Lugares mágicos

SANTO ANTÂO: ENCUENTROS CON LO IMPOSIBLE

Pablo VillarrubiaSituada en medio del Océano Atlántico, la isla de Santo Antão –perteneciente al archipiélago de Cabo Verde– es uno de los lugares más aislados y remotos del planeta. Cuando los navegantes portugueses la descubrieron en 1462, se encontraba deshabitada, pero hoy en día pisan su superficie unos 17.000 habitantes, muchos de los cuales han sido testigos de la aparición de enigmáticas entidades que, en ocasiones, han intentado secuestrarlos. Otros han sufrido las agresiones de criaturas espectrales o han avistado OVNIs. El autor del presente reportaje ha viajado a este lejano territorio para investigar in situ tan desconcertantes incidentes.

22 de Marzo de 2013 (17:32 CET)

SANTO ANTÂO: ENCUENTROS CON LO IMPOSIBLE
SANTO ANTÂO: ENCUENTROS CON LO IMPOSIBLE
Con unos 40 kilómetros de longitud y 20 de ancho, la superficie de ésta antigua colonia lusitana está cubierta por abruptas montañas de origen volcánico, en cuyos valles escarpados residen, según los nativos, espíritus y demonios. Viajamos a la isla con el objetivo de grabar un reportaje para el programa Cuarto Milenio (Cuatro TV), pues hasta entonces nadie había llevado a cabo una labor de recopilación de sucesos OVNI y de índole paranormal. Nuestra expedición llegó a Santo Antão en un ferry procedente de la isla de São Vicente, puesto que el pequeño aeropuerto que existía antaño, dejó de funcionar por los fuertes vientos y los continuos problemas de la vieja pista de aterrizaje. Los 17.000 habitantes de Santo Antâo están repartidos por varias aldeas y, sobre todo, en los dos principales pueblos, Porto Novo y Ribeira Grande.

Nada más pisar la isla, entablamos contacto con el periodista local Manuel João Nascimento, corresponsal de la revista A Semana, quien nos puso sobre la pista de un «expediente X» en toda regla. El reportero nos llevó hasta la casa de una familia que habitaba en la aldea de Dogoi (municipio de Ribeira do Figueiral), en el centro del escarpado islote. En 1998, su hogar había sido escenario de escalofriantes fenómenos paranormales. Allí encontramos a María Rosa do Rosário y a su hija, Tomásia María do Rosário.

Las dos humildes campesinas apenas hablaban portugués, sino que se comunicaban el dialecto criollo oriundo del lugar. En el patio de la casa, Tomásia nos contó cómo había empezado todo: «Yo vivía en una habitación en la parte de arriba de esta casa, que es de mi madre. El primer día aparecieron guijarros volando por los aires, pero no se veía de dónde venían. Siempre acababan golpeando contra esta puerta verde –dijo señalando un humilde portón, cubierto de muescas provocadas por los impactos– donde duerme mi hermano, que ahora está fuera. Con el tiempo, descubrimos que las mismas piedras que nosotros habíamos arrojado al fondo del riachuelo cercano, eran las que volvían volando para caer tanto dentro como fuera de la vivienda». Y remató su narración con una sentencia: «Aquello fue obra del demonio»… (Continua en AÑO/CERO 272).


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