Lugares mágicos

El culto del hombre pájaro

En diversas tradiciones del mundo antiguo han existido divinidades aladas, pero en pocos lugares como en Pascua hubo un culto ceremonial tan elaborado y complejo como el del hombre-pájaro. Los numerosos petroglifos allí esculpidos no son los únicos conocidos: otros muchos encontrados en el continente australiano hacen pensar en un culto similar que se remonta a la prehistoria.

18 de Noviembre de 2009 (10:11 CET)

El culto del hombre pájaro
El culto del hombre pájaro
El pueblo ceremonial de Orongo es uno de los lugares más fascinantes e importantes de Isla de Pascua. Se encuentra situado en lo alto de los escarpados acantilados de Rano Kau y ofrece unas vistas impresionantes de los islotes Motu Kao Kao, Motu Itic y Motu Nui", explica Paul Horley, de la Universidad Nacional Yuri Fedkovych Chernivtsi. Sin duda, el lugar no puede ser más inspirador para uno de los cultos más extraños que se conocen: el del hombre-pájaro.

Petroglifos de hombres-pájaro

En tiempos pasados, en el recinto sagrado de Mata Ngarau, centro ceremonial de Orongo, se celebraba la famosa competición anual del hombre-pájaro en la que los hombres rongo-rongo cantaban sin cesar. La extraordinaria resonancia del lugar amplifica el poder sobrenatural del recinto sagrado, pero más impresionantes aún si cabe son las rocas donde se asientan las antiguas construcciones, y no sólo porque sean de basalto natural. En su interior o junto a las mismas pueden contemplarse numerosos petroglifos con un elevado número de imágenes de hombres-pájaro con largos y encorvados picos. Algunas de estas muestras de arte rupestre han estado mucho tiempo ocultas a la vista por las paredes o techos de los refugios, pero actualmente todas ellas han sido recuperadas y pueden contemplarse en su totalidad.

La arqueóloga Georgia Lee, de la Easter Island Foundation, llevó a cabo un trabajo de campo en Pascua que recogió en su obra Rock Art in Easter Island (1992).En el mismo explica que a finales del siglo XIX, cuando los primeros exploradores elaboraron esquemas de los petroglifos, uno de los diseños del hombre-pájaro más grandes estaba tan tapado por un muro que apenas se veían los dedos de los pies. Sin embargo, a medida que los chamizos se iban hundiendo las "imágenes" iban saliendo a la luz: una foto tomada por la etnógrafa británica Katherine Scoresby casi 20 años después, en 1914, muestra la misma pared pero esta vez con el pie del hombre-pájaro y un grabado con forma de abanico detrás del talón.

Dadas las condiciones del lugar, parece natural que los nativos eligieran Mata Ngarau para celebrar sus ceremonias en honor del hombre-pájaro. Pero, ¿qué les impulsó a adorarle? ¿Les inspiraron la gran cantidad de aves que había en la zona?
La existencia de tan elevado número de grabados rupestres dedicados al hombre-pájaro pone de relieve la importancia de un culto sobre el cual poco sabríamos en la actualidad de no ser porque a principios del siglo XX Katherine entabló contacto con los pocos nativos supervivientes participantes en las últimas ceremonias del hombre-pájaro, que habían tenido lugar hasta poco más de dos décadas antes de la llegada de la etnógrafa a la isla. Con el material recopilado escribió una serie de ensayos dedicados al extraño culto, que serían publicados en Folklore Journal y en The National Geographic.

El culto del hombre-pájaro en Orongo se había terminado hacia 1880 debido al lento declinar de los habitantes y su cultura a raíz del contacto con el exterior, según se explicará más adelante. Así pues, cuando otros investigadores contemporáneos se interesaron por dicho culto, ya no había nativos que pudieran informarles de los ritos de sus antepasados, que al parecer habían llegado a Pascua entre el 100 y el 300 d.C.

Jo Ann Van Tilburg, la principal biógrafa de Routhledge, ha accedido a los voluminosos informes en los archivos de la Royal Geographical Society de Londres y en relación con ese legado cultural ha señalado: "Routhledge salvó recuerdos extremadamente fragmentados de las tradiciones isleñas que de otro modo se habrían perdido". Desgraciadamente, Routhledge murió en 1935 de una supuesta enfermedad mental y sin haber terminado de completar un informe más científico de la expedición que hizo a Pascua con su esposo y que duró desde marzo de 1914 hasta agosto de 1915.

Isabela Herranz

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