Parapsicología

El retorno de las «caras»

A finales de septiembre, pocos meses después del fallecimiento de María Gómez Cámara, dueña de la «Casa de las Caras» de Bélmez,un equipo de la SEIP que investigaba el popular rostro conocido como «Pava», descubrió en un inmueble situado en la calle Cervantes de esta localidad jienense 21 nuevos rostros que han despertado el interés de los medios de comunicación y de la sociedad en general.

1 de Enero de 2005 (00:00 CET)

El retorno de las «caras»
El retorno de las «caras»
Frente al número 5 de la calle María Gómez Cámara una multitud espera su turno para entrar en la casa de las caras. Vienen de todas partes atraídos por las últimas noticias, según las cuales, las teleplastias que dieron fama a Bélmez de la Moraleda continúan más vivas que nunca.
–¿Seguirán como siempre?, le pregunto a Felipa, la sobrina menor de la difunta María Gómez, que camina a mi lado.
– Desde que salieron en mi casa no he vuelto a ir – me confiesa-–. Por lo menos, ahora se distinguen bien tres o cuatro.

En efecto, desde que a finales de septiembre un equipo de la SEIP (Sociedad Española de Investigaciones Parapsicológicas) descubriera 21 nuevos rostros en un inmueble de la calle Cervantes, toda la atención gira en torno a los fenómenos de esta otra casona que hoy sólo se abrirá para nosotros.
– Durante el fin de semana pasado –me asegura Felipa– yo creo que desfilaron por aquí unas mil personas. O tal vez más.

No hay duda. La fina capa de cemento que sirve de lienzo para el misterio está muy deteriorada. Aunque los investigadores de la SEIP tuvieron la precaución de delimitar y proteger con cuerdas las zonas más próximas a las paredes, no pudieron evitar la destrucción de la parte central del suelo. Afortunadamente, en las esquinas todavía es fácil reconocer algunos de los rostros que ya se han hecho populares a través de los medios de comunicación. «La calavera», «la abuela», «el guardia civil» o «el Jesucristo», por citar sólo algunos de ellos.

Sueño premonitorio

En la nueva casa, cerrada hasta entonces a cal y canto, nos da la bienvenida Ana Gómez, la hermana de Felipa. Estamos ansiosos por subir y contemplar en vivo los nuevos rostros. Ana, sin embargo, tiene ganas de hablar: «Mi hermana le dijo a ellos (a Pedro Amorós y Pedro Fernández) que vinieran a investigar porque había tenido un sueño». En él, su difunto padre se le aparecía y le llamaba la atención sobre esta casa.
«Como aquí es donde mi tía estuvo hasta que se casó –precisa Felipa–, yo pensé que a lo mejor podían grabar alguna psicofonía». Y así fue. Alrededor de las doce de la noche del pasado 21 de septiembre, Pedro Amorós acudió a la casa y cuál no sería su sorpresa al constatar que la última habitación tenía el suelo de cemento. «Empezamos a buscar caras –declara Amorós– y de repente encontramos en uno de los rincones una cara objetiva. Alterados por lo que habíamos visto, procedimos a hidratar el suelo y las caras empezaron a dibujarse. A las cuatro horas, cuando el suelo se secó, los rostros se destacaron nítidamente».

Los expertos lo han dicho por activa y por pasiva. La humedad es el aporte que necesitan las teleplastias para aflorar; el cemento actuaba como lienzo y María Gómez aportaba el psiquismo para la formación de los rostros. Claro que, si ahora María no está, ¿quién aporta esa energía psíquica capaz de materializar las caras?

¿Manifestación trascendente?

El interrogante es incómodo de responder. Resulta fácil y hasta sugestivo achacar el misterio a los espíritus de la familia, pero los parapsicólogos siguen manteniéndose escépticos. «La teoría de los muertos no me convence para nada –confiesa el investigador Lorenzo Fernández–. Si tengo que buscar algún argumento, será en relación al hecho de que en este lugar también habitó María Gómez probablemente durante el período más traumático de su vida, es decir, su adolescencia. Posiblemente –concluye–, aquí quedó una especie de impregnación».

En la misma línea se manifiesta el parapsicólogo mallorquín Joan Tintó: «Este fenómeno no tendría que existir –dice–. Si nos guiamos por las hipótesis convencionales de la parapsicología, las caras no deberían estar ahí. Cualquier fenómeno paranormal es la consecuencia de cierta tensión o cierta crisis en el psiquismo de una persona que se manifiesta de modo extraño, pero externo. Claro que, si María está muerta, ¿dónde está el sujeto que lo provoca?».

Otro investigador, Luis Mariano Fernández, no puede por menos que encontrarle ahora un sentido a «algunas de las frases que María me dijo desde su cama del hospital dos o tres días antes de morir: ';Me meterán en un ataúd y saldré de mi casa… pero mis caras irán detrás'. Me da la impresión de que María estaba intranquila cuando murió…»
En cualquier caso, parece claro que las caras están vinculadas a María. Ya no sólo porque en la nueva casa se han obtenido algunas psicofonías que la mencionan, ni porque alguno de los rostros tenga gran similitud con el de ella (ver artículo de J.M. García Bautista), sino porque esta casa la vio nacer y fue su hogar hasta los 22 años de edad. María dormía precisamente bajo el suelo que ahora sirve como lienzo de los nuevos e inquietantes rostros.

Entonces parece lógico preguntarse: ¿por qué está sucediendo precisamente ahora?
Resulta significativo comprobar que, tras el fallecimiento de María Gómez el pasado mes de febrero, la casa de las caras, la de la calle Rodríguez Acosta, permaneció inusualmente cerrada a los medios de comunicación, investigadores y público en general. Esta actitud guarda relación con el interés mostrado por el ayuntamiento de la localidad de adquirir el inmueble para convertirlo en museo. Pero las cantidades ofrecidas no agradaron a los hijos e hijastros de María, quienes, a partir de entonces, pusieron trabas a los investigadores para entrar en la casa y comenzaron a pedir dinero a los medios que pretendieran informar del suceso. Y seis meses después… el fenómeno cambia de domicilio. Es como si María –siempre dispuesta a abrir su casa a los curiosos–, quisiera desde la tumba mostrar su disgusto llamando la atención sobre la necesidad de proseguir el estudio de las caras.

El nuevo escenario

La casa es grande y vetusta. Posee tres plantas. Y es en el suelo de la última, que es de cemento, igual que el de la original, donde aparecieron los inquietantes rostros. En su mayor parte se trata de perfiles, fáciles de observar y de tamaños muy distintos. Nadie podía imaginar que en un lugar tan cercano a la casa de María pudieran producirse los mismos fenómenos. «La vivienda había permanecido vacía hasta entonces», me asegura Felipa. Cierto es que, mucho antes, había estado alquilada a una pareja de inmigrantes, a quienes los investigadores tratan de localizar ahora porque, según algunos rumores, ellos habrían obtenido un par de curiosas fotografías mediante uno de esos teléfonos móviles provistos de una cámara. Sobre la primera podía verse una cara en la superficie de una camiseta blanca. En la otra, aparecía sobre una pared de la casa. Los datos –según explica Amorós–, no han podido ser comprobados y puede que se trate de rumores sin fundamento.

Con la ayuda de una vara, a modo de improvisado puntero, Amorós señala un rostro, luego otro, y luego otro más. Están por todas partes. Mudos… o quizá no tanto. Porque las psicofonías obtenidas por los expertos de la SEIP son también inquietantes, y en ellas parecen escucharse frases como: «Haz un pozo», «María Gómez»… Y también han tenido lugar fenómenos extraños como el desplazamiento de una silla ¡más de treinta centímetros!. O la sensación de ser rozados por «algo» mientras estaban en la casa.

Amorós ha contactado con la Universidad Politécnica de Madrid con objeto de analizar «lo que quede» y descartar así la manipulación química del cemento. De hecho, los miembros de la SEIP han realizado una lechada de cemento en los bajos de la vivienda y precintado la estancia hasta el 12 de noviembre. A la hora de cerrar esta edición, aún ignoramos los resultados.

Voces críticas

Y es que, aunque la buena fe de Ana y Felipa está fuera de toda duda, los parapsicólogos quieren dejar bien cerrados todos lo flecos, especialmente después de que se hubieran alzado algunas voces críticas que, si bien no acusaban de fraude alguno, sí decían cómo conseguir efectos similares a la aparición de los rostros.
«Como tantos otros niños –explica Francisco Máñez a través de su página en Internet– cuando era pequeño jugaba con mis amigos en la calle. Existía un paseo dividido en dos por una acera central. Allí había una fuente del ayuntamiento y una toma de agua para «la tía gorda» (el camión que regaba las calles). Esta toma de agua era un tubo metálico bastante alto, al final del cual se le acoplaba una manguera de goma, que al ser elástica permitía a los hombres del camión ajustarla para rellenar la enorme cisterna. Aquella manguera –explica–, era nuestra principal atracción. Nos colgábamos de ella, pisoteábamos el charco etc., Luego mirábamos las manchas de humedad buscando caras o figuras y para que el resto de los amigos vieran lo que estabas viendo, las remarcábamos con la propia agua del charco. Usábamos los dedos, las camisetas en ocasiones, y sobre todo, las espigas que arrancábamos de los solares cercanos».

Según Máñez, las figuras remarcadas permanecían visibles varias horas, y algunas todavía lo eran al día siguiente. «Al mojar más una zona concreta, el agua que se encontraba bajo el paseo las ';alimentaba' impidiendo que se secaran con rapidez; el sol secaba el resto de la mancha y dejaba el dibujo aunque, claro, con algunas modificaciones»
El investigador valenciano intuye que mediante algunos de los ingredientes descubiertos en los análisis de Bélmez, tales como vinagre, ceniza o aceite, los efectos pueden hacerse más duraderos.

Claro que esto no explica por qué las caras se mueven, o aparecen y desaparecen sin ese aporte hídrico, a pesar de que, por ejemplo, en el caso del número siete de la calle Cervantes, se encuentren a pleno sol…
Lo cierto es que las nuevas imágenes han restado protagonismo a la casa de las caras de siempre. Miguel Pereira, hijo de María, ha vuelto a abrir sus puertas dando paso a los curiosos y brindando de nuevo a los medios informativos la oportunidad de filmar los rostros. ¿Será ese el propósito de los nuevos fenómenos? Sólo el tiempo nos dará la respuesta.
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