Historia oculta

Cachemira, la tumba de Isha (II)

En la capital de Cachemira, Srinagar, se encuentra un mausoleo conocido como El Rozabal al que cada día acuden miles de personas en peregrinación. Ellos creen que allí está enterrado Jesús de Nazaret…

5 de Diciembre de 2019 (13:00 CET)

cachemira tumba isha
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Atravesar los confines de Asia Central no es fácil. Por eso pensar que dos mil años atrás había quien recorría estos caminos de montaña, expuesto a un clima extremo, a asaltantes de caminos sin más fe que el beneficio de robar, dejando atrás picos como el Rakaposhy (7.790 m), el Nanga Parbat (8.126 m) o el Qogir –K2–, la segunda cumbre más alta del mundo provoca escalofríos… Porque estos caminos que ahora pisamos son los mismos que se llevan utilizando con mayor o menor fortuna desde hace siglos. Por eso sobrecoge pensar que donde ahora ponemos nuestra mano, por qué no, en un tiempo pasado la pudo posar Alejandro Magno; que donde nos sentamos para descansar pudo recostar su cabeza un exhausto Marco Polo; que por los senderos de las montañas a lo lejos pudieron cabalgar los soldados de Gengis Khan… Sí, es fácil imaginar que en esta misma fuente de aguas manantiales a más de cuatro mil metros de altitud pudo beber también, durante sus años perdidos, Jesús de Nazaret.

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Asegura Ernest Scott en su fantástico libro El pueblo del Secreto que «durante muchos siglos ha habido una extraña leyenda en el Oriente. Sugiere que en algún centro oculto, quizás en las tierras altas de Asia Central, existe una colonia de gentes que poseen poderes excepcionales. Este centro actúa, al menos en algunos aspectos, como el gobierno secreto del mundo». Esa creencia se ha mantenido durante muchos siglos, y dicho pueblo, con muchos nombres –Sangrilah el más conocido– en cierto modo motivó a que en la segunda mitad del siglo XIX el excéntrico explorador Nikola Notovich viniera hasta aquí. Conocía a la perfección las regiones norteñas de la India. Por eso en una de sus expediciones se sorprendió al oír hablar en la lamasería de Moulbek de un tal Issa que recorrió estas tierras mucho antes que el gran Marco Polo. Los datos de sus diferentes visitas habían quedado recogidos en viejos pergaminos de la lamasería de Hemis, así que, curioso como era, para allá que fue. Y de este modo descubrió que a los adoradores de Issa los llamaban la «secta de los cristianos», y que el periodo de tiempo que pasó en esta tierra culminando su aprendizaje correspondía perfectamente con los años perdidos de Jesús. ¿Cómo era posible? ¿Acaso se trataba de la misma persona? No lo sabemos, pero tal y como décadas después descubriría el explorador germano-español Andreas Faber-Käiser, hay argumentos para pensar que, por qué no, pudo ser él. En varios pergaminos hallados en la lamasería de Hemis, concretamente los correspondientes al verso 5º de la sección 4ª, dice así: «Poco tiempo después un hermoso niño nació en el país de Israel, el mismo Dios habló por boca de él». La traducción del relato continuaba después de que Issa cumpliera 13 años. «Fue entonces cuando Issa desapareció secretamente de la casa de sus padres, abandonó Jerusalén, y se encaminó con una caravana de mercaderes hacia Sindh –región del norte de Pakistán–».

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Pero hay más. Ya comentamos en una entrega anterior que el Director de los Archivos Departamentales de Cachemira, el profesor Hassnain, fue uno de los grandes estudiosos de este asunto. Él dio con un manuscrito redactado en 180 d.C. que describe la reunión entre el nazareno y el rajá cachemir: «El santo era de complexión blanca y llevaba vestidos blancos. El rajá le preguntó que quién era, a lo que repuso: “Soy conocido como el Hijo de Dios y nacido de una virgen”». Lo sorprendente es que dichos documentos aseguran que después de ser crucificado, malherido fue llevado en una caravana de mercaderes de nuevo a Cachemira. Allí pasó el resto de sus días, tuvo descendencia y a su muerte fue enterrado como un hombre santo. Y su tumba aún hoy es venerada por miles de fieles. Incluso por quienes aquí afirman ser sus descendientes…

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