Historia oculta

La tumba de San Nicolás: Papá Noel

Que el espíritu bueno de la Navidad, encarnado en Papá Noel, Santa Claus, San Nicolás… existe, ya lo sabemos, porque cada 25 de diciembre hace que la sonrisa aparezca en el rostro de millones de niños en todo el mundo. Sin embargo ahora se ha dado con su último lugar de descanso…

espacio misterio

9 de Julio de 2020 (15:55 CET)

La tumba de San Nicolás: Papá Noel
La tumba de San Nicolás: Papá Noel

Ha sido en Turquía, hace unos meses, donde los arqueólogos aseguran haber encontrado el sepulcro de uno de los personajes navideños más célebres de la historia. Concretamente bajo la Basílica de San Nicolás, en la localidad de Demre, al sur del país. Así al menos lo ha anunciado Cemil Karabayam, jefe de la Autoridad de Monumentos de la Atalaya, que es la provincia en la que se encuentra la citada ciudad. El descubrimiento se ha producido cuando el equipo de arqueólogos que trabajan en el templo, bajo un mosaico de enorme valor han visto que hay una sección hasta entonces desconocida, que a su vez contiene un relicario. Cemil ha declarado al diario turco Daily Sabah  que «el santuario no está dañado, pero es muy difícil llegar a él; será preciso extraer cada baldosa del mosaico, una a una, para evitar daños».

San Nicolás, también conocido como Santa Claus o Papá Noel, fue un santo muy querido, ya que en los textos se le reconoce una extrema generosidad, especialmente con los más pequeños y los más necesitados, que falleció en el 343 d.C y que pudo haber sido traído hasta aquí en la época de las cruzadas. Otra versión asegura que fue enterrado en la iglesia italiana de Bari, pero para los expertos el actual descubrimiento podría ser bien un demonio justiciero que disfrutaba castigando a los niños. Hasta aquí la polémica religiosa, porque evidentemente hay voces que defienden que San Nicolás es muy anterior a lo que se presupone, y que posteriormente habría sido adaptado hábilmente por la religión católica a su corpus de creencias. No en vano se ha llegado a plantear que en su génesis, este personaje no era precisamente bondadoso, sino más bien un demonio justiciero que disfrutaba castigando a los niños.

Para conocer su origen hemos de remontarnos a la obra sumeria Epopeya de Gilgamesh de hace 4.500 años, donde se habla de Enkidu: «Hirsuto de pelo es todo su cuerpo. Posee cabello de cabeza como una mujer. Los rizos de su pelo brotan como Nisabal. No conoce gentes ni tierra: vestido va como Sumuqan. Con las gacelas pasta en las hierbas, con las bestias salvajes se apretuja en las aguadas, on las criaturas pululantes su corazón se deleita en el agua». Este personaje y tras muchas vueltas a lo largo de la historia que no podemos desarrollar por cuestión de espacio, acabará siendo conocido como el Krampus, un demonio navideño que durante décadas tendrá más protagonismo que el mismísimo Santa Claus. Asegura el escritor Iván Mourín que «a principios del siglo XIX, en Austria y Alemania se adquirió la costumbre de regalar postales navideñas cuyo protagonista era el Krampus, encargado de felicitar las fiestas firmando éstas con un “GrußvomKrampus” (“Saludos del Krampus”). Existían de varios tipos: humorísticas, en donde el diablo podía aparecer bailando, gastando bromas, o compartiendo vehículo junto a San Nicolás; picantes, con mujeres en enaguas, subidas en escobas (¿tal vez brujas?), o secuestradas, en posturas insinuantes; y las directamente amenazantes, con el Krampus empujando a niños llorosos, arrastrándolos por el pelo, o cocinándolos mientras mostraba la lengua larga hasta el ombligo».

Para Mourín, San Nicolás también podría proceder de un personaje fundamental en las sagas nórdicas: «Odín el Errante, dios de la mitología nórdica, era uno de los miembros que lideraban el Åsgårdsreia (la Gran Cacería Salvaje), donde otros dioses y espectros surcaban los cielos en sus monturas, en una brutal persecución acompañada por tormentas. En los descansos de los días de solsticio invernal, aquellos niños que daban alimento a Sleipnir, el caballo de ocho patas del dios, eran premiados por este último, mientras los que ignoraban la presencia del animal eran severamente castigados.

De ahí la creencia de que la versión navideña de San Nicolás sea una derivación de Odín, así como la adquisición de la costumbre de dejar alimento para los animales que transportan al santo, como sucede también con los camellos de los Reyes Magos». Como vemos, todo está inventado…

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