Lugares mágicos

Delfos, uno de los secretos de la Grecia más misteriosa

Si hay un oráculo que haya traspasado la barrera de los siglos, ese es sin duda Delfos, el misterioso ombligo del mundo, centro religioso de la antigua Grecia.

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Periodista

28 de Octubre de 2019 (17:05 CET)

Delfos, los secretos del ombligo del mundo
Delfos, los secretos del ombligo del mundo

Y éste es precisamente uno de los platos fuertes del fascinante viaje que Espacio Misterio organiza a finales de diciembre de 2019, en Navidad, a los enclaves mágicos más inquietantes de Grecia*, un recorrido sorprendente y novedoso como nunca antes habías realizado, y en el que aún quedan plazas libres. 

El descubrimiento de Delfos fue harto dificultoso, pues apenas quedaba rastro del oráculo y su enorme complejo arqueológico. El redescubrimiento de Delfos se produjo trece siglos después de que la Pitia pronunciase la última sentencia oracular. En la primavera de 1676, el científico inglés George Wheeler y el investigador francés Jacques Spon, desembarcaron en la bahía de Itea, teniendo como única referencia las descripciones de los viajes de Pausanias, redactadas casi mil quinientos años antes. La primera noche, que pasaron en Anfisa, el tabernero del lugar les habló de unas antiguas ruinas sobre las que entonces se elevaba el pueblo de Kastri. Una vez allí, bajando la montaña, en el desfiladero de Papadia, se encontraba un pequeño monasterio. El suelo de la iglesia estaba cubierto de antiguas piedras talladas, en algunas de las cuales se podían apreciar caracteres del alfabeto griego.

Wheeler consiguió descifrar seis letras: D-E-L-F-O-I... se hallaban ante lo que antiguamente había sido el mayor oráculo conocido. Sin embargo, a pesar del descubrimiento, no se realizaron excavaciones.

Pasados dos siglos y siguiendo la pista de los pioneros, en 1840 el arqueólogo alemán Karl Otfried Müller excavó en el lugar y descubrió entre las casas del poblado una parte del gran muro poligonal del recinto del santuario. Empezaron entonces los tratos para trasladar la población de Kastri y en 1881 hubo una convención entre el gobierno griego y el francés, muy interesado en los hallazgos, para expropiar, trasladar y reconstruir el nuevo emplazamiento, la actual Delfí. Los ciudadanos se quedaron sin su antiguo hogar pero la humanidad redescubrió uno de los enclaves más fascinantes del mundo antiguo gracias a una gran actividad arqueológica dirigida por el jefe de la Escuela Francesa de Arqueología de Atenas, Théophile Homolle, que desenterró parte de las viejas edificaciones y encontró numerosos tesoros y monumentos que hoy forman parte del museo de Delfos.

Yendo a lo que nos interesa, cómo era el santuario en la antigüedad y qué ritos se practicaban allí, el oráculo se trataba de un gran recinto sagrado dedicado principalmente al dios Apolo, aunque también se rendía culto a Atenea Pronaia y durante el siglo V a.C. a Asclepio. El templo de Apolo, en el centro del enclave, era el más imponente y relevante y a él acudían los griegos para preguntar a los dioses sobre cuestiones relevantes, para que les vaticinara el futuro. Estaba situado en el emplazamiento de lo que fue la antigua ciudad de Delfos, al pie del monte Parnaso, consagrado al propio dios y a las musas, en medio de las montañas de la Fócida.

La Pitia de Apolo

La Pitia o Pitonisa era un personaje fundamental en el funcionamiento del oráculo. Se sabe que la elección de este personaje se hacía sin distinción de clases, aunque a la candidata se le pedía que su vida y costumbres hubiesen sido irreprochables. El nombramiento era vitalicio e implicaba vivir para siempre en el santuario. Aunque la Pitia era una, en los momentos de mayor auge del oráculo fue necesario nombrar hasta tres para poder atender las numerosas consultas que se realizaban a los dioses.

Los consultantes se entrevistaban un día antes del oráculo con la Pitia, y este se celebraba un día al mes, concretamente el día siete, que se consideraba fecha del nacimiento de Apolo. Los consultantes, de todo el escalafón social, desde reyes a personas pobres, debían en primer lugar ofrecer un sacrificio en el altar situado delante del templo, después pagar las tasas correspondientes y por último presentarse ante la Pitia y realizar sus consultas -al parecer de forma oral-.

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Aunque el ritual permanece rodeado de sombras, gracias a los autores clásicos sabemos que la Pitia se sentaba en un trípode situado en el aditon, al fondo del templo de Apolo Pitio. Lo más sorprendente de Delfos es el gran número de "aciertos" que tuvo el oráculo y que lo hicieron famoso no solo en su tiempo, sino muchos siglos después de su desaparición. Se sabe que la Pitia entraba en trance, y según autores cristianos que pretendían desacreditar la creencia en este reducto del paganismo, lo que la hacía penetrar en un estado de embriaguez y desesperación "con grandes tiritonas, desgreñada y arrojando espuma por la boca" eran unos gases tóxicos que emanaban de una grieta que se hallaba en el trípode sobre el que se sentaba, esto "unido a la masticación de hojas de laurel", según recogieron autores como Orígenes o San Juan Crisóstomo. Sin embargo, hasta el día de hoy no se ha podido demostrar que aquello fuera realmente así y que los "vaticinios" de la sacerdotisa se debieran a un estado alterado de conciencia que pretendía engañar a los consultantes.

Una de las más célebres respuestas -y supuesto acierto- del oráculo de Delfos fue la dada a Creso (560-546 a.C.), último rey de Lidia, quien, según Heródoto y Cicerón, envió una consulta al oráculo antes de decidirse a invadir el imperio persa; el monarca quería saber si era un momento propicio para iniciar la ofensiva. El oráculo parece que le dijo: "Creso, si cruzas el río Halys -que se halla en la frontera en Lidia y Persia-, destruirás un gran imperio". El soberano lidio interpretó que era una respuesta favorable a la invasión, creyendo que ese "gran imperio" que caería sería el de los persas, pero se equivocó: el oráculo se refería al suyo, y Lidia pasó a manos de los enemigos. Las respuestas de los oráculos, no solo en Delfos, solían ser ambiguas y había que interpretarlas en el sentido adecuado.

En cuanto al nombre de la Pitia, que pasó a ser conocida umversalmente como la Sibila, la tradición cuenta que así se llamaba la primera de las pitonisas que realizó sus servicios en Delfos, por lo que el nombre se generalizó y pasó a ser nominativo de esta profesión -célebre fue también la llamada Sibila de Cumas-; se creía que las sibilas procedían de Asia y fueron las que sustituyeron a las primeras Pitias.

Ya hemos apuntado que el primero que recogía información sobre cómo era en la antigüedad el recinto sagrado fue Pausanias, en el siglo II a.C., descripciones confirmadas por las excavaciones arqueológicas. No obstante, Pausanias estaba muy influido por las leyendas locales y la mitología, y recogió en sus escritos que los tres primeros templos del complejo fueron construidos uno con laurel, otro con cera de abeja mezclada con plumas y el tercero de bronce.

Allí se hallaba uno de los espacios más importantes para los antiguos griegos: el ónfalo, el ombligo del mundo

Al parecer, una cerca sagrada cuyo nombre era períbola rodeaba todo el santuario. En la esquina sur oriental del complejo comenzaba la vía sacra, que, serpenteando, conducían hacia la cima de la montaña dejando a sus lados pequeñas edificaciones conocidas como tesoros, pequeñas capillas donde se guardaban los ricos exvotos y donaciones de los consultantes -existían distintos complejos, como el llamado "Tesoro de Siracusa", el Tesoro deTebas", el 'Tesoro de los Atenienses"...-; el consultante también pasaba por delante del estadio y diversos monumentos de gran valor, muchos de ellos donados por los grandes mandatarios que enunciaron sus preguntas al oráculo.

En la terraza que se extendía justo delante delTemplo de Apolo, se hallaba el altar de los sacrificios. En el enclave sacro se encontraba uno de los espacios más importantes para la cultura helénica: el ón-falos, el ombligo del mundo, una piedra en forma de medio huevo -hallada durante las excavaciones cerca del Templo de Apolo-, que simbolizaba el centro, el lugar donde empezaría la creación del mundo. Según la leyenda, en tiempos inmemoriales Zeus mandó volar a dos águilas desde dos puntos opuestos del Universo, y estas, finalmente, se encontraron en el lugar donde se levantaba el ónfalos, al que rendían culto todos los griegos que visitaban el oráculo.

El declive del conjunto comenzó en el siglo I a.C. y continuó hasta el siglo III de nuestra era, perdiendo prestigio y consultantes, aunque los emperadores romanos continuaron manteniendo una regular correspondencia con el oráculo. Como hiciera Alejandro con Siwa, el emperador Adriano también visitó Delfos, y en el lugar ordenó levantar una espectacular estatua en honor de su favorito Antínoo, quien había muerto ahogado en el Nilo en extrañas circunstancias. Después, el enclave fue siendo paulatinamente destruido por las inclemencias del tiempo y saqueado. En el siglo III, godos, bastamos y hérulos destruyeron algunas estatuas y el resto se vino abajo tras el edicto del emperador romano Teodosio, con el que este, que había abrazado con fervor el cristianismo, pretendía acabar con todos los ídolos del paganismo. El magnífico oráculo de Delfos, que en su día había sido centro de peregrinación y el núcleo del mundo clásico en el arte de la adivinación del futuro, cesó su actividad el año 390, dejando enterrados numerosos secretos acerca de la actividad de sus sibilas, de las respuestas que, como Dodona o Siwa, había dado a grandes gobernantes, y un misterio que, a día de hoy, continúa siendo tan profundo como el propio designio de lo que nos espera a cada uno de nosotros.

Sea cual sea ese destino, de lo que no cabe duda es de que aún puedes dar la bienvenida al año 2020 desde este lugar de maravillosos designios… ¿te apuntas? 

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Portada Año Cero Noviembre 2019

Nº 352, Noviembre de 2019

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