Civilizaciones perdidas

Seres sobrenaturales en Mesopotamia

En los antiguos mitos de Mesopotamia se hallan antecesores milenarios de toda serie de seres sobrenaturales, los que hoy conocemos como fantasmas y vampiros.

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Periodista

19 de Noviembre de 2019 (13:00 CET)

Seres sobrenaturales en Mesopotamia
Seres sobrenaturales en Mesopotamia

Los asirios, entre los años 2.000 y 3.000 a.C., recogen uno de los primeros y más antiguos mitos sobre seres sobrenaturales, más concretamente vampiros: los Ekimmu o Edimmu, que tomaban forma cuando las personas fallecían de forma prematura: a sus desdichadas almas se les negaba la entrada al inframundo –de ahí el nombre, pues ekimmu significa “el que fue atrapado”–, y ello los convertía en seres violentos y malhumorados, espíritus vengativos que, ante la imposibilidad de descansar en paz, regresaban para absorber la energía de los vivos. Los describían como seres musculosos y fuertes que podían volverse invisibles y transformarse en figuras de humo, sombras o vientos malignos, y con el tiempo fueron adquiriendo la forma de lo que más tarde sería el mito del vampiro moderno.

Aquellos que se convierten en un Ekimmu pueden ser las personas que murieron por ahogamiento, deshidratación, inanición o encerrados en prisión, así como los que tenían un funeral impropio o aquellos que murieron sin ningún pariente o alguien que cuide de sus tumbas. Campbell R. Thompson escribe en The Devils and Evil Spirits of Babylonia, que el espíritu ekimmu “no puede encontrar ningún descanso, mientras su cuerpo permanezca insepulto”.

Solían cobijarse en lugares inhabitables o desconocidos donde no había encantamientos que pudieran contenerlos

Según cita Bob Curran en Vampires: a field guide to the creatures that stalk the night, el ekimmu “se uniría a sus víctimas y les chuparía la energía hasta que sólo restara una sombra de lo que solía ser”. Existe la creencia común de que solían evitar lugares secos y desérticos y atacar a los viajeros que pasan por su hábitat, uniéndoseles en su camino o torturándolos en su hogar. Al no hallar descanso, se creía que algunos intentaba aferrarse a un ser querido o a un amigo para “demandarle ritos que le darían paz”.

Solían cobijarse en lugares inhabitables o desconocidos donde no había encantamientos o amuletos que pudieran contenerlos. La mayoría de los pueblos de la antigua Mesopotamia, babilonios, sumerios y asirios, temían a la figura del Ekimmu y tomaban diversas medidas para contrarrestar su poder sobrenatural: nunca viajaban solos y evitaban los lugares desiertos y solían recitar oraciones antes de entrar en sus hogares para evitar que los “vampiros” atravesaran el umbral. Solo los sacerdotes, hombres santos o magos podían neutralizarlos.

Existía una forma aún más temible de Ekimmus: aquellos que habían tenido una muerte violenta se convertían en Alu, seres descarnados con la piel blanquecina, costras en los labios y que además eran bebedores de sangre. Aparecían exclusivamente durante la noche, rondando a las víctimas o viajeros extraviados para alimentarse. Los asirios consideraban que la única forma de protegerse de los Alu eran el fuego o las ofrendas de carne sanguinolenta.

Junto a éstos, otros seres muy similares a los vampiros eran los Utukku sumerios –conocidos como Utukki por los acadios, que consideraban que eran siete demonios que descendían del dios del cielo Anu–, que podían ser benévolos –los Shedu– o malévolos, y los Maskin –demonios del inframundo de un orden superior capaces de echar abajo los muros de una casa y consumir todo lo que se encuentre dentro–, así como las huestes de Alal y Telal, culpables de enfermedades y pestes. Para combatirlos, en Mesopotamia se invocaba a toda una serie de dioses protectores.

Los babilonios pensaban, a su vez, que las personas que potencialmente tenían más posibilidades de convertirse en seres sobrenaturales eran las mujeres vírgenes, las que morían amamantando, los hombres solteros y malvados, cualquier persona que estuviese enterrada en una sepultura poco profunda o aquella que no fuese encerrada, y las prostitutas. En una placa descubierta en la actual Irak, la antigua Babilonia, puede leerse la siguiente inscripción, muy significativa: “Los dioses que se apoderan del hombre han abandonado sus sepulcros. Ráfagas de viento maligno provienen de las criptas para exigir el pago de rituales y verter sus libaciones, han dejado sus sepulturas, como un torbellino, toda la maldad en sus huéspedes ha surgido de las tumbas”.

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