Viajes y Congresos

Rep. Checa y Eslovaquia: crónica de un viaje inolvidable

A finales del pasado mes, del 24 al 31 de agosto, nos aventuramos en un viaje inigualable para descubrir los misterios que esconde la República Checa y Eslovaquia. ¡Te contamos cómo lo vivimos!

28 de Septiembre de 2019 (09:55 CET)

Praga, la ciudad imperial, alquímica, comunista, la cuna del art nouveau, la casa de Kafka, el paraíso de los amantes de la absenta… es tan carismática que engulle sin pudor al resto del país. Por eso el viaje de verano 2019 de www.rutasmisterio.es ha sido revelador. Hemos tenido la oportunidad, junto a un buen nutrido grupo de viajeros con los que sin dudarlo nos iríamos al fin del mundo, de recorrer algunos de los rincones más desconocidos de la República Checa y de Eslovaquia con la tranquilidad que otorga la soledad ya que el turista al uso jamás se acercaría, por ejemplo, al espectacular museo de la alquimia, una cápsula del tiempo que fue descubierta en el año 2002 cuando las aguas del Moldava se desbordaron, inundando esta parte de la ciudad vieja. Fue entonces cuando la pared del salón de una de estas casas cedió, descubriendo una entrada al siglo XVI que se hundía en las entrañas de la tierra. Y allí, oculto por los siglos, un laboratorio de alquimia de la época de Rodolfo II con todos sus utensilios. 

No fue la única sorpresa. Más allá de realizar las visitas protocolarias al puente de Carlos, al palacio imperial o al callejón de los alquimistas, después de cenar en las cervecerías más antiguas de Chequia nos dirigimos en dos grupos a dos lugares que casi nadie pisa: la ciudad subterránea a la que se accede por un portón que hay tras el célebre reloj astronómico, y el cementerio de Bohnice, un lugar oscuro y alejado de Praga que sirvió como punto de descanso eterno para los enfermos mentales que fueron maltratados en el cercano hospital psiquiátrico. Toda una experiencia, ya que ambos son puntos calientes en los que se producen una enorme cantidad de sucesos aparentemente inexplicables. Con la tensión acumulada de ambas noches al día siguiente visitamos la espectacular colina embrujada de Vysehrad y su excéntrico cementerio, el más bello del planeta y donde cada tumba es una obra de arte, para por la noche navegar las aguas del mítico Moldava, desde cuya perspectiva la ciudad de Praga parece estar envuelta de un constante hechizo… 

Los siguientes días serían intensos. La visita al extraordinario osario de Kutna Hora, tan indescriptible que es mejor contemplar las fotografías, o el castillo de Houska, una fortaleza solitaria en mitad de un bosque que, cuentan las crónicas, tapa desde el siglo XIII una de las entradas al infierno, hicieron que un escalofrío recorriese nuestro espinazo, especialmente cuando en total soledad recorrimos el castillo y marchamos atravesando el denso bosque con las sombras de la noche sobre nuestras cabezas. Nada que envidiar al que fue uno de los platos fuertes de este viaje, ya en Eslovaquia: el castillo de Orava, cuya traza es reconocida por los amantes del cine expresionista ya que en este lugar se rodó en 1922 la película Nosferatu, una sinfonía de terror. Y no decepcionó; ni su historia vinculada al diablo ni la visita ya que tuvimos la oportunidad de acceder al mismo cuando sus puertas ya habían sido cerradas al público y observar su siniestra silueta conforme anochecía, para después, de manera absolutamente exclusiva, recorrer todas y cada una de sus estancias con el viento de la noche meciendo las contraventanas. 

Estando en Eslovaquia no podíamos dejar de pisar el castillo de Cachtice, porque en su interior encantado, hace más de cuatro siglos nació la leyenda de la primera psicokiller de la historia: Elizabeth Bathory, la «condesa sangrienta» que mató a más de seiscientas doncellas para bañarse en su sangre y así preservar la juventud… Lógicamente la historia y sucesos ocurridos en este lugar darían para mucho más, pero nos esperaba Bratislava, y allí, tras una más que merecida fiesta de despedida, el final de un viaje inolvidable…

 

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Nº 352, Noviembre de 2019

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