Civilizaciones perdidas

La tumba perdida de Machu Picchu (II)

Machu Picchu fue levantada a más de 2.800 metros de altura para permanecer oculta. Por eso todavía hoy fascina. Por eso, y por lo que queda por descubrir: la tumba del Inca Pachacutec…

espacio misterio

17 de Julio de 2019 (17:20 CET)

Impactante vista de las ruinas de Machu Picchu arrancadas a la selva.
Impactante vista de las ruinas de Machu Picchu arrancadas a la selva.

Afirmaba sobre su función el descubridor oficial de Machu Picchu, el arqueólogo Hiram Bingham, que en este lugar «los nigromantes o sacerdotes mantenían comunicaciones con poderes invisibles, y sus incoherentes tartamudeos eran tomados como profecías o como revelaciones de cosas ocultas. Para tratar al enfermo, los médicos hacían uso de la huilca –planta con propiedades alucinógenas– para descubrir la causa de la enfermedad o el espíritu por quien había sido hechizado el paciente». Y no sólo eso. Es que además sus construcciones en general fueron levantadas para entrar en conjunción con fenómenos astronómicos importantísimos. El inca Garcilaso aseguraba que «para verificar el equinoccio tenían columnas de piedras riquísimamente labradas, puestas en los patios o plazas que había ante los templos del Sol; los sacerdotes, cuando sentían que el equinoccio estaba cerca, tenían cuidado de mirar la sombra que la columna hacía. Por la sombra veían que el equinoccio se iba acercando». Por otro lado, escritores como Allende, Amalfi y Gómez en su libro Lugares Sagrados, advierten que «sus templos, altares y observatorios sugieren que fue un importante centro ceremonial (…). Su epicentro es el Templo del Sol, una torre circular de piedra perfectamente lisa, cuya base forma una gruta conocida como la Tumba Real. La sofisticada estructura estaba diseñada para realizar mediciones estelares. Esta profusión de observatorios refuerza la hipótesis de que Machu Picchu era un lugar reservado a unos pocos iniciados, a quienes el conocimiento minucioso de los astros otorgaba un poder tanto espiritual como terrenal».

Escritores como Waldemar Espinoza Soriano aseguran que la ciudadela no fue construida –no sólo– con finalidad religiosa, sino como refugio  y lugar de defensa para el Inca Pachacutec y su estirpe. 

La Tumba Real… Pero, ¿y si no se tratase de una metáfora? ¿Y si en Machu Picchu aún hubiese un importante yacimiento arqueológico pendiente de ser descubierto? Eso es lo que piensan exploradores como el francés Thierry Jamin a raíz de las investigaciones del ingeniero David Crespy. Éste, en una de sus visitas a la ciudadela observó la presencia de lo que le pareció una «entrada tapada» por bloques de piedras. Convencido de que se trataba de eso lo comunicó a los arqueólogos que estaban trabajando en el santuario, pero no lo tomaron muy en serio. Por este motivo Crespy se puso en contacto con Thierry Jamin, que por aquellas fechas publicaba en Le Figaro Magazine el resultado de sus investigaciones en todo el Valle Sagrado.

Bajo estas piedras se puede encontrar la tumba perdida del último inca
Machupicchu intihuatana

Crespy le facilitó material fotográfico, y al comparar las imágenes con otras que él mismo había obtenido en el sitio de Lacco-Yavero, al norte del Departamento de Cuzco, se percató de que algunas entradas a recintos funerarios ya descubiertos eran exactamente iguales a lo fotografiado por Crespy en Machu Picchu. Tras varias visitas determinaron que «David Crespy había encontrado probablemente una entrada tapada desde hace siglos. Parecía increíble porque está ubicada al pie del Templo de las Tres Portadas, en el corazón de la ciudadela, lo que da a entender que puede ser un vano de acceso a una sepultura, pudiendo haber una cámara funeraria». Con la autorización pertinente y utilizando técnicas de resonancia, hallaron «la presencia de una escalera. Poco después, localizamos la existencia de una cavidad. En comunicación con esta primera cámara, detectamos la presencia de una decena de cavidades de forma rectangular de dos metros por uno. Además hay tres cámaras, más pequeñas, que parecen corresponder a sepulturas de niños». Es decir, una cámara que a su vez acogería otras más pequeñas. ¿Acaso se trata de la tumba perdida del último inca Pachacutec y de su familia? Ellos están convencidos de que así es. Por eso llevan años esperando a que les den los permisos para continuar con su investigación, que fue clausurada de forma tajante e inesperada hace cinco años. Pero eso no ha sido óbice para que sigan defendiendo que en Machu Picchu todavía queda algo muy importante por descubrir; quizás lo más importante que hay en la ciudadela. Y por lo que nos comentan importantes arqueólogos del país como el doctor Quirino Olivera, es muy probable que en breve haya nuevas sorpresas… Al fin y al cabo si el Gobierno peruano quiere potenciar turísticamente, tanto Choquequirao como Machu Picchu, no hay nada que tenga mayor repercusión que el descubrimiento de la última tumba perdida… 

Relacionados
Lo más leído
Ver comentarios

Comentarios

No hay comentarios ¿Te animas?

Nos interesa tu opinión

Revista

portada anocero corporativa

Nº 349, Agosto de 2019

Esta web utiliza 'Cookies' propias y de terceros para ofrecerte una mejor experiencia y servicio.