Civilizaciones perdidas

Los presagios de muerte de Carlomagno

Dice el diccionario que un presagio es una «señal o indicio que se interpreta como el anuncio de un hecho futuro». Pues bien, el que fuera rey de los francos y emperador de Occidente, Carlomagno, falleció en su palacio Aquisgrán, al oeste de Alemania, tras haber desdeñado varios augurios que presagiaban su muerte. Josep Guijarro

espacio misterio

26 de Diciembre de 2018 (09:08 CET)

Los presagios de muerte de Carlomagno
Los presagios de muerte de Carlomagno

Otros –especialmente en su época- se lo habrían tomado muy en serio pero el emperador Carlomagno, no sólo los despreció sino que hasta se burló de ellos. Sin embargo la gente los registró y los recordó con sorna, después de su muerte.

Asegura su biógrafo Einhard en su Vita Karoli Magni (Vida de Carlomagno) que los tres años anteriores a su muerte, el 28 de enero del 814 a. C., estuvieron plagados de malos presagios como eclipses de Sol y de Luna así como una mancha negra en el Sol que permaneció visible durante una semana. Cabe recordar que, en la antigüedad, los eclipses, con independencia que fuesen solares o lunares, eran símbolos de malos augurios. No sólo los astros conspiraban contra el emperador del Sacro Imperio Romano, también empezaron a suceder cosas misteriosas. Su palacio en  Aquisgrán temblaba a menudo y la galería que lo comunicaba con la basílica se derrumbó. Asegura Einhard que en todos los edificios donde habitaba Carlomagno se escuchaban extraños crujidos en los artesonados de sus aposentos…

Carlomagno fundó en Maguncia un convento y una escuela. Unió las dos orillas del río Rin con un puente de madera que descansaba sobre bases de piedra. «Obra magnífica -dice su biógrafo- que fue pasto de las llamas». Un incendio devastó en tres horas lo que se había erigido en una década y no dejó rastro de esta admirable obra. Huelga decir que Einhard lo tomó como un presagio de su próximo final.

Hasta el mítico poema épico El Cantar de Roldán (obra que narra la batalla de Roncesvalles), nos muestra a Carlomagno víctima de malos presagios: ¨Por la noche Carlomagno tiene dos sueños que le pronostican desastres (…) Carlomagno, al ver que los enemigos han muerto, da gracias a Dios y, como ya es muy tarde, acampa a orillas del Ebro; y por la noche tiene otros dos sueños premonitorios.

Para el profesor de Literatura medieval de la UCAB, Aquiles Acosta, «los presagios que el rey tiene en forma de sueños, son una especie de oráculo divino que permiten anunciar hechos que se avecinan, siendo éstos curiosamente negativos».

La cosa no acaba aquí. Dicen las crónicas que la basílica de Aquisgrán fue alcanzada por un rayo; tal fue el impacto que una manzana dorada que coronaba su pináculo fue estamparse contra la casa del obispo, en el edificio adyacente. Para colmo, una inscripción en latín que figuraba en la cornisa de este templo, entre la cúpula y los arcos que la sustentaban, donde se leía "KAROLUS PRINCEPS" empezó a desvanecerse de forma gradual pocos meses antes de su muerte. Los caracteres que rezaban "PRINCEPS" se borraron tanto, que eran ilegibles. Pero el emperador seguía ajeno a las supersticiones, no en vano había heredado de su abuelo un objeto mágico, una reliquia de la cristiandad conocida como la Lanza del Destino, que protegía a sus custodios. De hecho, Carlomagno combatió en un total de 47 batallas, sin conocer la derrota y, curiosamente, murió poco después de que esta lanza sagrada se le cayese accidentalmente. 

En efecto, mientras conducía la última expedición a Sajonia contra Godofredo, rey de los daneses, Carlomagno vio caer del cielo una antorcha luminosa que atravesó el firmamento de derecha a izquierda, antes de la salida del sol. Todos se preguntaban qué presagiaba esta señal, cuando el caballo en que montaba el rey bajó súbitamente la cabeza y arrojó al monarca con tal fuerza, que tuvo que ser levantado por sus servidores; la fíbula de su manto estaba rota, arrancado el tahalí de su espada; la lanza que sostenía con fuerza, se escurrió de su mano.

Y, es que, como dice el refrán, tanto va el canto a la fuente que al final se rompe.
 

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