Civilizaciones perdidas
21/10/2011 (09:03 CET) Actualizado: 28/05/2021 (13:05 CET)

Arqueología a vista de satélite

En los últimos años, los arqueólogos han sumado unas potentes herramientas a los clásicos picos y palas. Modernos satélites que orbitan nuestro planeta y fotografían su superficie han propiciado el descubrimiento de notables yacimientos arqueológicos. Lo que nadie podía imaginar es que Google pondría esa fantástica herramienta al alcance de todos.

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Arqueología a vista de satélite
Arqueología a vista de satélite

Hasta fechas recientes, los arqueólogos disponían de un reducido catálogo de herramientas para sacar a la luz aquellos yacimientos que habían quedado ocultos como consecuencia del paso del tiempo y los distintos avatares históricos. Poco a poco, sin embargo, el desarrollo tecnológico ha permitido a estos investigadores sumar un buen número de instrumentos y técnicas a los ya habituales picos y palas de épocas más románticas. Entre las ayudas más avanzadas con las que los investigadores han contado en los últimos cien años se encuentran las fotografías aéreas, captadas desde distintos tipos de aeronaves, y que les permitían detectar y estudiar nuevos yacimientos hasta entonces desconocidos.

Uno de los ejemplos más conocidos y exitosos se produjo, sin embargo, de forma ajena a la arqueología. Fueron pilotos peruanos –civiles y militares– quienes observaron por primera vez, allá por la década de los años 20 del siglo pasado, las extrañas formaciones de la región de Nazca (Perú). Gracias a esas observaciones, que no tardaron en llegar a oídos de los investigadores, se pudieron catalogar y comenzar a estudiar los célebres geoglifos de formas geométricas y animales, entre las que destacan llamativas figuras como las del colibrí, el mono, la araña… Aquellas formaciones, popularizadas décadas más tarde por la alemana María Reiche y por decenas de libros que abordaban la cuestión, tenían una peculiaridad: solo eran visibles desde el aire o zonas elevadas, por lo que en aquel caso el uso de distintos tipos de aeronaves se convirtió en una herramienta indispensable para su estudio.

Con el paso de los años, un nuevo instrumento tecnológico vino a sumarse a la lista de "armas" con las que contaban los arqueólogos: los satélites artificiales. Ideados en principio con finalidad militar, cartográfica o de investigación científica, en ocasiones los arqueólogos han podido utilizar, aunque fuese de "segunda mano", algunas fotografías de satélite capturadas por distintos organismos, pudiendo aplicar las imágenes a sus propias investigaciones. En fechas recientes, instituciones como la NASA, ha participado en investigaciones arqueológicas aportando sus equipos con la finalidad de facilitar el hallazgo de estructuras creadas por el hombre en zonas de difícil acceso, como selvas, desiertos, grandes cimas, etc.

Sin embargo, la mayor –e inesperada– revolución se ha producido en la última década. Y, más concretamente, a partir del año 2005. Fue en aquellas fechas cuando el gigante informático Google, ya afianzado y conocido en todo el mundo gracias a su potente buscador en internet, dio a conocer una nueva herramienta: Google Earth. Aquel nombre escondía un potentísimo software que permitía a cualquier persona, desde cualquier punto del globo, escudriñar prácticamente todos los rincones del planeta, gracias a la utilización de imágenes vía satélite captadas por distintas empresas especializadas. En un principio la calidad de las imágenes era bastante reducida, aunque más que suficiente como para dejarnos a todos sorprendidos y encandilados –¿quién no ha pasado alguna vez varias horas "jugando" con el programa para descubrir cómo se ven desde el aire distintas zonas del planeta?–. Dos años más tarde, sin embargo, Google mejoraba sensiblemente su creación añadiendo una buena cantidad de imágenes en alta resolución que nos permitían, aún más, dejar volar la imaginación y jugar a los espías.

Más allá de las oportunidades de ocio y educación evidentes a primera vista, algunas personas vislumbraron pronto las enormes posibilidades de aquel mágico programa informático. Y ya desde las primeras fechas, comenzaron a aparecer sorprendentes noticias en algunos medios de comunicación, anunciando llamativos hallazgos arqueológicos conseguidos no por arqueólogos profesionales haciendo labores de campo, sino por aficionados que únicamente habían empleado el software de Google desde la comodidad de su hogar. Uno de los primeros ejemplos se produjo en septiembre de 2005, apenas unos meses después de que Google Earth estuviera disponible, cuando un ciudadano italiano, Luca Mori, consiguió descubrir una antigua villa romana desde su ordenador personal. "Al principio pensé que se trataba de una aberración en las fotografías –explicó en declaraciones a la prensa–. Sin embargo, cuando la amplié, vi que estaban mostrando algo que había bajo tierra". Las imágenes de satélite que ofrecía el programa a Mori mostraban una forma ovalada y oscura de unos 500 metros de longitud, rodeada por varias estructuras rectangulares. Consciente de que había detectado algo singular, el italiano se puso en contacto con el Museo Arqueológico Nacional de Parma e informó de su hallazgo. Cuando los arqueólogos del centro acudieron hasta el lugar señalado por Mori descubrieron que, efectivamente, aquellos eran los restos de una antigua villa romana.
(Continúa la información en ENIGMAS 192).

Javier García Blanco

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Comentarios (3)

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