Ciencia

Definitivo: la cara es el espejo del alma

Según la psicología facial, el rostro refleja gran parte de nuestro pasado y, por tanto de nuestra personalidad y nuestra alma, pero, ¿podríamos conocer nuestras potencialidades mediante el estudio de nuestros rasgos morfológicos? Esa es la base de una nueva disciplina que lucha por su reconocimiento en el ámbito científico: la morfopsicología.

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1 de Julio de 2020 (16:00 CET)

Definitivo: la cara es el espejo del alma
Definitivo: la cara es el espejo del alma

La psicología facial investiga el carácter y la personalidad por medio de la observación del rostro y sus particularidades. Pese a lo que afirman sus críticos, no comparte nada sustancial con la fisiognomía del siglo XVIII, impulsada por el teólogo suizo Johann Kaspar Lavater y desacreditada desde hace más de un siglo. El primero en realizar un estudio científico sobre cómo deducir la conducta y las competencias de las personas con una precisión inigualable a través del rostro es Julián Gabarre, doctor en Psicología Cum Laude por la Universidad Autónoma de Barcelona.  Tiene claro que la cara es el espejo del alma porque, en su opinión, «el rostro, el esqueleto craneofacial y el sistema nervioso central y periférico tienen un desarrollo conectado». De este modo, los procesos cognitivos, emocionales y el comportamiento del ser humano medran en la forma que adquiere nuestro rostro… y al revés. Es decir, «la estructura (forma) nos informa de la función pero sabemos indefectiblemente que con la función, en la mayoría de casos podemos cambiar la estructura y como consecuencia, la función»,  explica.

Esta es la base de la morfopsicología, término que aparece por vez primera en 1937 gracias a los trabajos del psiquiatra Louis Corman, que redactó la que está considerada la Biblia de este asunto: un libro titulado Quince lecciones de morfopsicología. En la década de los ochenta, este psiquiatra definió diversas leyes que sustentaban su trabajo, entre ellas la llamada de dilatación-retracción, según la cual: «Todo ser vivo está en interacción con su medio. Si las condiciones son favorables, las estructuras físicas y fisiológicas tienden a expandirse, en el caso contrario, ellas se reducen». De este modo, en la boca, que desde el punto de vista del análisis facial es el reflejo de los afectos instintivos, «el labio superior expresa más la afectividad emocional, mientras que el inferior la sensualidad. Si el inferior es grueso y avanza predominarán los instintos sobre los afectos», explica la morfopsicóloga Isabela Herranz en su obra El rostro alma del cuerpo.

Aceptado para su inclusión en una publicación científica, Gabarre nos adelanta un estudio que examina cómo la diferencia entre las anchuras del arco bicigomático y bigonial en la cara humana, proporcionan información relevante sobre la personalidad y las habilidades de un sujeto. Se trata del espacio comprendido entre la nariz y el labio superior, el arco en el que los varones pueden lucir bigote. Pues bien, su trabajo se basa en el estudio de 82 individuos divididos en dos grupos: el grupo A, compuesto por 55 sujetos, tenía este espacio en contracción mientras que los 27 sujetos del grupo B, disponían del arco sin retracción. Tras diversas pruebas, «los resultados sugieren una fuerte relación entre la estructura morfológica del arco bicigomático y ciertas características psicológicas», asegura Gabarre.

El estudio demuestra que el grupo A se diferencia respecto al B por una mayor autosuficiencia e independencia, mayor dificultad para describir y expresar verbalmente sus emociones, menor capacidad para expresarse emocionalmente a través de diferentes formas de comunicación y reducción de la voluntad de cooperar.

Según la teoría morfopsicológica ¿podríamos saber si alguien es peligroso solo con mirarle? ¿Podemos conocer su alma? Eso es, al menos, lo que sostiene la periodista y escritora Mónica G. Álvarez, que ha analizado los rostros de psicópatas y asesinos en serie para ver cuáles son los rasgos comunes en la cara de estos siniestros personajes. Y los ha encontrado… El argumento, sin embargo, no convence al doctor Xavier Morales que califica estas técnicas de pseudocientíficas. En su opinión «es disparatado afirmar que exista una relación absoluta entre poseer un rasgo fisiognómico y presentar un rasgo de personalidad».

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