Creencias

Doce Tribus ¿Filosofía o secta?

Las Doce Tribus. Así se denomina un grupo religioso que apuesta por vivir en contacto con la naturaleza y alejado del mundanal sistema materialista que envuelve al resto de la sociedad. Ha estado de actualidad en Francia tras una investigación oficial. Sus miembros predican la supremacía de la alimentación sana y aborrecen la perniciosa influencia de la televisión. ¿Una secta o simplemente otra forma de vivir?

1 de Mayo de 2007 (00:00 CET)

Doce Tribus ¿Filosofía o secta?
Doce Tribus ¿Filosofía o secta?
Los miembros de las Doce Tribus no ven la televisión, no escuchan la radio ni leen los periódicos. Apenas tienen contacto con el mundo exterior. No escolarizan a sus hijos y trabajan de sol a sol preparándose para la venida de su mesías, al que denominan Yahshua, que en hebreo significa "padre" –yah– y "poder" –shua–; Esto es: "Dios es poderoso para salvar". Recientemente, una pequeña comunidad de las Doce Tribus afincada en Euskadi, ha centrado la atención de numerosos medios de comunicación. La "sospechosa espiritualidad" del grupo ha generado cierto grado de inquietud, especialmente después de que, en el país galo, el grupo haya sido objeto de una investigación por parte de las autoridades. Así, por ejemplo, diputados que visitaron la comunidad de Sus, en el Pirineo francés, informaron de cómo se financiaba vendiendo en el mercado productos biológicos y fabricando muebles de lujo –entre 2.000 y 3.000 euros la pieza– para jardín, pero la mano de obra –al ser considerada como voluntaria– no figuraba inscrita dentro de la Seguridad Social. Sin televisión ni partidos de fútbol Los niños integrados en las Doce Tribus no acuden a la escuela. Trabajan con sus padres en el campo, mientras que las niñas se afanan en la costura. Aprenden en familia a escribir y a leer, se les imparte formación durante cuatro días a la semana, así como reglas básicas de las matemáticas y nociones históricas, pero sólo las procedentes del libro del Génesis. Los miembros del grupo justifican que sus hijos no necesitan aprender nada fuera de la comunidad: "Movidos por una profunda convicción sacamos a nuestros hijos de las escuelas para enseñarles en casa, porque nos dimos cuenta de que todo lo que estábamos haciendo iba a resultar en vano si dejábamos que fueran influenciados por la corriente del mundo: independencia, falta de respeto, inmoralidad… No dejamos que sus almas se llenen de iconos de futbolistas o artistas de cine. Tampoco necesitamos la televisión. El modo en que educamos a nuestros hijos les da dignidad y confianza. En nuestro entorno aprenden a disfrutar y a relacionarse con gente de todas las edades. También tienen abundantes oportunidades de practicar la gentileza y la hospitalidad con nuestros invitados". Condenado en el "Lago de Fuego" Un desengaño amoroso, la pérdida o el exceso de trabajo, problemas familiares, inquietudes espirituales… A día de hoy, multitud de circunstancias nos pueden provocar una crisis. Lo habitual es superar dichas dificultades con el transcurso del tiempo o con ayuda, pero en ocasiones el problema se multiplica cuando creemos haber hallado la solución, abrazando doctrinas de filosofía alternativa que, para algunos, tienen tintes sectarios. "Un día cualquiera, mi esposa y yo fuimos a la feria de un pueblo de Guipúzcoa y nos encontramos con un puesto de venta de galletas y productos de comida naturista. Los dos jóvenes de barba y pelo largo que nos atendieron eran tan amables, acogedores e interesantes que, cuando nos dieron el folleto, lo leímos y empezamos a ir a su casa. En cuanto se nos abrió esta puerta pensamos que aquella forma de vida podía ser mucho mejor que la nuestra y, tras varias visitas, nos fuimos allí con nuestra hija de dos años". Así comienza la experiencia en las Doce Tribus durante más de siete años de Nejmad –nombre con el que fue bautizado en la comunidad y tras el que prefiere preservar su anonimato–, donde permaneció entregándolo todo y vio nacer a dos de sus tres hijos. Hoy, su esposa y sus hijos continúan dentro de la comunidad. "Estuve en las Doce Tribus durante siete años muy intensos, ya que desde el momento en el que uno entra en el grupo pierde su propia personalidad, su manera de ser y acaba fundiéndose con los demás en una idea común. Es verdad que, en principio, nadie te obliga a quedarte y que efectivamente te puedes ir cuando quieras, pero hacen todo lo posible para evitar que te vayas: te persuaden y utilizan lo que yo denominaría chantaje espiritual. Te advierten de que, si abandonas, puedes acabar en Lago de Fuego, un lugar que para ellos es el infierno, el destino que aguarda a los que rechazan, dan la espalda o traicionan la doctrina del grupo. Hay mucha gente que permanece allí por miedo". Una historia en busca de la gloria El embrión de lo que más adelante sería bautizado como las Doce Tribus –también conocida como Tabithas Place– germina alrededor del año 1972 en la sede de Chattanooga –Tennesse, EEUU– por obra y gracia de Elbert Eugene Spriggs. Nacido un 18 de mayo de 1937 en East Ridge (Tennesse), el particular mesías de las Doce Tribus se crió en el seno de una familia religiosa. En la espiritualmente convulsa década de los sesenta se trasladaría a California, la meca de los grupos de "filosofía alternativa", y se integró dentro de las corrientes vinculadas a lo que se conoce como Jesus movement, una mezcla de cristianismo redentorista y filosofía al estilo new age. A partir de 1972, y ya de la mano de su esposa, Marsha Ann Duvall, su periplo de búsqueda espiritual le impulsaría a fundar varias organizaciones que no tardaron en desatar la primeras críticas por parte de las comunidades parroquiales vecinas, como consecuencia de su particular interpretación de la Biblia, así como por su estilo de vida, tachado entonces, como ahora, de marginal. Lejos de desalentarle en su labor mesiánica, y orientado en su olfato comercial por la necesidad de financiar su comunidad, Spriggs se lanza a promover una serie de iniciativas empresariales, entre ellas una cadena de restaurantes. En 1977 el grupo cambia de nombre y pasa a llamarse Northeast Kingdom Community Church. Y seis años después, la organización saltará el océano Atlántico y se asentará en Sus, cerca de los Pirineos franceses. Fue en torno a 1995 cuando el grupo se instaló en España, más exactamente en Euskadi, donde logró consolidarse bajo el nombre definitivo de las Doce Tribus. Ya habían expresado su intención de imitar el estilo tribal de Abraham y su familia: "Hace tiempo, un hombre y su mujer, tocados por el gran amor de nuestro Creador, entendieron que Él nos cuida con ternura y quiere que escapemos de la muerte y de la decadencia que nos rodea. Lo único que sabían era que debían compartir su fe con otros, invitar a la gente a su casa y amarles de una forma práctica. Los que les visitaban se encontraban con gente dispuesta a sacrificar su propio tiempo, su energía y posesiones por causa de los demás. Somos comunidades mesiánicas porque vivimos con la esperanza de la vuelta del Mesías y nos preparamos para Él". En la actualidad, lo que en un principio fue, sin pretenderlo, un grupo integrado por una decena de personas en Tennesse, se ha convertido en una plataforma cuyas comunidades se extienden por Estados Unidos, Canadá, Francia, España, Alemania, Reino Unido, Brasil, Argentina y Australia. De la obediencia a la felicidad Yadid, otro de los escasos testimonios a los que ha tenido acceso ENIGMAS a través de la plataforma de Red Une, relata cómo y por qué entró a participar de la vida en comunidad en las Doce Tribus: "Imagínate que atraviesas una de esas numerosas fases de la vida en que no te sientes bien; tienes problemas con el trabajo o con tu economía, estás pasando una etapa difícil con tu pareja… Lo que ves en los colegios públicos no te agrada. Lo que oyes en las noticias te desanima. Estás pesimista y lo ves todo bastante negro…" "Un día –continúa– recibes una llamada de un antiguo amigo que se interesa por ti y que te confiesa estar estupendamente con su vida: siente que está realizando una gran labor para la humanidad, ha rehecho su matrimonio y lleva una vida espiritual que se plasma día a día en una vida en comunidad en el campo, con huerto y alimentación biológica, medicina natural y otras tantas cosas que él sabe que a ti te gustan. Entonces te sientes ilusionado. Te ha reconfortado su interés por ti y su afectuosidad. Pero, sobre todo, ha depositado una esperanza en que las cosas pueden ser de otra manera. Llega tu mujer a casa y le transmites tu ilusión y tu entusiasmo y ella se contagia. Realmente estábais necesitados de ilusiones, de esperanzas, de salida a esa situación. Esta necesidad fue el motor que nos llevó a este accidente en nuestra vida". Yadid, que como muchos otros ex adeptos prefiere mantener su identidad en el anonimato, abandonó la comunidad hace ahora más de dos años. Recuerda con detalle la disciplina a la que debía someterse dentro del grupo: "En cuanto has sido recibido como nuevo miembro del grupo se te asigna a un hermano que te dará las instrucciones y te guiará en la nueva vida. Todo lo que haces has de consultárselo: llamar a tu familia, comunicarte con tus amigos, escribir cartas… Tu relación matrimonial va a ser guiada por nuevas normas que te dirán hasta cuántas veces hacer el amor con tu mujer y cómo. A tu nueva vida, deberías borrarle el "tú" porque ya no es tuya. Debes soportar largos monólogos de los dirigentes de la secta, sin réplica ni cuestionamiento. El adiestramiento ideológico comienza desde que te levantas a las 06:30 de la mañana para trabajar de sol a sol, con actitud dispuesta a hacer todo lo que te digan sin réplica ninguna. Se considera que la obediencia es la máxima virtud". Billete de ida y vuelta al paraíso En el casco antiguo de San Sebastián, las Doce Tribus tiene un establecimiento denominado Sentido Común en el que se comercializan productos de huerta, ungüentos y piezas de artesanía. Panfletos colocados estratégicamente en el mostrador nos brindan la oportunidad de conocer su doctrina. En el curioso cartel expuesto en la entrada puede leerse: "Sándwich para llevar: ¿No yerran los que piensan el mal? Misericordia y verdad alcanzarán los que piensan el bien". Pero aún incluyendo en su almuerzo el sándwich dietético de Sentido Común, encontramos ex adeptos que han "errado" pensando mal sobre la doctrina del grupo: "En mi caso la decisión de salir no la tomé yo –relata Nejmad a ENIGMAS-, sino que me expulsaron por un tiempo indefinido porque empecé a cuestionarme algunas de las creencias y conductas. Me mandaron a la calle, sin mi mujer y sin mis hijos, y con cuatro bolsas de ropa. Lo pasé francamente mal: me encontraba solo, lloraba y les escribía pidiendo perdón… pero nunca me respondían. Confieso que aunque estaba desencantado con el grupo, tenía arraigadas sus creencias". Ahora, que el lector saque sus propias conclusiones sobre si se trata sólo de un grupo o de un secta…
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