Historia
29/05/2023 (08:00 CET) Actualizado: 29/05/2023 (08:00 CET)

Pirámides: la construcción de los dioses

En todo el mundo se yerguen pirámides ¿Acaso constituyen un vago recuerdo civilizaciones anteriores a la nuestra? ¿Por qué están vinculadas a los dioses celestes?

29/05/2023 (08:00 CET) Actualizado: 29/05/2023 (08:00 CET)
Hay pirámides en muchos países del mundo
Hay pirámides en muchos países del mundo

Cuentan las leyendas egipcias que hay personas que son capaces de sentir la llamada del desierto y que incluso algunas se atreven a contestar. Cuando el desierto te entra por los ojos, baja hasta el corazón y allí busca un sitio en el que alojarse. Si encuentra algún rincón decente en él, entonces echa raíces y te enseña su esencia, su dulce sabor y su canción, que suena como los versos salmodiados del sagrado Corán, pero también como el Padrenuestro en la lengua original de Jesús. Y eso fue precisamente lo que me sucedió cuando, desde la ventanilla del autobús, el horizonte del país de los faraones comenzó a cambiar y a abrirse paso hacia mi interior.

Atravesando el Oráculo de Siwa, el desierto negro fue quedándose atrás mientras la arena fina del desierto blanco iba empapando con su luminosidad todo en derredor hasta que llegamos al Oasis de Bahariya, hogar de las Momias de Oro. A la vera de una fuente de aguas termales, donde los oriundos suelen reunirse para tomar baños curativos y hacer sus abluciones rituales, se yergue una pequeña colina con forma poligonal de cuatro caras triangulares conocida como «La Pirámide Natural». Debido a su silueta, el otero es frecuentado por numerosos místicos del desierto, que peregrinan hasta aquí anhelando el encuentro con su Señor. Para ello suben a la cima, puesto que así piensan que se encuentran más cerca de Allah, quien, como todo el mundo sabe, vive en el cielo.

Y puede que algo de razón lleven, puesto que cuando alcanzas la cumbre y te sientas a contemplar tranquilamente el horizonte, eres testigo de cómo el cielo va cambiando en silencio, sin hacer el menor ruido, y tienes la sensación de que todas las cosas a tu alrededor también cambian sin cambiar. De que en ese punto entre la tierra y el cielo no existe ni el mañana, ni el ayer, ni otra cosa que no sea el aquí y el ahora. Quizás eso explique que la inmensa mayoría de mitologías antiguas dieran preeminencia a las elevaciones de terreno para acercarse a la divinidad; colinas que después se atrevieron a fabricar artificialmente y que hoy conocemos con el nombre de pirámides.

LAS OTRAS PIRÁMIDES

Otra pirámide natural, o al menos eso se creyó durante cientos de años, se encuentra en Karyamukti, una aldea del distrito de Campaka, en la división occidental de la isla de Java, a la que los lugareños dieron el nombre de Gunung Padang. Respondiendo al mismo llamado que en Egipto, los místicos de Indonesia, desde tiempos inmemoriales, llevan acudiendo a las cinco terrazas que se elevan sobre la colina para sentarse en meditación, puesto que piensan que ese lugar, debido a sus características especiales, puede ayudarlos a salir del Samsara y alcanzar fácilmente la Iluminación, de ahí que la conozcan como la Montaña de la Luz.

Sin embargo, la sorpresa no pudo ser mayor cuando el doctor Danny Hilman Natawidjaja, geólogo del Centro de Investigación del Instituto Indonesio de Ciencias y su equipo consiguieron en 2011 hacer una exploración geofísica utilizando diferentes técnicas no invasivas, como tomografía sísmica y georradar, para descubrir que la colina era en realidad una gran pirámide compuesta por rocas de basalto columnar que se extiende al menos treinta metros por debajo de la tierra, cuya datación varía entre los 12.000 y los 24.000 años de antigüedad.

Aunque la ciencia oficial asegura que los megalitos de la superficie no pueden tener más de 3.000 años, las terrazas que se encuentran bajo tierra podrían ser bastante más añejas. Hasta el 2014, el doctor Natawidjaja pudo revelar la presencia de tres cámaras dentro de la estructura soterrada, lo que evidencia la mano de los humanos en su construcción. Humanos que, se supone, todavía no sabían siquiera lo que era la agricultura, por tanto, ¿cómo pudieron construir un edificio semejante?

LUGARES DE CONTACTO

Con todo, cuando ya pensábamos que Indonesia no podía sorprendernos más, aparece la pirámide de Borobudur, en la ladera del monte Punthuk Setumbu, con más preguntas que respuestas. La estructura cuenta con seis plataformas cuadradas que son rematadas por tres circulares, siendo la última de ellas coronada por una gran estupa que tiene como objetivo elevar la mente del peregrino hasta lo más alto del firmamento, donde se supone que moran los dioses. El monumento pretende ser una reproducción a escala de la colina primigenia, o montaña cósmica, desde la que comenzó a extenderse toda la creación, y que aquí vemos en forma de mandala, al cual el peregrino deberá enfrentarse para alcanzar el estado de Gracia Plena.

Ascendiendo por todas y cada una de sus estaciones, dejando siempre el hombro derecho apuntando a la pirámide, el ser humano se convierte en una especie de planeta que camina alrededor del sol de la perfección, cuya órbita nos conducirá por centenares de escenas de la vida de Siddhartha, el príncipe iluminado, hasta llegar a las 72 estupas menores que se encuentran en las plataformas circulares y que contienen sendas estatuas de Buda en posición de loto en su interior. Este número, por cierto, coincide con el movimiento lento y gradual del eje de rotación de la Tierra que hace que la posición que indica en la esfera celeste se desplace a través de las casas zodiacales a razón de un grado cada 72 años. Debido a lo anterior, no sería extraño pensar que nos encontramos en una especie de nave espacial, la cual pretende ayudarnos a culminar nuestro particular viaje hacia las estrellas.

Desde el Monte Moriah, donde se alzó el Templo de Salomón, pasando por el Monte Meru, morada de Budas y Bodhisattvas –que se supone tenía forma de cono truncado–, hasta el Monte Sinaí y el Gólgota, en cuyo centro se hallaba la tumba de Adán, todas las culturas de la Tierra señalan la importancia de determinadas elevaciones de terreno para acceder al mundo que se abre por encima de este. Según los Textos de las Pirámides –conjunto de relatos y conjuros hallados en distintas cámaras funerarias del Imperio Antiguo– la primera manifestación del dios Atón fue como una colina natural ubicada en la región de Heliópolis; aunque otras voces aseveran que en realidad el otero primigenio habría estado ubicado en Guiza, donde el faraón Keops (Jufu) levantó su Gran Pirámide siglos después sobre los restos del que posiblemente fuera el templo más antiguo de Egipto junto a la Esfinge, hoy desaparecido.

LANZADERAS HACIA LAS ESTRELLAS

En 1877, el teólogo y escritor Joseph Seiss certificó que la Gran Pirámide se situaba exactamente en el centro geográfico de nuestro planeta, lo que no deja de ser inquietante, puesto que de ser cierto significaría que alguien, hace cinco mil años, ya estaba al tanto del tamaño de nuestro pequeño astro azul y que además fue capaz de calcular dónde se encontraba su núcleo.

Sabemos que los antiguos pobladores de Egipto fueron grandes astrónomos y que dieron mucha importancia a la relación del cielo con la tierra, por lo que la mayoría de sus monumentos estuvieron alineados con alguna estrella o constelación. En el templo de Horus, en Edfu, Ptolomeo III Evergetes pidió consejo a la diosa Seshat y al dios Thot para orientar el edificio hacia la constelación de la Osa Mayor, en lo que se conoce como «el tensado de la cuerda». Una práctica que consiste en representar lo que es abajo como lo que es arriba, la cual se remonta al menos hasta la Primera Dinastía, sino todavía más atrás, y que coincide con la tradición que sostiene que los Shemsu Hor –los Compañeros de Horus–, unos seres venidos de las estrellas, enseñaron a los antiguos sacerdotes y reyes egipcios el conocimiento para construir edificios celestes en nuestro planeta. Pirámides donde el espíritu de los dioses podía darse la mano con el espíritu de los hombres para elevar a la humanidad hasta las regiones que se abren por encima de nosotros. Este viaje, empero, comenzaba en una especie de cámara de resurrección que se localizaba en el corazón mismo de la pirámide y que debía emular en todo al arca donde, según la mitología, el dios oscuro Seth encerró el cadáver de su hermano Osiris.

Muchos expertos aseguran que los templos egipcios más antiguos resultan ser los que están mejor construidos y mejor alineados con las diversas constelaciones y estrellas, lo que no deja de ser curioso, puesto que semejante paradoja estaría apuntando o bien a la presencia de una humanidad anterior que poseyó los conocimientos suficientes, tanto del cielo como de la tierra, como para construir edificios celestes en nuestro planeta; o bien a la presencia de unos seres venidos de algún otro lado que sin embargo nuestros ancestros confundieron con dioses, los cuales se dedicaron a instruirnos en todas las artes y en todas las ciencias.

Las pirámides que se yerguen en la meseta de Guiza se encuentran alineadas al milímetro con los cuatro puntos cardinales, pero también su ápice está orientado hacia las tres estrellas que componen el cinturón de Orión. Osiris/Orión, el señor del inframundo, era también considerado como el Ka –el espíritu– de las pirámides de Guiza; por tanto, no sería descabellado pensar que el destino del alma del faraón fuese otro que llegar a esas estrellas que se encontraban en la vertical de las pirámides, introduciéndose en esa cámara adimensional a modo de nave espacial para comenzar así un viaje de transformación.

PROTOPIRÁMIDES

A lo largo y ancho del mundo, desde China, Egipto y Centroamérica hasta llegar al Sudeste Asiático, las pirámides han sido erigidas por un sinfín de civilizaciones que, pese a ello, no tuvieron ningún contacto entre sí ni ningún nexo de unión. Aunque muchos estudiosos aseguran que esto no tiene nada de raro, puesto que en realidad respondería a la evolución natural de un edificio que pretende ganar en altura, lo que los especialistas no pueden explicar es por qué todas y cada una de las culturas que nos precedieron consideraron que los edificios piramidales debían reservarse única y exclusivamente para rendir culto a la divinidad o divinidades, que además tenían que tener una cámara sacra en su interior, y que debían estar orientados hacia determinadas estrellas.

Sin contar Gunung Padang, las primeras pirámides de las que tenemos constancia surgieron en la antigua Mesopotamia y las conocemos con el nombre de zigurats. Sobre su base cuadrada u ovalada iban apilándose ladrillos de adobe que previamente eran secados al sol para posteriormente revestir toda la estructura con algún tipo de material más colorido. Uno de los zigurats más impresionantes del mundo antiguo, datado en torno al tercer milenio a. C., con siete niveles que acababan coronados por un templo, fue Etemenanki, levantado en Babilonia en honor al dios Marduk y probablemente reconstruido y ampliado por el rey Hammurabi tiempo después. Los siete niveles representaban los siete cielos y los siete planetas de la cosmogonía mesopotámica. En la Biblia aparece bajo el pseudónimo de la Torre de Babel, por la que la humanidad pretendía llegar al cielo para hablar cara a cara con Dios.

Estas proto-pirámides encarnaban la colina primigenia, el Axis Mundi –ombligo del mundo– presente en todas las tradiciones, donde los dioses comenzaron la creación de la Tierra, por lo que posiblemente el zigurat de Babel fuese el primer templo a la divinidad de la segunda humanidad que se salvó de las aguas que anegaron el mundo tras el Diluvio Universal gracias a la pirámide/ arca de Noé. Sus siete pisos, como ya hemos mencionado, se correspondían con cada uno de los siete planetas, pero también con los siete colores del arcoíris, los siete días de la semana, los siete metales nobles, así como las siete notas musicales.

Curiosamente, la Pirámide de los Nichos, en el Tajín, Veracruz (México), posee siete alturas que se corresponderían igualmente con todo lo anterior, pero además con las siete estrellas que componen las Pléyades, en la constelación de Tauro, también llamadas las siete hermanas cósmicas. El edificio está orientado al sudeste, señalando el orto solar en el solsticio de invierno, y conserva trescientas sesenta y cinco ventanas en clara alusión a los días del año, lo que la convierte en un calendario astronómico sin parangón. Su hermana gemela, empero, se alza al otro lado del planeta, en Indonesia, y se la conoce como Candi Sukuh. Las otras cinco serían Candi Khetek, el templo Lebak, Cibedug, Pugung Raharjo y Gunung Padang.

La arqueoastronomía es la ciencia que se ocupa de estudiar la cosmología de los pueblos de la antigüedad y su repercusión en la sociedad. Cada actividad humana se encontraba sujeta y determinada por el orden celeste, puesto que el cielo era la morada donde habitaban los dioses, cuyos designios se hacían visibles mediante fenómenos atmosféricos, conjunciones o eclipses. Los templos, en este sentido, debían estar orientados a la casa donde moraba el dios a quien pretendían reverenciar, cuyos movimientos eran observados desde ese punto de la Tierra para descubrir posibles alteraciones en el orden cósmico y así adivinar la voluntad de la divinidad. El espacio sagrado debía estar en consonancia con el movimiento de los orbes celestes; de otro modo, podría romper la armonía que debía imperar tanto en la tierra como en el cielo.

LA MECA DE AMÉRICA

Sabemos que los centros ceremoniales de los zapotecas, que habitaron México entre los años 600 y 800 a. C., se encuentran perfectamente alineados de norte a sur en la orientación cardinal. Uno de sus templos piramidales, el conocido como «edificio J» del Monte Albán, tiene forma de flecha que apunta al sudoeste, lo que permitía a los sacerdotes seguir el rumbo de la estrella Capeta. Cuando los mexicas se asentaron en Tenochtitlán encontraron, a poco menos de cien kilómetros, las ruinas de una colonia anterior, a la que llamaron Teotihuacán, la ciudad donde los hombres se convierten en dioses. En dicho emplazamiento se alzaban tres asombrosas pirámides que rebautizaron como la pirámide del Sol, la de la Luna y la de la Serpiente Emplumada. Los historiadores suponen que el enclave debió ser un importante centro ceremonial durante el período clásico, es decir entre los siglos II y VII d. C. aproximadamente. No obstante, a día de hoy nadie sabe ni quiénes las construyeron ni el nombre que sus habitantes dieron originalmente a dichos edificios.

Se presume que tal vez Teotihuacán llegó a ser una especie de Meca para su tiempo, participando en su construcción la gran mayoría de etnias de la zona, las cuales, pasados los años, habrían pujado por ejercer el dominio del lugar sagrado, lo que a la postre acabó en una guerra fratricida y en el abandono del enclave de poder, dejándolo a su suerte.

Como ya hemos mencionado, el país de los faraones levantará en la meseta de Guiza sus tres centros ceremoniales más increíbles, orientados hacia las tres estrellas del cinturón de Orión: Alnitak, Alnilam y Mintaka. No obstante, estas no serán las únicas pirámides que tengan una clara correspondencia con esas estrellas, puesto que en Teotihuacán, las pirámides anteriormente mencionadas también se encuentran alineadas con las tres estrellas del cinturón de Orión, formando así otro espejo del cielo en la tierra. La escalera de la pirámide del Sol está situada hacia el noroeste, donde aparece y desaparece la agrupación de las Pléyades, por lo que el edificio refiere simultáneamente varios fenómenos celestes, los cuales habrían sido fundamentales para el transcurso de la vida de sus habitantes. La pirámide de la Luna, la de Quetzalcóatl, así como la Calzada de los Muertos –un mandala de la Vía Láctea–, se construyeron tomando como referencia la pirámide del Sol, empero estarían señalando otros horizontes y venerando a otras deidades mesoamericanas diferentes a la primera.

EL ASCENSO DE LAS ALMAS

El yacimiento de Tiahuanaco, en Bolivia, a los pies del lago Titicaca, cuenta también con los restos de la pirámide de Akapana, de doscientos metros de largo, doscientos de ancho y dieciocho de alto; la cual se encuentra orientada, al igual que las pirámides de la meseta de Guiza, con los cuatro puntos cardinales. La plataforma, semejante a sus homónimas mayas, estuvo rematada por un templo en la parte superior.

Como acabamos de demostrar, las pirámides son algo más, mucho más, que meros edificios mortuorios. Son naves espaciales donde el alma debe iniciar su ascensión al firmamento para poder convertirnos en estrellas circumpolares y brillar por siempre jamás. Esa tecnología de los dioses pudo haber sido heredada por una humanidad anterior a la nuestra, o bien enseñada por los mismos dioses, o incluso puede que sea algo que llevemos tatuado en nuestro ADN, por lo que, cada vez que sentimos la llamada de lo inefable, buscamos un lugar donde subir un peldaño de cielo; pero si no podemos encontrarlo, lo construimos para que, como propongo en mi libro Los viajeros del cosmos (Almuzara, 2020), el alma pueda regresar al lugar de donde un día salió, es decir, al infinito.

Lo más leído

Comentarios

No hay comentarios ¿Te animas?

Nos interesa tu opinión

Revista

Año cero 403

Nº 403, marzo de 2024