Se vende una casa construida sobre un platillo volante
Si tienes 690.000 euros puedes hacerte con una casa en Estonia que -según los rumores- tiene enterrado en el jardín un platillo volante
Venden en Estonia una propiedad en cuyo jardín estaría enterrado un platillo volante desde 1969
La casa está situada en Hõbekuuse tee 34, en Merivälja, un tranquilo barrio residencial del distrito de Pirita, en Tallin, la capital de Estonia. Según el anuncio publicado en el portal inmobiliario kv.ee, tiene 220 metros cuadrados, cuatro dormitorios, una zona de spa y sauna en el sótano y una parcela de 1.436 metros cuadrados. Precio: 690.000 euros.
Nada en el texto de la oferta sugiere que bajo ese jardín haya algo distinto de tierra, arena y raíces de frutales. Y, sin embargo, el mundo ovni lleva más de medio siglo hablando de esa dirección.

Un pozo y algo que no se dejaba romper
Todo comenzó en el verano de 1969, cuando Estonia formaba parte de la Unión Soviética. Virgo Mitt, propietario de la casa, cavaba un pozo de agua en su jardín. A unos siete u ocho metros de profundidad, su martillo neumático topó con una superficie metálica extraordinariamente dura. Lo llamaron Objeto M.
Mitt logró desprender varios fragmentos, de unos centímetros de grosor, y los guardó. Con el tiempo acabaron en manos de geólogos y laboratorios locales. Las fuentes estonias recogen que el geólogo Herbert Viiding, vinculado al Instituto de Geología, los hizo analizar y que, a comienzos de 1984, trozos del material se enviaron a centros de investigación de Kiev, Moscú y Leningrado.
Cuando la noticia llegó a oídos de las autoridades soviéticas, ya no hubo marcha atrás.
The Estonian house with the candidate buried saucer (Object M) is now on sale. Starting price: 690 000 euros. Please invite us to do measurements and dig it up. https://t.co/woCxvckkZK
— Beatriz Villarroel (@DrBeaVillarroel) October 2, 2026
Al ponerse a la venta la lujosa propiedad saltaron todas las alarmas. La destacada astrónoma y astrofísica sueca Beatriz Villarroel posteó en X: «La casa estonia con el candidato a platillo enterrado (Objeto M) está ahora en venta. Precio inicial: 690 000 euros. Por favor, invítennos a hacer mediciones y a desenterrarlo.»
El mensaje confirma que el asunto sigue vivo. Y que lo diga Villarroel importa porque es una astrofísica, impulsora del proyecto VASCO, que busca objetos reflectantes captados en el cielo años antes de que existiera ningún satélite artificial. No es una aficionada al misterio: es una científica con trabajos revisados por pares que ha decidido que esa misma búsqueda de artefactos no humanos debe extenderse al subsuelo.

Villarroel viajó a Estonia con Dennis Åsberg, cofundador de Ocean X, el equipo que halló una anomalía en el sonar en el Báltico a unos 300 kilómetros de allí y que sostiene que ambos puntos podrían ser anteriores a la última glaciación. La visita quedó recogida en el especial Secret Soviet UFOs del programa Reality Check, que presenta Ross Coulthart, periodista de la cadena estadounidense NewsNation. Según el programa, lo único que zanjaría el asunto es un georradar en el jardín de un propietario que ya les había dicho que no.
Cronología
La movilización secreta que duró casi veinte años
Con los años, según el cineasta y escritor estonio Mart Sander (autor del libro Object M: Estonia's Buried Mystery) los fragmentos llegaron a laboratorios científicos locales y las autoridades de la URSS se enteraron. Lo que siguió fue una movilización secreta que duró casi veinte años.
- Propiedades anómalas. Según esos relatos, el diario soviético Pravda y diversos informes recogieron que los fragmentos provocaban fenómenos electromagnéticos y descargas eléctricas, e incluso que hicieron perder el conocimiento a algún ingeniero.
- Intervención militar. La KGB (el servicio de seguridad soviético) y científicos militares habrían acordonado la propiedad, excavado el jardín y construido un túnel subterráneo para intentar alcanzar la estructura. Los cálculos de la época hablarían de un objeto ovalado de unos 15 metros de largo y unas 200 toneladas de peso.
- Un obrero herido. Según Sander, uno de los intentos de excavación de los años ochenta terminó cuando un trabajador recibió un golpe en el estómago que le dejó una quemadura triangular. Después, el ejército habría sellado los túneles y abandonado el lugar sin extraer la masa principal.

Dos lecturas de un mismo hallazgo
- Los laboratorios soviéticos habrían concluido que la aleación no podía fabricarse en la Tierra, según NewsNation.
- Las fuentes estonias hablan de casi cuarenta componentes químicos, con metales cuyos puntos de fusión difieren en unos 1.000 grados.
- Un objeto ovalado de unos 15 metros y 200 toneladas, parcialmente bajo la casa.
- Sander señala sedimentos que apuntarían a que el objeto es anterior a la última glaciación.
- Åsberg lo relaciona con la anomalía del Báltico.
- Bajo la morrena de Merivälja hay arenisca cámbrica con abundantes concreciones de pirita, un mineral brillante que a menudo se confunde con oro.
- El propio Viiding y la familia Mitt reconocieron que podía tratarse de pirita.
- El académico Anto Raukas, y con él la investigadora Rutt Hints, del Instituto de Geología de la Universidad Tecnológica de Tallin, defienden que sería un residuo o materia prima de los astilleros Becker.
- Sander recoge además una hipótesis de superaleación enterrada hacia 1917.
¿Cuánto pagaría usted por tecnología de otro mundo?
Un anuncio inmobiliario no va a hablar de un platillo volante, claro. Pero hay una pregunta que sí podemos hacernos: ¿qué estaría dispuesto a pagar cualquiera por un objeto tecnológico de origen no humano?
El propio anuncio calcula 3.135 euros por metro cuadrado. Es el precio de una casa de lujo en una zona codiciada, no el de un hallazgo que cambiaría la historia de la humanidad. Ni el vendedor ni la agencia parecen contar con ello.
Y hay un segundo detalle, el que a mi juicio pesa más: la reforma. Entre 2020 y 2026 la casa ha sido reconstruida casi por completo, con drenajes, cimentación y sótano nuevos. Mi lectura es que, si en algún momento hubo allí algo que ver, la obra ha pasado por encima: ya no queda nada accesible en superficie y nadie puede garantizar en qué estado ha quedado el terreno. Lo que se vende es una casa nueva sobre un solar con una leyenda. Esto es opinión y no un dato verificado, y el objeto, si existe, estaría mucho más hondo que cualquier cimiento.
Que no se haya podido comprobar no equivale a que sea falso. Tampoco a que sea cierto. Villarroel lo resume en una petición sencilla: que alguien les invite a medir. Mientras eso no ocurra, el Objeto M seguirá siendo lo que ha sido durante más de medio siglo: un enigma sepultado a siete metros, con una explicación geológica sobre la mesa que todavía nadie ha podido descartar ni confirmar.
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