Creencias

Resucita el enigma de la Sábana Santa

Un nuevo estudio científico confirma la autenticidad de la Sábana Santa de Turín. De acuerdo a la investigación efectuada por un químico norteamericano, las muestras que se analizaron mediante carbono 14 en 1988 no eran más que un remiendo medieval. Se reaviva así la polémica sobre la más famosa reliquia de la cristiandad.

1 de Abril de 2005 (00:00 CET)

Resucita el enigma de la Sábana Santa
Resucita el enigma de la Sábana Santa
Un nuevo estudio ha devuelto la Sábana Santa a la más rabiosa actualidad. Quince años después de que un equipo de científicos de tres universidades de prestigio concluyeran –tras someter el lino a una datación mediante el carbono 14– que el sagrado lienzo es una "falsificación medieval", un químico vinculado a la NASA ha descubierto que aquel estudio fue erróneo. ¿La razón? Los laboratorios implicados analizaron un fragmento de la reliquia que fue añadido tras un incendio sufrido en 1532.

El responsable de la nueva investigación es un químico llamado Raymond N. Rogers. A propósito de su prestigio y credibilidad no hay discusión. No obstante forma parte del equipo de científicos del Laboratorio Nacional de Los Álamos (Nuevo México, EEUU), una institución que habitualmente trabaja para las misiones espaciales de la NASA y que está en la vanguardia de todos los avances tecnológicos de la actualidad.

Gracias al raspado de impurezas y remiendos efectuados en Turín hace dos años, el científico efectuó un complejo análisis químico de las sustancias que están adheridas al lienzo. Tras elaborar su investigación, envió el paper a la publicación científica de referencia, Thermochimica Acta, en cuyo consejo de redacción se determinó crear un comité de arbitraje que enjuició el hallazgo para certificar su credibilidad. Al fin y al cabo, así es como trabajan las publicaciones científicas. Después de las pesquisas, se decidió dar luz verde al informe, que se publicó en el número correspondiente al mes de enero de 2005.

La clave tiene nombre: vanilina
La principal aportación efectuada por Rogers consiste en el descubrimiento de una sustancia química, denominada vanilina, que cubre algunos fragmentos de la reliquia. Sin embargo, Rogers averiguó que la vanilina sólo aparece en los remiendos que unas monjas colocaron en la Sábana Santa tras el incendio que sufrió en el año 1532. El hecho es que la también llamada Síndone se encontraba doblada en un arcón de plata que, al fundirse, consumió los vértices de cada doblez. Las monjas utilizaron otra tela para cubrir los "huecos". Son esos trozos de tela los que incorporaron esa sustancia. En cambio, la parte central de la misma, en donde aparece la imagen, no presenta resto alguno de dicha sustancia. Lógicamente, Rogers estableció que este componente era un rasgo distintivo de aquellas partes de la tela que pertenecían al siglo XIV y que, por tanto, no eran originales.

Lo más llamativo vino cuando el equipo de trabajo del Laboratorio Nacional de Los Álamos detectó trazas de vanilina en uno de los vértices inferiores de la Sábana. Casualmente, esa parte de la reliquia es la que fue cortada en Turín el 21 de abril de 1988 para que los laboratorios de las universidades de Oxford (Reino Unido), Zurich (Suiza) y Arizona (EEUU) aplicaran el método del carbono 14 a fin de conocer la antigüedad del objeto. Dicho método, muy utilizado en arqueología para desvelar la datación de piezas desenterradas, fue considerado como el definitivo para aclarar el enigma.

Finalmente, el 13 de octubre de 1988, los científicos dieron a conocer que la Síndone no databa de la época de Jesús. De acuerdo a la técnica usada, el lienzo había sido fabricado entre los años 1260 y 1390. Nos encontrábamos ante un fraude…
La repercusión mundial de la noticia hirió de muerte a todas las informaciones posteriores sobre la Sábana de lino. La desilusión provocada hizo que este fascinante asunto abandonara para siempre el olimpo informativo. El tema dejó de interesar, pese a que entre los sindonólogos de todo el mundo se abrió un acalorado debate sobre la idioneidad o no del empleo de ese método para aplicarlo a una muestra tan singular. Dos congresos internacionales celebrados en 1989 y 1990 sirvieron para que científicos de diversos países presentaran ponencias que cuestionaban el estudio. Todas aquellas "quejas" cayeron en saco roto, pese a que Michael Tite, del Museo Británico, pidió disculpas públicas por los errores metodológicos y protocolarios que se cometieron durante el análisis, del que él mismo fue nombrado garante por el Vaticano. En cierto modo, reconocía la nulidad de la prueba, pero su confesión fue ignorada por los grandes medios de comunicación.

Sólo ahora, pasados quince años, el enigma ha vuelto a asomar entre las noticias de la prensa internacional. Según afirmó el citado Raymond R. Rogers, "el hecho de que la vanilina no se haya encontrado en el tejido de la parte central de la Sábana, de la misma manera que no se halla en otras telas igual de antiguas, indica que la datación anterior tiene que estar equivocada. El trozo que analizaron los laboratorios, efectivamente, es aproximadamente del año 1290, pero es imposible que el resto de la reliquia sea de la misma fecha. Tiene que ser mucho más antigua". Como nueva datación, en función de la vanilina, Rogers propone que Sábana Santa tiene un mínimo de 1.300 años y un máximo de 3.000. Es decir: podría datar de la época de Jesucristo y, por tanto, ser lo que es según la tradición, es decir, una suerte de impregnación del lienzo, por medios inexplicables de alguien que falleció tras ser crucificado…

Dudas desde 1988
La nueva datación ha suscitado polémica, incluso en el propio seno del Vaticano. De forma sorprendente, en círculos eclesiásticos, el trabajo de Rogers no ha sido acogido con ilusión. A la palestra ha saltado monseñor Guiseppe Ghiberti, presidente de la Comisión para la Síndone creada por el arzobispado de Turín, en cuya catedral se conserva la reliquia. Este comité fue el que hace dos años aprobó un proceso de limpieza de la misma, que consistía en extraer del objeto original –independientemente de la fecha de datación– aquellos trozos de tela añadidos por diversos asuntos. Entre ellos se recortaron los remiendos y la llamada "tela de Holanda", colocada en siglos pasados en la parte anversa del lienzo con objeto de protegerlo. Además, se encargó a la doctora suiza Mechild Flury-Lemberg que extrajera todas las impurezas del lienzo, razón por la cual, tras la depuración, quedó de un color mucho más claro del que habitualmente posee.

Sin embargo, Ghiberti asegura que en ese examen no se descubrieron remiendos de ningún tipo en la parte que fue analizada mediante el carbono 14. Para Rogers, sin embargo, no hay espacio para la polémica: "Mi estudio ha sido objeto de un seguimiento independiente para ser aprobado y publicado en una revista científica", declaró a la agencia de noticias Zenit. Tal cosa indicaría que no existe error posible. De hecho, para clarificar el asunto, Rogers ha especificado que su estudio no indica que todo el trozo analizado fuera "moderno", puesto que bastaría con unos hilos añadidos –de hecho se sabe que en aquellos sectores de la Sábana que quedaron empobrecidos, se reforzó con nuevas tramas la textura– para que la vanilina aparezca e invalide cualquier estudio. Como prueba adicional presenta unas imágenes tomadas con rayos ultravioleta en el año 1978, en las que se percibirían esa suerte de hilos postizos que fueron erróneamente utilizados por los laboratorios de Oxford, Zurich y Arizona.

La conjura del carbono 14
Sin embargo, ésta no ha sido la primera vez que la prueba del carbono 14 sufre un jaque. Ya en 1988, Gabriel Vial, director del Museo de Tejidos de Lyon (Francia), advirtió a los científicos encargados de la prueba que "el punto seleccionado podría ser una reparación". La advertencia cayó en saco roto. También lo recordó en septiembre 1989 Franco Testore, durante el Simposio de París: "La muestra puede tener síntomas de contaminación, ya que se encuentra a muy escasos centímetros de una de las zonas que sabemos fue dañada por el incendio de 1532. Además, sobre este punto se han acumulado siglos de suciedad y se ha producido lo que se conoce como electroforesis, es decir, suciedad en la cavidad de las fibras de lino". Con anterioridad, el sindonólogo italiano Giovanni Riggi publicó un trabajo titulado Rapporo Sindone, en el cual advertía que la zona señalada "presenta hilos de otra naturaleza que, aunque en cantidad mínima, pueden conducir a variaciones en la datación, puesto que son de incorporación tardía". En cierto modo, lo que estaba haciendo era anticipar el resultado del estudio publicado en el año 2005 por el norteamericano Rogers.

Uno de los investigadores disidentes –a los que nadie tomó en consideración en su momento– fue el británico Peter H. South, director del Laboratorio de Análisis Textil de Ambergate (Gran Bretaña). Denunció que en las muestras utilizadas para el análisis mediante carbono 14 había elementos impuros: "Se detectó algodón, un algodón fino, amarillo oscuro. Desafortunadamente, es imposible explicar cómo esas fibras acabaron en la Síndone que, fundamentalmente, está hecha de lino. Es posible que se utilizaran en el pasado para restauraciones". Los periodistas a quienes reveló esas informaciones no lo tomaron en cuenta. Ni siquiera cuando South publicó en la revista especializada Textile Horizonts aquellos datos. Quince años después, la inutilidad de aquellos reporteros ha quedado demostrada del mismo modo que quedó patente cómo, entre científicos y medios de comunicación, hubo una sintonía no pactada que, sin embargo, condujo al mundo entero a sufrir un engaño masivo.

En su libro El escándalo de una medida –Ed. Marcombo, 1991–, los periodistas Enmanuella Marinelli y Orazzio Petrosillo muestran cómo tras el análisis efectuado por los tres laboratorios que condenaron a la Sábana Santa a convertirse en una falsificación medieval existieron enormes incorrecciones. Por un lado, no se siguieron los protocolos pactados previamente por los científicos, mientras que, además, los trozos examinados incluso pudieron ser alterados durante el proceso de traslado entre Turín y los diversos laboratorios. Además –y en contra de lo que establece cualquier pauta de comportamiento científico– los laboratorios mantuvieron contacto entre sí durante todo el proceso de investigación –aproximadamente seis meses–, "sin que nadie se enterara pero asegurándose entre ellos que los resultados de unos y otros coincidían", denunció el reportero francés Bruno Bonnet-Eymard.

El hecho de que pudieran llegar a existir comportamientos guiados por la mala fe es una posibilidad que la Iglesia y los propios científicos siempre quisieron evitar. Ahora, a la luz de los nuevos hallazgos –que elevan a dogma las sospechas publicitadas por los sindonólogos hace 15 años– todas esas informaciones han de ser rescatadas. Hay que citar, por ejemplo, otro de los asuntos bien extraños que se dieron durante las pruebas del radiocarbono. Por ejemplo, uno de los científicos implicados en el análisis de aquellas muestras, el británico Harry Gove, logró que los tres laboratorios citados llevaran a cabo el mismo proceso de descontaminación de trozo empleado. Tal cosa va en contra de cualquier independencia científica, ya que como denuncian Marinnelli y Petrosillo "de este modo se aseguraban los laboratorios que el resultado entre ellos no iba a ser dispar". Ahora, a tenor del tiempo transcurrido sólo queda espacio para la sorpresa y el escándalo: "Las muestras analizadas sólo estaban contaminadas al uno por ciento", declaró Edward Hall, director del laboratorio de Oxford (Reino Unido), uno de los tres que participaron en el análisis.

A sabiendas de que ya se conoce que esa contaminación era enorme, las dudas sobre la actitud de los responsables de los laboratorios que participaron en la prueba del carbono 14 deben reactivarse. Hall fue quien, en la rueda de prensa ante los medios en la que se comunicó el resultado, afirmó que la Sábana Santa "contiene sangre de cerdo", en relación a Jesús de Nazaret. ¡Ah! Como Hall reveló el resultado del carbono 14 a un diario británico con antelación –quebrando todos los protocolos–, cobró por la exclusiva varias decenas de miles de libras esterlinas. Afortunadamente, no hay mentira que dure mil años. La del estudio científico que concluyó que la Síndone es una falsificación medieval se ha quedado en sólo quince. La farsa comienza a salir a la luz. o
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