Lugares mágicos

Montañas sagradas de Cataluña

Cataluña es uno de los territorios con mayor potencial esotérico de la geografía occidental, en general. Gracias a su excepcional emplazamiento entre el Pirineo, al norte, y el curso inferior del Ebro, al sur; y desde el valle del Noguera Ribagorzana, al oeste, hasta el Mediterráneo, al este y, por supuesto, a su benigno clima, ha sido tierra de acogida de pueblos y culturas desde la antigüedad. Particularmente sus montañas, plenas de fuerza telúrica y mistérica.

26 de Marzo de 2014 (19:36 CET)

Montañas sagradas de cataluña
Montañas sagradas de cataluña

El establecimiento de estas singulares cumbres en espacios sagrados por las primeras civilizaciones se remonta a la noche de los tiempos, mucho antes de que las primitivas culturas concibieran el concepto de unidad tribal, porque, por encima de todo lo conocido por el ser humano, estaba el sentimiento hacia los poderes divinos, donde los astros (sol, luna y estrellas) tuvieron un papel preponderante. Mas necesitaban de unos lugares elevados para aproximarse al Cosmos, y cuando no había estas cimas sagradas, hubo que crearlas (como fue el caso de los zigurats en Mesopotamia).

Pero el mundo occidental disponía en abundancia de estos altares sagrados naturales, a donde ascendía el chamán o druida, para rendir culto a las divinidades (en las cimas, para los dioses, y en las grutas de las laderas, para las diosas; por ello, muchas de estas entradas recuerdan el acceso a la vagina de la mujer). Al hacerlo, el iniciado alcanzaba la dimensión sobrenatural, y recibía los mensajes que él sólo sabía interpretar para trasladar a su pueblo. Recuerdo la frase que pronunció Juan García Atienza en una ocasión: «El monte forma parte de la tierra, y en la religión natural, la primera que la humanidad aceptó como intento de comunicación con lo desconocido, el monte vino a ser como la antena tendida por la Diosa Madre para establecer contacto con el sol fecundador que le permitía generar la vida en su seno y conservarla». Pero la fuerza no radica sólo en la cumbre en sí, porque todo el entorno que envuelve a la cima también se beneficia de su sacralidad, y las civilizaciones pasadas, que eran muy sabias, conocían muy bien este concepto. Por ello, como veremos a continuación, son numerosos los testimonios monumentales que se enriquecen de la energía telúrica que mana bajo las entrañas de estos santuarios sagrados.

ALTARES GIGANTESCOS

Muchas de estas montañas tienen su cima en forma aplanada, como un gigantesco altar de piedra, sobre las cuales los sacerdotes de civilizaciones prehistóricas y antiguas alzaron sus rezos a las divinidades. Pero otras montañas son de perfil puntiagudo, en forma piramidal. En todos los casos, al alcanzar su cumbre, a pesar del esfuerzo físico realizado, experimentamos una intensa sensación de plenitud, de paz y armonía interior, que hacen sentirnos liberados de inmediato del cansancio, al vernos amparados por la Diosa Madre, al tiempo que nuestras pupilas tienen la felicidad de contemplar un paisaje que supera los límites del tiempo y del espacio, mientras recibimos en nuestro interior mensajes de los sacerdotes de religiones precristianas, que, como los druidas celtas, tanto contribuyeron a la transmisión cultural de los pueblos … (Continúa en AÑO/CERO 285).

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