Detectadas cámaras ocultas en la tumba de Tutankamon
El hallazgo que el Ministerio de Antigüedades de Egipto dio por cerrado en 2018 vuelve a abrir sus puertas. Hay cámaras ocultas en la tumba de Tutankamon
Un nuevo estudio geofísico realizado junto a la tumba de Tutankamón (designada KV62) en el Valle de los Reyes ha detectado una serie de anomalías subterráneas que, según los investigadores que las han examinado, podrían corresponder a un complejo desconocido de corredores, cámaras y quizá tumbas todavía sin abrir.
La investigación, adelantada por el medio estadounidense The Debrief, combina radar de penetración terrestre con más de 1.200 mediciones de microgravedad repartidas en una superficie de unos 35 metros cuadrados junto a la cámara funeraria. El resultado: zonas de baja densidad que dibujan ángulos rectos alineados, en algunos casos, con el muro norte de la propia tumba. Es decir, formas que no parecen fruto del azar geológico.
Mamdouh Eldamaty, arqueólogo de la Universidad Ain Shams de El Cairo y ministro de Antigüedades de Egipto entre 2015 y 2016 —precisamente cuando estalló por primera vez esta polémica por la existencia de cámaras—, ha declarado que los datos podrían apuntar a un "complejo oculto de corredores y estancias" junto al sepulcro del faraón. ¿Perdón?

Recordemos que el arqueólogo Nicholas Reeves sugirió que la tumba de Tutankamón contiene dos cámaras ocultas y que una de ellas podría ser el lugar de descanso final de la reina Nefertiti. Sus suposiciones se basaban en termografías de infarrojos realizadas en noviembre de 2015 por el japonés Hirokatsu Watanabe donde detectó diferencias de temperatura y Reeves descubrió líneas bajo el yeso que sugerían la presencia de puertas selladas y habitaciones ocultas. Sin embargo, Zahi Hawass, fue extremadamente crítico, llegando a declarar públicamente que su teoría "carecía de base" y que no se debería permitir dañar los muros de la tumba para buscar algo inexistente.
Un corredor de dos metros y la "anomalía 7"
Entre los elementos más sugerentes detectados ahora figura un posible corredor de unos dos metros de ancho, que podría estar colmado de escombros y que se extiende en dirección opuesta a la cámara funeraria de Tutankamón. Según George Ballard, especialista en geofísica que ha analizado los resultados, este pasillo podría haber pasado inadvertido en los rastreos anteriores porque estos se centraron siempre en buscar grandes espacios vacíos justo detrás del muro, no corredores alejados y rellenos de material.

Hay una segunda anomalía, bautizada como "anomalía 7", que consiste en una zona de baja densidad que envuelve una región cuadrangular de material más denso. Ballard apunta que podría tratarse de una cámara llena de objetos, aunque él mismo reconoce que las mediciones se obtuvieron en condiciones cercanas al límite de lo que el radar y la microgravedad pueden resolver con fiabilidad. Dicho de otro modo: intrigante, pero todavía lejos de ser una prueba.
Nicholas Reeves, el egiptólogo que Egipto dejó de escuchar
Estas nuevas anomalías reviven, en el fondo, la teoría de Nicholas Reeves, egiptólogo británico de la Universidad de Arizona que en 2015 sostuvo que tras los muros de KV62 podía esconderse la tumba de la reina Nefertiti, esposa principal del faraón Akenatón. Su hipótesis: Tutankamón, muerto de forma repentina y prematura, habría sido enterrado a toda prisa en una parte reutilizada de la tumba de Nefertiti.
Los primeros radares parecieron darle la razón. Pero el propio Zahi Hawass, egiptólogo y exministro de Antigüedades, calificó públicamente la teoría de "baseless" y llegó a decir que Reeves "nos vendió el aire". En 2018, un tercer y definitivo estudio con radar, coordinado por Franco Porcelli del Politécnico de Turín junto al Ministerio de Antigüedades egipcio y National Geographic, concluyó con "un nivel de confianza muy alto" que no había ninguna cámara oculta junto a la tumba. Reeves quedó fuera del equipo que certificó el cierre del caso, y su hipótesis pasó de "el hallazgo del siglo" a advertencia de manual sobre los límites de la prospección geofísica.
Ocho años después, la ironía es evidente: los mismos métodos que en 2018 sirvieron para desautorizarlo son ahora los que reabren la pregunta que él planteó primero.
¿Y ahora qué? Cámaras robóticas a la vista
El plan sobre la mesa es tan sencillo como delicado: perforar varios orificios pequeños hacia la anomalía más significativa, situada al norte de la cámara funeraria, e introducir por ellos pequeños vehículos teledirigidos equipados con cámaras de 360 grados. Antes de mover una sola piedra, el equipo necesita la autorización del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto. Si llega, los trabajos podrían arrancar tan pronto como en noviembre de 2026.
Conviene no perder la cabeza todavía. Los propios investigadores admiten que los hallazgos son, por ahora, "inconclusive" —no concluyentes— y que hará falta evidencia física, cámara en mano, para confirmar si estas anomalías son estructuras humanas de época dinástica o simples caprichos geológicos. Egipto ya ha vivido este vaivén de esperanza y desmentido tres veces desde 2015, y la comunidad científica, escarmentada, pide pruebas antes que titulares.

Pero al contrario de lo sucedido con el enterramiento de Thutmose II, cuya tumba localizamos hace no tanto y que se confirmó sin apenas margen de duda, aquí seguimos moviéndonos en el terreno de la hipótesis. Si algún día se confirma que detrás de esos muros hay algo más que roca, no solo se cerrará —por fin, de verdad— el enigma que abrió Reeves hace once años: podría además resolver uno de los grandes misterios pendientes de la egiptología, el paradero de los restos de Nefertiti, que nunca han sido identificados con certeza en ninguna tumba conocida.
Yo, que llevo siguiendo este culebrón arqueológico desde que empezó a perforarse la primera duda en 2015, prefiero guardar la cautela justa: ni el entusiasmo desbocado del 90% de probabilidades que se manejó entonces, ni el portazo definitivo de 2018. Egipto tiene la costumbre de guardarse sorpresas bajo tierra durante milenios; no será en noviembre cuando deje de hacerlo.
Cronología de un enigma que no termina de cerrarse
Howard Carter descubre la tumba intacta de Tutankamón en el Valle de los Reyes, con más de 5.000 objetos en su interior.
Nicholas Reeves publica su teoría sobre dos puertas ocultas en la cámara funeraria y la posible presencia de Nefertiti.
Ya contamos en Espacio Misterio el inicio del escaneo de los muros norte y oeste, con el ministro de Antigüedades egipcio hablando entonces de hasta un 70% de probabilidades de encontrar cámaras nuevas.
La termografía detecta materiales "orgánicos y metálicos" en las oquedades. Lo titulamos entonces "a un paso del hallazgo del siglo", con Eldamaty llegando a barajar que tras el muro pudiera estar Kiya, Meritatón o la propia Nefertiti.
Un segundo radar, organizado por National Geographic, contradice los resultados anteriores y siembra la primera duda seria sobre la teoría de Reeves.
El tercer estudio, liderado por Franco Porcelli, cierra el caso: no hay cámaras ni corredores ocultos. El Ministerio de Antigüedades da el asunto por zanjado.
Un nuevo estudio con radar y microgravedad detecta anomalías junto al muro norte de la cámara funeraria y revive la hipótesis de Reeves diez años después.
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