Civilizaciones perdidas

Priorato de Sión: ¿La verdadera historia? (cuarta parte)

1 de Septiembre de 2004 (00:00 CET)

Priorato de Sión: ¿La verdadera historia? (cuarta parte)
Priorato de Sión: ¿La verdadera historia? (cuarta parte)
De Gaulle y la Orden secreta

El mes pasado analizamos el extraño mural pintado en la iglesia londinense de Notre-Dame de France. Descubrimos que está repleto de simbolos que delatan su conexión con una ideología herética, ligada a la tradición egipcia, rosacruz y a María Magdalena. Su autor, Jean Cocteau, se autoretrata en él dando la espalda a la cruz con una expresión de rechazo, al igual que lo hizo Leonardo da Vinci en dos famosos cuadros. Y el Priorato asegura que estos dos artistas se cuentan entre sus grandes dirigentes.

Durante la segunda guerra mundial, esta iglesia fue el principal punto de reunión de los representantes franceses que luchaban contra la ocupación nazi acaudillados por De Gaulle. Para diferenciar su enseña de la utilizada por el régimen colaboracionista de Pétain, éstos inscribieron sobre la bandera francesa una cruz de Lorena, caracterizada por sus dos traviesas horizontales.

Pero ¿por qué eligieron quienes se oponían a los alemanes un símbolo estrechamente ligado al antiguo ducado de Lorena, cuya posesión se disputaron históricamente Francia y Alemania?
Aunque, por propia decisión del mítico general, nunca quedó claro quien eligió dicho emblema, según diversos testimonios éste fue sugerido por De Gaulle.

De hecho, mucho antes de comenzar la guerra, la cruz de Lorena aparece inscrita en el banderín personal utilizado por De Gaulle. Hoy podemos verlo en el blasón del regimiento 507 RCC, comandado por el general cuando en 1934 compró la finca La Boisserie, que se convertiría en su lugar de refugio y donde se retiró durante sus últimos años de vida. Está junto a Colombey-les-deux-Eglises, donde hoy se alza en su memoria una enorme cruz de Lorena, junto a su tumba.

El nombre de este pueblecito (la Paloma de las dos Iglesias) ha llamado poderosamente la atención de algunos esoteristas, pues combina el símbolo del Espíritu Santo con lo que creen es una referencia a las dos Iglesias que representarían una doble tradición cristiana: la exotéric-romana de san Pedro y la iglesia invisible de san Juan, de la que aseguran ser continuadores los más diversos movimientos heréticos y esotéricos. Entre estos últimos se cuentan los templarios y la Orden de Sión histórica (de la que hablaremos en un futuro), muchos de cuyos primeros dirigentes pertenecieron a las familias nobiliarias de Lorena y de Champagne, que dieron nombre a dos antiguos ducados en cuyos confines está enclavado Colombey.

En cuanto a la Cruz de Lorena, su historia se remonta a 1244, cuando el cruzado Juan II de Alluye regresó a sus tierras de Anjou. Llevaba consigo la supuesta cruz de Jesucristo, de doble travesera. encontrada bajo el Golgota un milenio atrás. Ésta le fue entregada por el obispo de Creta, durante la expedición encabezada por Thibaut IV de Champagne, otro de los muchos nobles supuestamente descendientes de los merovingios que lideraron las cruzadas e impusieron a los miembros de su linaje como reyes de Jerusalén.

Juan II cedió la preciosa cruz a los cistercienses de la Boissière, abadía dedicada a Nuestra-Señora. Debemos recordar que San Bernardo –quien propulsó tanto el Temple y el Císter como el culto a «Nuestra-Señora»– estuvo estrechamente ligado a las citadas familias.

A partir de ese momento, los miembros la casa ducal de Anjou tuvieron en gran consideración dicha cruz, que acabó convirtiéndose en el emblema oficioso de su familia y de la provincia, siendo finalmente conocida como «Cruz de Anjou». Lo mismo ocurrió en las tierras de Lorena, donde la llevó en 1435 «el buen rey René» de Anjou, otro supuesto gran maestre del Priorato de Sión. Su nieto René II la adoptó como su insignia victoriosa, consagrándose como «Cruz de Lorena». En 1576 se convirtió en símbolo de la Liga que, con la excusa de defender a los católicos frente al calvinismo, intentó derrocar al rey Enrique III e instaurar en Francia a un monarca de la familia de Guisa (perteneciente a esa dinastía sagrada que asegura defender el Priorato). A partir de ese momento sólo volvió a ser utilizada como emblema histórico antes de la derrota francesa de 1870 y de la victoria de 1910, pero nunca con la relevancia que le dió De Gaulle.

Pero aún más importante es que fue un prominente símbolo templario, conocido como la Veracruz y estaba reservado como insignia a sus altos dignatarios... Pero regresemos a las posibles conexiones de De Gaulle con nuestra historia.

La conexión oculta

«El general De Gaulle pide y obtiene que el Priorato de Sión se someta a la influencia directa de Pierre Plantard, con todo lo que esto implicaba».

Semejante afirmación no procede de los más que sospechosos documentos del Priorato. Está extraída del libro La espiral profética, de Jean Parvulesco, autor que goza del aprecio de muchos esoteristas de extracción tradicionalista y ultraderechista y pretende continuar la línea de Julius Evola, maestro de dicha escuela.
¿Qué puede haber algo de cierto tras la misma?
Como ya explicamos, tras haber dirigido una organización juvenil de corte derechista, en la segunda guerra mundial el joven Plantard aparece liderando la orden Alpha Galates, en cuya estructura y estatutos se inspiran los del moderno Priorato. Ésta había sido creada por el enigmático espía y esoterista Georges Monti, que se presentaba como iniciado de sociedades ocultistas alemanas como la OTO y la Santa Vehme. Fue fundada un año después de que Hitler ascendiera al poder y, en un principio, no se privó de manifestar sus simpatías hacia el nuevo líder alemán y hacia Franco. A la misma pertenecieron notables personalidades de la ultra-derecha francesa y del ocultismo, que parecían oponerse a un supuesto frente judeo-masónico y se presentaban como una orden de caballería que intentaba forjar unos Estados Unidos de Occidente, en una línea muy similar a la propuesta por ciertos grupos en los países gobernados por regímenes fascistas.

Luego tuvo lugar la inexplicada partida a Inglaterra del número dos del regímen nazi, Rudolf Hess –quien parecía mantener unos puntos de vista similares a aquéllos y opuestos a la tenebrosa línea acaudillada por Hitler y Himmler–, probablemente con la intención de conseguir pactar un armisticio, con la ayuda de grupos británicos que compartían su misma ideología oculta. A partir de ese momento, tenemos la impresión de que el nazismo pierde la suerte que hasta entonces le acompañó (o los apoyos ocultos que sustentaban su proyecto de crear una Europa unida) y se acelera su carrera hacia el abismo, con el fracaso de la enloquecida invasión de Rusia y la creación de los campos de exterminio. Es entonces cuando comienzan a conspirar contra Hitler, con la intención expresa de eliminarle y firmar una paz honrosa, los miembros del caballeresco y espiritualista Círculo de Kreisau, con uno de cuyos dirigentes afirmaba estar ligada Alpha Galates. Esta Orden es investigada por los servicios secretos de uno y otro bando; se ordena finalmente su disolución y se asegura que Plantard es enviado a un campo de concentración.

Finalizada la contienda, un condecorado líder francés en la lucha civil contra la ocupación alemana que fue el impresor de la revista publicada por los Galatas, asegura que ésta sirvió para transmitir mensajes cifrados a la Resistencia francesa.

A partir de ese momento, la biografía de Plantard se vuelve bastante difusa. Un artículo publicado por su primera esposa –tan sospechoso como todo lo que tiene que ver con el Priorato– asegura que, «invitado en 1947 por el gobierno de Suiza, residió en dicho país durante varios años, cerca del lago Leman, donde numerosos encargados de misiones y delegados de todo el mundo se encuentran reunidos». Suiza es ciertamente un país que sirvió, durante la guerra y después de la misma, como punto de reunión entre ciertos dirigentes nazis y poderosos agentes de la inteligencia anglo-americana, que les permitieron eludir sus crímenes e instalarse en América cuando acabó la contienda, teniendo siempre como telón de fondo las financias internacionales y oscuras sociedades secretas que algunos sostienen están detrás del Priorato y de otras polémicas organizaciones ocultistas.

Se trata, en cualquier caso, de un oscuro período durante el cual no conocemos en qué sombrías actividades estuvo involucrado Plantard. Sólo sabemos que, en 1956, cuando decide legalizar formalmente el Priorato de Sión como un simple club de amigos, reside en la población francesa de Annemasse y trabaja como dibujante industrial para una importante empresa.

La insólita idea de que existió una relación, tan estrecha como secreta, entre Charles de Gaulle y el polémico gran maestre del Priorato aparece documentada en El enigma sagrado y El legado mesiánico.

Según estos libros, Plantard reaparece públicamente cuando en 1958 se produce la crisis de Argelia, que reclama a Francia su Independencia, provocando un tenso enfrentamiento entre los franceses. Entonces, bajo el pseudónimo de Capitán Way, parece dirigir uno de los misteriosos Comités de Salvación Pública que envían comunicados a toda la prensa, apoyando el regreso al poder de De Gaulle y luego son disueltos a petición de éste. Aunque Plantard ha dejado siempre claro que el general nunca perteneció al Priorato.

No hay duda de que fue Plantard quien envió dichos comunicados. Pero sí de que hubiese tras él una organización poderosa. Probablemente se trató de una estrategia utilizada, para denotar su presencia y ligarse al prestigioso general. Una argucia más de este individuo que en los años anteriores ya se había presentado como descendiente directo de los merovingios y aspirante al trono de Francia, en los círculos católicos y ultraderechistas. Una hábil maniobra que fue utilizada años después en algunos documentos del Priorato para sustentar su conexión con De Gaulle y su gran confidente André Malraux, quien realmente lideró su regreso al poder.

Un ejemplo de la misma lo encontramos en una entrevista mantenida por Plantard en 1984 con los autores de El enigma sagrado, cuando éste respondió a una acusación que se le había hecho de transferir en 1952 una cantidad de oro desde Francia a Suiza. Reconoció haberla hecho. Pero explicó que, además de que hacerlo en aquel momento era algo legal, él no había obtenido beneficio alguno de dicha operación. Aseguró que se trataba de «un fondo especial para que lo utilizasen los Comités de Seguridad Pública; y él había efectuado la transacción en nombre de éstos, por indicación expresa de De Gaulle».

En 1982 se publicó una voluminosa obra, firmada por «el Padre Martin» y titulada El libro de los compañeros secretos. En ella se nos habla de una misteriosa Orden, compuesta por 45 individuos a los que el general De Gaulle habría impartido una enseñanza secreta, preparándoles para actuar en «los últimos tiempos», tras su muerte. Según el autor, su filosofía se inspiraría en influencias aparentemente contradictorias, como la del general nicaragüense Sandino (masón y espiritualista) que combatió la dictadura somozista; la del Padre Teilhard de Chardin, brillante antropólogo y creador de una cosmovisión que combinaba evolucionismo y cristianismo; o la de René Guénon, fundador de una exigente escuela de esoterismo tradicional que se opone radicalmente al ocultismo y al evolucionismo.

Cuando se profundiza en su biografía descubrimos que De Gaulle es ciertamente un personaje enigmático, con una personalidad muy visionaria y un sentido trascendente de su misión en la vida, de los que no hay espacio para hablar aquí.

Pese a su tremenda discrección, el general nos dejó numerosas pistas que parecen confirmar que tuvo una vertiente y una visión oculta. Algunos discípulos del exdiplomático rumano Michel Vâlsan aseguran que éste transmitió una misteriosa iniciación a De Gaulle en los jardínes del Eliseo. A su vez, Vâlsan fue iniciado en el esoterismo islámico en Suiza por Frithjof Schuon, uno de los principales discípulos de René Guénon. Idries Shah y otros sufis contemporáneos confirman que el general fue iniciado en el sufismo... Pero ninguna de estas evidencias confirma la extraña historia narrada por el P. Martin, sino que podrían haberla inspirado.

Los intentos que realicé en los años ochenta para entrevistarme con el autor de este libro, confirmaron mi sospecha inicial de que «el Padre Martin» no existía. Era el pseudónimo de un autor muy bien documentado, que podría haber urdido toda esta historia con un propósito que parecía ir más allá de los pingües beneficios económicos que le produjeron la publicación de esta obra y su novelesca secuela.

Aunque en este extraño libro no pude encontrar la más mínima alusión al Priorato de Sión ni a sus principales ideas, resulta curioso que se publicase en 1982, meses después de que se anunciara públicamente la elección de Plantard como gran maestre de esa misteriosa organización, sobre cuya existencia se habían filtrado varias informaciones durante los años anteriores.

Era el mismo año en el cual se lanzó la edición inglesa de El enigma sagrado, el best-seller que difundió la historia apócrifa de esta misteriosa organización entre una audiencia internacional. El mismo en que quienes se esconden tras «el Priorato» realizaron una verdadera campaña de marketing para dar a conocer «su producto» al público francés.

Formaban parte de la misma el lanzamiento masivo del libro Rennes-le-Château: capital secreta de la historia de Francia, una lujosa obra editada a todo color. Sus autores, los periodistas Deloux y Bretigny, eran dos portavoces del Priorato de quienes se ha escrito que controlaban la edición francesa de Lo inexplicado, excepcional enciclopedia británica sobre temas misteriosos. También se ha escrito que quienes financiaban el lanzamiento de este mito, se habrían adueñado de la revista paranormal Nostra, en la que comenzaron a aparecer artículos que fomentaban los puntos de vista del Priorato.

En la ya mencionada entrevista mantenida con los autores de El enigma sagrado, Plantard les entregó un artículo sobre dicho libro, publicado precisamente por Nostra. En el mismo se acusaba a Martin de intentar confundir deliberadamente a «los 45» con el Priorato.

En el próximo número seguiremos analizando lo que se esconde tras esta historia.
Lo más leído
Ver comentarios

Comentarios

No hay comentarios ¿Te animas?

Nos interesa tu opinión

Revista

Portada Año Cero Enero 2020

Nº 354, Enero de 2019

Esta web utiliza 'Cookies' propias y de terceros para ofrecerte una mejor experiencia y servicio.