Ciencia

La interpretación de los sueños en la historia

Ignacio Morgado, catedrático de psicobiología y uno de los neurocientíficos más prestigiosos de España, acaba de publica 'Materia gris' (Ariel 2021). A través de sus páginas, Morgado nos revela las ideas y los descubrimientos de filósofos y científicos que hicieron posible el conocimiento actual del cerebro y la mente humana. Por cortesía de la editorial os ofrecemos este extracto sobre el significado de los ensueños a lo largo de la historia.

21 de septiembre de 2021 (09:25 CET)

La interpretación de los sueños en la historia
La interpretación de los sueños en la historia

La preocupación por entender la naturaleza del sueño estuvo acompañada por la de entender la de los ensueños, esas vivencias de apariencia mágica que casi cada noche acontecen en medio del dormir inconsciente. Por qué soñamos y qué significan los sueños, si es que algo significan, fueron preguntas que siempre estuvieron en la mente de nuestros ancestros y que, en cierto modo, siguen estando todavía hoy en la nuestra. A los antiguos egipcios, como a muchos pueblos primitivos, les obsesionaba la interpretación del contenido de los sueños. Pensaban que eran premonitorios, que implicaban una visión del futuro y que eran un modo que tenían los dioses para comunicarse con la gente, hacerles preguntas y avisarles de peligros.

La esfinge de Giza contiene en su base un grabado que explica que el faraón Tutmosis IV oyó la voz del dios Hormokhu en un sueño

Ensueños EGIPTO
 

El Chester Beatty Papyrus, que se halla en el British Museum de Londres, contiene información sobre unos dos centenares de sueños personales y su interpretación por los sacerdotes del dios Horus, y la conocida esfinge de Giza contiene en su base un grabado que explica que el faraón Tutmosis IV, que reinó aproximadamente entre los años 1400 a 1390 a. C., oyó la voz del dios Hormokhu en un sueño en el que le pidió limpiar la arena que cubría la esfinge. Los egipcios querían tener sueños relevantes que les orientaran sobre su futuro, especialmente si padecían alguna enfermedad, y para ello acudían a templos donde esos sueños eran incubados. Uno de los más importantes fue el dedicado a Imhotep en Menfis. Allí, los sacerdotes podían interpretar sus sueños. El filósofo y sabio Buda (siglos v-iv a. C.) interpretó el mundo a partir de sus sueños, y el profeta Mahoma (571-632 d. C.) basó también su trascendente misión en un sueño en el que el arcángel Gabriel le guio hasta alcanzar la luz de Alá.

La interpretación de los sueños y su carácter profético gana también fuerza en el Génesis, el primer libro del Antiguo Testamento de la Biblia cristiana, donde el israelita José, uno de los doce hijos de Jacob y Raquel, que ya inquietaba a sus hermanos contándoles sus propios sueños, fue llevado a Egipto para conocer uno especial que había tenido el faraón. El israelita interpretó que las siete vacas gordas de ese sueño eran premonitorias de siete años de abundancia en las cosechas y las siete vacas flacas lo eran de siete años de sequía y hambruna. José, vendido como esclavo por sus propios hermanos, que lo envidiaban, no solo fue liberado al interpretar los sueños del faraón, sino que se convirtió también en un alto funcionario del gobierno egipcio.

Otra idea que penetró en la mente de los antiguos fue la de que los sueños liberan los espíritus del cuerpo

LA INTERPRETACIÓN DE LOS SUEÑOS EN EL MUNDO CLÁSICO

En la antigua Grecia, Morfeo, el dios de los sueños, era uno de los tres hijos de Hypnos, que, a su vez, era uno de los hijos de Nyx, la diosa de la noche. Como los egipcios, los griegos acudían a lugares donde se incubaban e interpretaban los sueños. Demócrito creyó que los sueños procedían del exterior del cuerpo, pero Hipócrates y sus seguidores consideraron, acertadamente, que eran producto de las actividades del cerebro y la sangre. Aristóteles solo admitió valor predictivo a los sueños en relación con la salud y la enfermedad. Otra idea que penetró la mente de los antiguos, y que ya encontramos en filósofos chinos como Chuang Tzu (300 a. C.) y en los griegos pitagóricos, fue la de que los sueños liberan los espíritus del cuerpo.

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Ruinas del Asclepeion de Epidauro, lugar al que se acudía para ser curado mediante el descanso y la interpretación de los sueños. 

En la Roma imperial, el reputado escritor y político Gaius Petronius Arbiter (14 a 27-65 o 66 d. C.), más conocido entre nosotros como Petronio, autor de El Satiricón, tranquilizó al emperador Nerón (37-68) asegurándole que sus terroríficos sueños, plagados de monstruos y devastación, no procedían de los dioses ni de los cielos, sino de él mismo. El médico Galeno pensaba por entonces que los sueños se relacionaban con la situación de los humores corporales y, por tanto, podían servir para predecir enfermedades ocultas. Un contemporáneo suyo, Artemidoro de Éfeso (finales del siglo II a. C.) realizó un esfuerzo sistemático para clasificar e interpretar los sueños y presentó sus conclusiones en una serie de volúmenes titulados Oneirocrítica, traducidos a muchas lenguas y muy utilizados durante siglos. Para Artemidoro, los sueños tenían propósitos e instrucciones y durante ellos los espíritus vagabundeaban. Insistió, asimismo, en que para interpretarlos correctamente era necesario conocer la historia y personalidad del soñador.

En los inicios de la investigación onírica, se estudió la posibilidad de influir en el contenido de los sueños mediante estimulación sensorial externa

DESENTRAÑAR LAS CLAVES DEL SUEÑO

Mucho después, ya en el siglo XVII, el filósofo y médico John Locke (1632-1704) sostuvo que muchas personas casi nunca sueñan, pero, más tarde, la psicóloga Mary Whiton Calkins (1863-1930), antigua alumna de William James, tras un amplio estudio de los sueños de muchas personas en el que ella misma fue sujeto experimental, concluyó que la gente que creía no soñar nunca lo que probablemente manifestaba era un recuerdo pobre de sus sueños y no una ausencia de estos. Albrecht von Haller, por otro lado, postuló que los sueños aumentaban por cosas como comer abundantemente alimentos indigeribles, mantenerse en posturas incómodas o tener ideas fuertes y violentas.

A partir del siglo XIX la literatura de los sueños se centró en aspectos como el sentido que predomina en ellos. Así, se puso de manifiesto que muchos son visuales, aunque también pueden ser auditivos y muy raramente son gustativos u olfativos. Otro aspecto estudiado entonces fue la posibilidad de influir en el contenido de los sueños mediante estimulación sensorial externa. El médico francés Louis Ferdinand Alfred Maury (1817-1892) se anticipó a Sigmund Freud cuando trató de comprobarlo haciendo que, mientras dormía, su ayudante le estimulara con cosas como pincharle suavemente, abrir el frasco de un perfume cerca de su nariz, salpicarle con agua, etc. Según manifestó al despertar, esos estímulos tendieron a ser incorporados en sus sueños, algo que la literatura posterior tendió a confirmar.

El psicólogo Joseph Jastrow investigó, entre otras cosas, cómo eran los sueños de las personaes ciegas

Jastrow
Joseph Jastrow (1863-1944), psicólogo experimental estadounidense de origen polaco.

Otros científicos de entonces, como el psicólogo experimental estadounidense de origen polaco Joseph Jastrow (1863-1944), conocido sobre todo por su descubrimiento de divertidas ilusiones ópticas, investigaron el sueño en personas congénitamente ciegas y concluyeron que, al igual que quienes pierden la vista en su temprana infancia, esas personas tienen sueños sin imágenes visuales, pero sí con muchas sensaciones auditivas y motoras. De ese modo, el joven ciego que sueña con una batalla oye el estruendo de los cañones, pero no ve el fogonazo que hacen al disparar. Otros trabajos pusieron de manifiesto que quienes pierden la vista en edades entre los cinco y los siete años, sí tienen sueños visuales.

Una curiosa relación respecto al contenido de los sueños es la que sugirió el anatomista y fisiólogo holandés Jacobus Schroeder van der Kolk (1797-1862). Según él, el hemisferio cerebral que cae más cerca de la almohada es el que tiene más actividad durante los sueños. Poco faltó entonces para que otros sugirieran que dormir sobre el lado derecho de la cabeza produce sueños más amenazantes e ilógicos, mientras que hacerlo sobre el lado izquierdo da más lugar a sueños inteligentes, menos absurdos y con más contenido lingüístico. Y, ¿cómo no?, para completar las ideas más bizarras y especiales sobre el contenido de los sueños solo faltaba incluir en ellos la influencia del inconsciente. El profesor vienés Ernst von Feuchtersleben (1806-1849) sugerúa que las ideas oscuras podían tener una particular preeminencia en los sueños, los cuales ponían de manifiesto la naturaleza de la mente. El neurólogo austríaco Sigmund Freud (1856-1939), que no pareció conocer ese trabajo de su colega vienés, fue el gran maestro promotor de tal hipótesis. Para él y sus seguidores psicoanalistas el inconsciente produce un contenido temático demasiado traumático y emocional como para que la mente consciente pueda aceptarlo. Es por eso por lo que esos contenidos y los deseos profundos inconfesables emergen en los sueños muchas veces de forma simbólica. Poco faltaba ya para que, en 1953, Aserinsky y Kleitman descubrieran el sueño REM o sueño paradójico, durante el cual tienen lugar la mayor parte de las ensoñaciones y las más realísticamente vividas.

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Portada del libro Materia Gris (Ariel, 2021), del catedrático de psicobiología Ignacio Morgado

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