene registro la escribió el Duque de Orleans, que escribió a su amada mientras permanecía cautivo tras una batalla en 1415. 

Aunque la tradición de las cartas de amor no se haría popular hasta la Inglaterra del siglo XVIII. Posteriormente esto haría su gran boom con la revolución industrial, donde muchas fábricas se dedicaron a la producción masiva y en cadena de tarjetas y postales, y es que las empresas y economía local no podían desaprovechar la oportunidad de lucrarse.

Y así, esta tradición remota y cambiante, ha acabado convirtiéndose en un delirio comercial celebrado en prácticamente la totalidad del mundo.

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