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LOS DIOSES ESTELARES

22 de Junio de 2009 (11:52 CET)

Enrique de VicenteCuando proponemos que en tiempos remotos la Tierra fue visitada por seres de otros mundos, nos basamos en numerosas evidencias que carecen de explicación en el marco histórico convencional. Comenzando por los conocimientos asombrosos, de orden muy diverso, poseídos por egipcios y otros muchos pueblos. Y acabando con esa obsesión por ciertas estrellas y constelaciones, con las que culturas muy alejadas entre sí identifican a sus dioses y que les llevó a orientar hacia las mismas sus prodigiosas construcciones: las Pléyades, Sirio u Orión, de cuyas tres estrellas centrales serían una representación de las tres pirámides de Giza. Pasando por el descubrimiento de tecnologías y objetos inexplicables, y por diseños artísticos que podrían representar astronautas o naves especiales.Pero mientras que estos últimos serán siempre materia de interpretación, las anteriores incógnitas podrían entenderse como la herencia de civilizaciones muy avanzadas, que fueron barridas por catástrofes. Por ello, deberíamos buscar rastros de dichas visitas extraterrestres en los mitos y en los remotos escritos, que se hacen eco de quienes fueron testigos de las mismas. El principal problema es la escasez de fuentes documentales, debida a la sistemática destrucción de éstas que tuvo lugar.Ciertamente, encontramos descripciones muy reveladoras de sus dioses celestes y de la tecnología que manejaban, en antiguos textos sánscritos, chinos o de otras civilizaciones, aunque tampoco éstas se libraron de sucesivas purgas culturales orquestadas por muchos de sus dirigentes. Pero aún más interesantes son las tablillas encontradas en Mesopotamia, que detallan las andanzas de los dioses-instructores y de sus descendientes, quienes se convirtieron en los primeros gobernantes de las civilizaciones medio-orientales. Como detallaremos próximamente, éstas coinciden con los breves fragmentos de antiguos historiadores que han llegado hasta nosotros y con las listas y andanzas de los primitivos reyes divinos egipcios o de los patriarcas bíblicos antediluvianos. Sin olvidar numerosas sorpresas filológicas, como la que descubrimos en la denominación Nephilim, que en la Biblia y otros escritos judíos (en los que ésta se traduce como «los Caídos») reciben los gigantes que provocaron el Diluvio y aún sus progenitores, los Vigilantes o hijos de Dios que se unieron a las hijas de los hombres y les iniciaron en la civilización: en arameo, Nephilim significa seres procedentes de Orión.
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