Creencias
01/09/2005 (00:00 CET) Actualizado: 23/07/2020 (18:15 CET)

La Cábala y las estrellas

Es la última profanación.Una de las tradiciones sagradas más profundas del espíritu reconvertida en un batiburrillo de new age judaica apta para el consumo de masas. Madonna, Britney Spears y Demi Moore, entre otros iconos rutilantes, la han catapultado al gran escaparate del mercado global.

01/09/2005 (00:00 CET) Actualizado: 23/07/2020 (18:15 CET)
La Cábala y las estrellas
La Cábala y las estrellas
Nº 360, Julio de 2020
Este artículo pertenece al Nº 360, Julio de 2020

La Cábala es la última provocación de Madonna. Después de escandalizar con coreografías virginales y crucifijos cristianos, la diva la ha emprendido con el esoterismo judío. Ella es el miembro más notorio de una flamante transnacional del espíritu: The Kabbalah Center International, con sede central en Los Ángeles (EE UU).

Creada por el rabino Philip Berg y su esposa Karen, con sus hijos Michael y Yehuda –también rabinos–, esta empresa ha diversificado su oferta en una amplia línea de productos comercializables y ha transformado el Árbol de la Vida en un manual «al alcance de todos» para tener éxito en los negocios, ganar amigos, crecer en autoestima y curar el cáncer. Cuentan con 50 sucursales y, según la revista Vanity Fair, sólo su centro en Nueva York obtuvo beneficios por 24 millones de dólares en 2004. Centenares de productos de apoyo al estudio –joyas, velas, cassettes, vídeos y CDs– se añaden a cursos, seminarios, desayunos cabalísticos, conferencias para mujeres, grupos de estudio para jóvenes y adultos, y una editorial con publicaciones en 10 idiomas y millones de libros vendidos. La gran estrella del escaparate es el «Agua Cabalística de Manantial» que, según sus promotores, es «una fuente de salud avalada en laboratorio». Una investigación de la BBC con cámara oculta ha captado la venta del agua «milagrosa», otros potingues y hasta libros en arameo por más de 1.500 euros a un hombre con cáncer. Nada extraño si se piensa que algunos seguidores de Berg le atribuyen el poder potencial de resucitar a los muertos.

Madonna no está sola en este cambio de look que despertó su pasión irresistible por las letras del alfabeto hebreo y los símbolos judíos, incorporados en sus actuaciones, como la pulsera roja que sirve de distintivo a los seguidores de los Berg y los protege del mal de ojo. Demi Moore «ha revivido» gracias al cabalista Berg. La diseñadora Donna Karan la considera «fuente de inspiración de sus nuevos diseños». A Roseanne Barr le ha servido para «volver a hablarse con su familia después de 15 años» y hasta «para mejorar su mal carácter». Marla Marples, ex mujer del acaudalado financiero Donald Trump, le atribuye «haberle permitido superar su divorcio». Al parecer, Sarah Ferguson, la duquesa de York, se ha interesado por esta exitosa fórmula comercial de New Age judía, que también explicaría las pulseras rojas que lucen el supergaláctico David Beckham, su esposa, la ex spice girl Victoria Adams, y otros personajes de las elites, como Paris Hilton, la heredera del imperio hotelero, entre otros muchos famosos.

La otra cara de este showbussines son sus víctimas: un ejército de jóvenes reclutados por Berg y sus acólitos. Son los chevres (amigos, en hebreo), que por 35 dólares al mes trabajan para el Centro y hasta hacen jornadas gratuitas para cooperar en «la gran transformación del mundo», a la cual los famosos prestan su preciosa imagen.

La fórmula nada tiene de novedosa: mensajes simplones que calan como eslóganes publicitarios, un sincretismo superficial que mezcla en su batidora la jerga pseudocientífica con máximas y sentencias milenarias y, sobre todo, la coartada moral típica de todos los mercaderes del espíritu: «dedicamos una partecita de la riqueza cosechada a hacer buenas obras».

Los programas para repartir comida a personas sin hogar, las visitas a enfermos y ancianos, los proyectos de rehabilitación de drogadictos y alcohólicos, las donaciones de libros para presidiarios y las actividades recreativas para poblaciones juveniles de riesgo, no sólo aportan una valiosa imagen corporativa, sino que sirven para «enganchar» acólitos, e instrumentalizados para mayor gloria y mejor cuenta de resultados de los promotores. En su sitio web, los Berg reciben más de un millón de visitas al mes.

El fiscal de Hollywood Bert Felds vigila las actividades del Centro. Distintos medios han acusado a Berg de plagio, apropiación indebida de copyrights y control mental de los miembros, con aislamiento de su entorno familiar y social, privación sensorial y explotación económica. Pero conviene advertir que la acusación de que el Centro constituye una «secta» no puede aceptarse sin más fundamento que los rumores. Con demasiada frecuencia se usa sin ninguna base seria para demonizar a todo tipo de organizaciones.

En cambio, es evidente que en esta supuesta «cábala de las estrellas» nada hay de la auténtica Cábala hebraica. Batsheva Zimerman, coordinadora para Iberoamérica del Kabbalah Center en Los Ángeles, elimina cualquier duda al respecto. Según esta portavoz, ellos enseñan «qué es Dios», algo insólito si se piensa que para la Cábala hebraica el Creador es incognoscible por definición. A la pregunta de si «su» Cábala tiene algo que ver con la religión, replicó alegremente: «No, absolutamente no», equiparando sin más a la religión con el fundamentalismo, el odio y un Dios primitivo que castiga y premia.

La verdadera Cábala está a años luz de estos despropósitos. Es el fruto de la tradición esotérica de Israel, transmitida oralmente. Hacia el siglo II d.C., esta tradición dejó constancia escrita de un legado de doctrinas secretas, surgidas de la especulación mística sobre los textos bíblicos. En contacto con la cultura internacional de la helenística –cultos paganos solares y lunares, gnosticismo, neoplatonismo, neopitagorismo y hermetismo– este esoterismo acabó por configurar una gnosis judía y como tal penetró en Europa durante la Edad Media, integrándose en el esoterismo occidental. A los primeros siglos de nuestra era pertenece una de las obras cabalísticas fundamentales: el Sefer Yetzirá o Libro de la Creación. En la tradición esotérica judía también destaca la versión etíope de El Libro de Enoch. Este inmortal que visitó en vida los siete cielos cumple en Israel la misma función de revelador e instructor que el Toth egipcio y el Hermes griego en la gnosis pagana que se desarrolló durante los mismos siglos.

El término «cábala» significa «recibir» dicha «tradición», pero designa una teoría y un sistema completo y, por lo tanto, implica un concepto complejo. Por un lado, constituye un mito sobre el origen del mundo, las etapas de la Creación y el lugar del hombre en la obra divina (cosmogonía). Por otro, de esta cosmovisión se deduce un conocimiento sobre la naturaleza de los seres y las cosas (ciencia sagrada). Finalmente, también supone un método y un camino iniciático de crecimiento interior y autorrealización espiritual, así como unas técnicas operativas orientadas a conseguir diversos fines mediante el acceso a otros planos de la Creación, a la comunicación con los seres angélicos que residen en estos y a la incidencia sobre las fuerzas que, provenientes de dichos niveles, inciden en nuestro mundo material (magia, teúrgia).

En el siglo XIII apareció en Castilla El libro del Esplendor (Zohar), considerado «la Biblia de los cabalistas». Su autoría se atribuye al judío español Moisés de León, aunque algunos la remontan al rabino Akiba (siglo II d.C.). Su contenido incluye el desarrollo y estructura de la Creación, los ángeles, el hombre y el destino del mundo. También aporta unos métodos reservados a los iniciados para descifrar el mensaje secreto de las Escrituras hebreas –la verdad de la Creación revelada por Dios–, basados en la creencia en el carácter sagrado de su alfabeto de 22 letras y de la Ley revelada a Moisés. Básicamente son los siguientes:
l Temurah: Consiste en intercambiar una letra del alfabeto hebreo por otra siguiendo un proceso. Esta permutación configura un texto distinto que se percibe como secreto y codificado en la Escritura.

l Gematria: Asignación de un valor numérico a las letras de una palabra o frase para descubrir sus vínculos con otras que suman el mismo número y ahondar así en su significado secreto. Por ejemplo: palabras como Mesías y Hasatán (serpiente), suman el mismo número: 358.

l Notarikon: Construcción de una palabra con las iniciales de varias o de una frase, dando lugar a un juego de permutaciones y a la creación de nuevas palabras o frases.

La Biblia contendría así dos conocimientos. El primero surge de la lectura literal del texto (exotérico) y el segundo de los métodos hermenéuticos mencionados, que permiten descifrar el significado velado del texto, reservado a los iniciados (esotérico).

El postulado fundamental de la Cábala define a Dios (Ain) como «Nada absoluta» y «Todo absoluto». El Creador está más allá de la Creación: es inaccesible, inefable, incognocible y sin atributos. Como Ain Sof (Sin Fin) abarca la totalidad de la existencia y de la no existencia.

El proceso creador se desarrolla de la siguiente forma:
l Dios extrae el Todo generando un vacío para que pueda manifestarse «el espejo de la existencia» y rodea ese vacío como Ain Sof Or (Luz Infinita). El ser humano nada sabe de este Creador supremo absoluto. Sólo lo vislumbra en sus manifestaciones, que se expresan a través del «Rayo relampagueante» emitido por Ain Sof Or.

l En su descenso, el Rayo da lugar a diez fases (Sephirot), concebidas como diez palabras divinas que designan a otros tantos poderes, instrumentos o emanaciones de Dios, configurando una jerarquía cósmica que se visualiza en el Árbol de la Vida cabalístico, organizado en tres pilares.

l Estos diez sephirot o emanaciones divinas están unidos por 22 senderos del espíritu, que se asocian con las 22 letras del alfabeto hebreo.

l El Rayo se concentra en la cumbre o Corona del Árbol (Kether), donde está todo lo que fue, es y será. Esta es la primera emanación y el último retorno. A continuación, en su movimiento en zig zag, va del polo activo (pilar derecho) al pasivo (izquierdo), dando lugar al resto de los sephirot.

l Al pie del Árbol está Malkuth, la Tierra, el Reino de nuestro mundo. Aquí se enraíza el Rayo, constituyendo la luz divina y presencia de Dios en la materia.

l Cada emanación se vincula con uno de los nombres de Dios, una parte de la anatomía humana y una etapa de autorrealización en el camino del espíritu. Los 10 sephirot también se asocian con los 10 primeros números, con un planeta, una planta, un animal, un color, un metal, etc.

l Si la Creación se realiza por un proceso de descenso del Rayo, que se plasma en las diez emanaciones divinas, la evolución espiritual del hombre recorre el mismo itinerario en ascenso, lo cual determina que cada sephira sea también una fase de la autorrevelación o iluminación, en el progesivo acceso a los niveles psicoespirituales de los mundos superiores.

La imagen del Carro de Fuego (Merkaba) codifica esta verdad con el símbolo de la visión del profeta Ezequiel, que evoca los cuatro mundos y los cuatro elementos básicos de la Creación: un Hombre Divino radiante sentado sobre un trono celestial, colocado sobre un carro, que avanza sobre la Tierra.

Este diagrama de la Creación funciona como un todo interdependiente y jerarquizado.

l Los sephirot se relacionan según tres principios o «Esplendores ocultos»: Voluntad Primordial, en el pilar central que simboliza el Equilibrio; Misericordia, que representa el polo positivo y la Expansión del Rayo, en el pilar derecho; y Rigor o Justicia, que corresponde al polo pasivo y la Contracción, en el pilar de la izquierda. Esto implica una dialéctica de opuestos que halla su síntesis en el pilar central del Equilibrio.

l El Árbol también simboliza una jerarquía de cuatro mundos sucesivos que se corresponden con su raíz, tronco, ramas y fruto; con cuatro etapas de Creación (llamar, crecer, formar y hacer); con los cuatro elementos primordiales del Cosmos (fuego, aire, agua y tierra); y con las cuatro letras del nombre santo Yavé.

l Dios despliega la Creación siguiendo este movimiento espiral, en una secuencia de grandes ciclos o eras cósmicas (shemitot), y su presencia se manifiesta en el espacio desde lo más alto a la partícula y, en el tiempo, desde la eternidad al instante, avanzando así desde el Principio hasta el Fin del Mundo.

l Estas emanaciones divinas se corresponden con la anatomía psicoespiritual y física del ser humano, en tanto éste fue creado a su imagen por el Creador. Sobre el Árbol se superpone el Hombre Universal o divino, un Adán arquetípico anterior al bíblico. Como Adam Kadmon es el primero de los reflejos de Dios y, al mismo tiempo, se erige en Observador y Espejo de la Creación. En origen es un andrógino, pero después se escinde en el Adán y la Eva del Génesis bíblico. Al acceder a este arquetipo el iniciado conoce su naturaleza divina, meta de su evolución cósmica: «Dios contempla a Dios» y, a continuación, se funde con éste en Ain.

l Esta evolución psicoespiritual se desarrolla a lo largo de varias existencias. La Cábala acepta la reencarnación y ésta se asocia a la experiencia adquirida en la existencia anterior.

Mundos interdependientes

l En esta Creación todos los planos están vinculados y nos afectan: ritmos naturales, y ciclos planetarios y estelares, inciden en la historia y rigen la espiritualidad humana.

l Los distintos mundos tienen sus propios habitantes. Los Tachatonim moran abajo, en la esfera natural. Los Elyonim residen arriba y no son perceptibles (ángeles, arcángeles) hasta que no se accede a la visión de dichos planos. También existe un ámbito inferior de seres demoníacos (Sheddim), que son los restos de mundos anteriores desechados por el Creador y cuya función es poner a prueba la solidez de la Creación.

l Sin embargo, aunque el mundo material constituye un nivel inferior, la Cábala se diferencia del gnosticismo cristiano en que no identifica el mal con la materia. Lo que llamamos mal, como lo que denominamos materia, son parte del mismo todo creado y regido por Dios y cumplen su función en la Creación.

l La anatomía física del hombre expresa el mundo inferior; la de su psiquismo, energía y conocimiento pertenecen a un mundo superior. El inferior le proporciona información de su mundo exterior y el superior transmite al cuerpo, a través del sistema nervioso y el cerebro, la voluntad que emana de los reinos interiores y superiores.

La Cábala es una gnosis porque estima que la clave del ascenso psicoespiritual consiste en el conocimiento revelado que transmite. Este saber también tiene aplicaciones múltiples en el dominio práctico de la vida cotidiana. Las fuerzas naturales están presididas por los sephirot y los 22 senderos del espíritu representan distintos estados de conciencia.

En lo que se refiere al crecimiento interior, la búsqueda del equilibrio entre los principios opuestos convierte al Árbol en un modelo para corregir las tendencias correspondientes en la anatomía psicoespiritual. En lo que atañe a las aplicaciones prácticas, de los principios y causas superiores que rigen nuestro mundo material se deducen formas adecuadas de actuación para gestionar la realidad y superar los obstáculos.

Cábala práctica y mística

Pero la pretensión de subordinar la Cábala a dichos objetivos implica falsificarla. No porque carezca de esas aplicaciones. Toda magia pretende conseguir efectos en el mundo material. Pero tales objetivos de Cábala práctica sólo pueden perseguirse como parte del desarrollo psicoespiritual (Cábala mística). Quienes quieren usarla como un simple instrumento no advierten que, incluso para servir como tal en ciertas ocasiones, necesita ser previamente ese camino de realización que busca remontar el proceso de la Creación desde el mundo físico a los más sutiles ámbitos espirituales, ascendiendo tras la estela del Rayo. Por eso, en el Árbol de la Vida, la Creación se visualiza como un descenso, pero el Adam Kadmon se representa de pie, simbolizando el ascenso a esa dimensión cósmica en que debe culminar la evolución psicoespiritual humana y que supone la realización de su auténtica esencia divina. Desde luego, su finalidad no es superar divorcios, ni mejorar el humor, ni inspirar diseños de última moda para la pasarela.

Naturalmente, nada impide que la cábala falsificada de los Berg represente para algunas personas una llamada de atención, induciéndolas a interesarse por la auténtica tradición sagrada y, acaso, a descubrirla por sí mismos. Así ha sucedido siempre. Algunos individuos han encontrado en los cultos más variopintos la antesala de una verdadera religiosidad. Pero ésta constituye otro ámbito y requiere superar, previamente, la falsificación inevitable que se ofrece para consumo masivo en dicha antesala.

En cualquier caso, los explotados chevres que creen y buscan sinceramente están más cerca de dar este paso que los famosos inmersos en su última frivolidad, comiendo la Pascua judía con los Berg, a 4.000 euros el cubierto y vestidos ritualmente de blanco inmaculado... Como si se pudiese celebrar la libertad concedida por Dios a Israel, brindando en los lujosos salones de banquetes de la Gran Babilonia del siglo XXI.

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