Creencias

Claves para meditar con éxito

Lo que me fascina es que la meditación pueda cambiar la materia gris a cualquiera que la practique. Los participantes del estudio eran personas normales, con sus trabajos y sus familias.

1 de agosto de 2006 (00:00 CET)

Claves para meditar con éxito
Claves para meditar con éxito
Sólo meditaron unos 40 minutos cada día; no hay que ser un monje», explica Jeremy Gray que, junto a Sara Lazar, del Hospital General de Massachusetts (Boston) y otros colegas de Yale y Harvard, ha llevado a cabo un estudio reciente (Neuro Report 16, 2005) según el cual la meditación «Buddhist Insight» favorece el crecimiento cortical. Los cambios estructurales observados mediante resonancia magnética se produjeron en las zonas del cerebro que son importantes para el procesamiento emocional, auditivo, visual, sensorial y cognitivo. Los investigadores también descubrieron que la práctica regular de la meditación puede retrasar el adelgazamiento de la corteza frontal asociado al envejecimiento: «La mayor parte de las regiones identificadas en este estudio estaban en el hemisferio derecho, que es esencial para la atención y determinante en la práctica de la meditación», añade Gray.

Medicina del alma

Los psicólogos del citado estudio –entre los que figura Herbert Benson, que en los años setenta demostró los beneficios psicofisiológicos de la meditación trascendental– han indicado que otras formas de yoga y meditación podrían tener asimismo un impacto similar en la estructura cortical, aunque probablemente cada tradición produzca un esquema de aumento cortical diferente en función de los ejercicios mentales que emplee. Sin necesidad de recurrir a la tecnología avanzada, Swami Vishnu Devananda afirmaba hace décadas, en su obra Meditation and Mantras, que «la meditación es la mejor medicina para cualquier enfermedad, ya que vigoriza y purifica todas las células y tejidos del cuerpo. Meditando con regularidad, la mente se clarifica, los motivos se purifican, el subconsciente libera saberes escondidos que permiten comprender las dependencias a que cada uno se somete en sus hábitos diarios».

Dado que la ciencia ha confirmado tantas bondades derivadas de la práctica de la meditación, en un mundo como el actual parecería de sentido común integrarla en la vida cotidiana como un hábito más. Sin embargo, la incorporación de dicha práctica resulta difícil para casi todo el mundo y no sólo porque sea algo que requiera paciencia y perseverancia, sino por los obstáculos «previos» antes de iniciarla y, también después, cuando se ha conseguido convertirla en hábito cotidiano, por las numerosas trampas que van surgiendo en el camino.

Las primeras a enfrentar son las tácticas del ego para evitar escaparse de sus esquemas habituales de pensamiento y acción, que nos instan a permanecer seguros en el terreno de lo conocido. Cuando se empieza a «aquietar la mente» afloran inmediatamente multitud de distracciones y miedos que nos llevan una y otra vez a los hábitos familiares de ruido interior: «Una mente ';ocupada' lleva a acciones ';ocupadas' de las que sacamos esta conclusión: ';Estoy demasiado ocupado para meditar. No tengo tiempo para meditar cuando tengo que resolver tantos problemas'. Al no reconocer estas ilusiones perpetradas por el ego, con todas sus atrayentes expresiones verbales, uno puede desengancharse incluso antes de haber empezado a meditar. En consecuencia, «el potencial de la meditación para ayudar a la mente a reflexionar, recrearse y sanarse es inmenso», expresa el instructor y músico Darryl Pokea en su ensayo Meditation: Going Beyond Ego Barriers.

Los obstáculos posteriores son una mera consecuencia del primero: desde hacer demasiadas preguntas sobre la meditación para asegurarnos de que vaya a compensarnos antes de invertir nuestro tiempo, energía y/o dinero, hasta el temor a experimentar un cambio profundo de personalidad que nos aísle del mundo. Ninguno de esos temores tiene fundamento: meditar siempre compensa y mucho más en personas ansiosas y conflictivas, si bien en esos casos es recomendable la instrucción supervisada.

No puede pretenderse, en cualquier caso, que la meditación sirva para todo el mundo, pero es un hecho que funciona para mucha gente. Y cuando a las trampas que suelen encontrarse en el camino, muchos de ellas son, inevitablemente, parte esencial de la aventura interior.

Monstruos y luces

Con frecuencia, la práctica de la meditación favorece la manifestación de cambios significativos en la percepción, muy diferentes del estado normal de conciencia. En ese «otro» estado se observa el mundo como si estuviera ensamblado de forma distinta a la habitual.

Swami Vishnu Devananda hace alusión en sus obras al hecho de que durante la meditación pueden producirse a veces visiones aterradoras y aunque no menciona el ritual tántrico de la danza tibetana del chod (el discípulo baila evocando una horda de horribles demonios o al doble de sí mismo), sus conclusiones se asemejan a las ofrecidas por los lamas tibetanos: «Tanto si son proyecciones de la mente subconsciente como si se trata de auténticas materializaciones de entidades astrales procedentes de otros planos de conciencia, no pueden causar ningún daño. Aparecen simplemente como una prueba de fortaleza y valor y no pueden permanecer en presencia de pensamientos puros y divinos. El aspirante ha de afrontar con firmeza la prueba y no dejar que se altere su meditación a causa del temor o el nerviosismo».

Vishnu Devananda aconseja que se eviten los pensamientos sobre estas visiones, que se permanezca indiferente y se sustituyan por pensamientos más elevados, ya que el objetivo auténtico y final de la meditación es la experiencia directa e intuitiva de lo Supremo.

Al margen de las visiones angustiosas ocasionales, cuando se avanza en el sendero de la meditación la experiencia más frecuente es de tranquilidad mental. La aparición de luces en el centro de la frente es una señal de que la concentración progresa. Supone un estímulo para el aspirante y le reafirma en la existencia de fenómenos suprafísicos. Sin embargo, la aparición de luces no significa necesariamente que la meditación sea mejor. Vishnu Devananda explica que se trata de luces causadas por los elementos que componen el cuerpo, y que aunque a veces pueden ser tan poderosas y deslumbrantes que el aspirante trate de escapar de ellas rompiendo la meditación, no hay por qué temerlas; con una práctica constante la mente termina acostumbrándose a la experiencia y puede mantener la concentración sin dificultad.

Tampoco son infrecuentes los denominados fenómenos paranormales (proyección astral, clarividencia, precognición, telepatía, etcétera). Estos se producen a veces de forma natural. Según afirman algunos especialistas, la única reacción sensata a estas experiencias es ignorarlas porque no constituyen un fin en sí mismas y, en cambio, existe el peligro de verse atrapado en ellas. Al hablar de los fenómenos psíquicos, el científico japonés Hiroshi Motoyama señala que «en la vida ordinaria, estas manifestaciones de percepción no ordinaria pueden parecer fortuitas e incontrolables, pero la tradición mística asegura que son una actividad normal de los estados no sensoriales y que, como tales, siguen ciertas leyes universales. Como subproducto de la evolución de la conciencia, las facultades paranormales deben tratarse con una actitud más objetiva y desapasionada». Son numerosas las advertencias que los sabios orientales hacen a sus discípulos en el sentido de no prestar demasiada atención a estos fenómenos. El legendario sabio Patanjali advertía que «son obstáculos para el samadhi». Alcanzar ese estado de iluminación suprema está fuera del alcance del intelecto. No importa cuánto sea el entrenamiento físico, la concentración y la disciplina intelectual para garantizar que una persona lo experimente. La predisposición para alcanzarlo es un don, pero a veces puede ser la recompensa del esfuerzo. Muchas personas se iluminan a través de la meditación. Sin llegar a tanto, esta práctica al alcance de todos, utilizada de forma sistemática e inteligente, favorece entre otras cosas el desarrollo de la corteza cerebral según indicábamos al principio. Su propósito es hacer que el meditador viva más plenamente en el mundo, no animarle a que lo abandone.
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