Misterios
29/05/2023 (08:00 CET) Actualizado: 29/05/2023 (08:00 CET)

Una niña agredida por fuerzas invisibles

Un ser invisible martirizó a una niña de Terrassa ante la aterrada mirada de su familia en 1936

29/05/2023 (08:00 CET) Actualizado: 29/05/2023 (08:00 CET)
En 1936 una casa de Can Palet de Terrassa ocupó titulares de la prensa nacional
En 1936 una casa de Can Palet de Terrassa ocupó titulares de la prensa nacional
Nº 389, Diciembre de 2022
Este artículo pertenece al Nº 389, Diciembre de 2022

En 1936, Terrassa era una ciudad importante gracias a su alta industrialización. Como ocurre con todas las ciudades industrializadas, en la periferia se habían ido formando barriadas repletas de familias trabajadoras en busca de una vida mejor. Y fue en uno de estos barrios, Can Palet, y más concretamente en una humilde vivienda situada en la calle de la Agricultura, donde un extraño y aterrador suceso dio a esta barriada una notoriedad inesperada. La revista Crónica señalaba lo siguiente en relación al barrio y a la fama que iba a alcanzar: «Can Palet, desconocido hasta ahora por los que no habitan el barrio, rodará en breve, y por algún tiempo, por las columnas de los periódicos del mundo». Pero, ¿qué  había sucedido en aquel lugar para robar protagonismo a una actualidad señalada por la tensa situación que se vivía en los meses anteriores a la Guerra Civil?

La familia Obradors estaba viviendo una auténtica pesadilla a causa de una invisible y sobrenatural fuerza

En el número 34 de la calle de la Agricultura vivía la familia Obradors. Eran tiempos duros para todos y, en una ciudad industrializada como Terrassa, las luchas obreras y el enrarecido clima prebélico que se respiraba, hacían las condiciones de vida de las familias humildes como los Obradors mucho más duras si cabe. José, el padre, se encontraba sin trabajo desde hacía un tiempo y sufría viendo a su esposa Julia padecer una grave enfermedad que también le había privado de trabajar. Por ello, dependían únicamente del sueldo que ganaba su hija mayor, Teresa. Completaban la familia Josefa, de 14 años de edad y una niña casi recién nacida que la familia había acogido en adopción. La vida era dura, pero se mantenían unidos y esperaban con esperanza que la situación cambiase para mejor. Al menos, esa era la imagen que daban a sus vecinos pero, de puertas para adentro, la familia estaba viviendo una auténtica pesadilla. Y la que más estaba sufriendo era Josefa. La causa, una invisible y sobrenatural fuerza que se estaba cebando con ella.

Josefa Obradors
Josefa Obradors

LA CASA DEL TERROR

El 5 de abril de 1936, la revista gráfica Crónica ofrecía a sus lectores un reportaje sorprendente que llevaba el siguiente titular: «En una casa de Tarrasa, una fuerza invisible y desconocida tira piedras y sacude los muebles… Josefa, la embrujada de Can Palet». La aparición de esta noticia  no había ocurrido por azar. La familia Obradors, desesperada y aterrada ante aquella fuerza inexplicable, había acudido a la prensa para tratar de acabar con aquel macabro suceso que amenazaba la tranquilidad de sus vidas.

Todo había comenzado en el pequeño terreno que poseía la familia y que estaba anexo a la vivienda y donde los Obradors tenían un pequeño huerto. En el mismo, habían depositado un montón de piedras con la intención de utilizarlas para realizar alguna construcción o reforma. Un día, observaron cómo las piedras había cambiado de ubicación, quedando al otro extremo del huerto, sin que, aparentemente, nadie hubiera tenido nada que ver. Extrañado, José se percató de que las piedras estaban manchadas con pintura verde, la misma que había utilizado su vecino para pintar unos árboles de su propiedad, por lo que dedujo que las había movido él.

Yo metí las piedras en un saco y lo até. Luego, la desaté, y las piedras fueron saliendo ellas solas

Resuelto el misterio, o al menos eso pensaron, y resignado a cambiar nuevamente las piedras de lugar, observó atónito cómo ante sus propios ojos y los de su hija Josefa, las piedras comenzaron a moverse por sí solas como por arte de magia. El propio José relató el suceso al reportero de Crónica, Trillas Blázquez: «Yo las metí en un saco y até la boca. Luego, la desaté, y las piedras fueron saliendo ellas solas». El reportero decidió preguntar a Josefa por la alucinante visión. Esta le relató al periodista que incluso había atrapado una de las piedras voladoras y que, en ese momento, notó un fuerte olor a azufre y sintió cómo su mano comenzaba a arder. Intrigado, el reportero preguntó acerca de la piedra, pero esta le confesó que se la había llevado «un señor de Manresa que dice que estudia estas cosas»

Pero había algo más en toda aquella alucinante historia y, de nuevo, tenía que ver con la joven Josefa. Y es que, la niña, casi con la voz rota, declaró a Trillas Blázquez: «¡Dicen que soy yo quien tiene un imán y las hace caer!». ¿Era posible que aquella chiquilla hubiese hecho levitar aquellas piedras tan pesadas? Quizá confiados en la buena fe del reportero, los Obradors continuaron relatando los fenómenos que estaban sufriendo y que dejaban el suceso de las piedras en una simple anécdota. Ante la cara de sorpresa de Trillas Blázquez, la familia relató que dentro de la vivienda estaban ocurriendo cosas aterradoras. Muebles que se caían solos, luces que se apagaban y encendían accionadas por manos invisibles y ruidos de origen desconocido, habían convertido la vida de los Obradors en una pesadilla. Y no solo era la familia quien presenciaba estos hechos, sino que cualquiera que se acercaba aquella casa de Can Palet se exponía a ser testigo del miedo que se respiraba dentro de aquellas cuatro paredes.

Mosén Cuisidó entrevistado a los testigos
Mosén Cuisidó entrevistado a los testigos

Desde que la niña entró en casa, parece que nos cayó encima la desgracia

SACERDOTE AGREDIDO

Y todos apuntaban a Josefa como el epicentro de aquella actividad paranormal. La revista Crónica, en aquel reportaje firmado por Trillas, recogía un aterrador relato: «El otro día, mientras estábamos comiendo, Josefa se puso a gritar horrorizada porque la golpeaban en las piernas. De pronto dejaron de pegarla, y le apretaron el cuello como para ahogarla. Los cardenales le han durado muchos días en el cuello y en las piernas». Pero, ¿qué o quién provocaba aquella pesadilla? Como es lógico, las cábalas pronto hicieron acto de presencia y una de ellas, surgida de la boca de la madre enferma, ponía el foco en el miembro más joven de la familia: la niña recién nacida que habían acogido. La madre confesó a los reporteros: «Desde que la niña entró en casa, parece que nos cayó encima la desgracia (…) Si no quieren que la tengamos, que lo digan enseguida, que, mira, nosotros ya nos arreglaremos».

Trillas Blázquez, saliendo de su estupor, pronto cayó en la cuenta de que estaba ante una noticia sorprendente y que podía rivalizar, ni más ni menos, con el asombroso caso del duende de Zaragoza, ocurrido tan solo unos meses antes. Sin embargo, el reportero sabía que el tema requería cautela, pues no se podía asegurar nada con rotundidad, habida cuenta de lo terrorífico del caso. El drama que estaba sufriendo la familia, y especialmente la niña Josefa, víctima de atroces ataques por parte de una fuerza invisible, parecía estar lejos de acabar y los reporteros de Crónica continuaron recopilando datos de esta espeluznante historia.

También el reportero fue víctima de un ataque al recibir el impacto de una mesa lanzada por unas manos invisibles

El suceso dio un giro inesperado cuando la familia declaró que ante el terror que estaban padeciendo, habían pedido ayuda a la Iglesia. En su auxilio acudió mosén Cuisidó, un párroco de la zona, para bendecir la casa. Sin duda, el sacerdote acogió la primera noticia con escepticismo, pero, al llegar hasta la vivienda, él mismo fue testigo de los extraños fenómenos y, según le relató a Trillas, él mismo fue víctima de un ataque al recibir el impacto de una mesa lanzada por unas manos invisibles.

Al escuchar aquellas afirmaciones, Trillas decidió dar un paso más y, acompañado de su compañero fotógrafo, entró en la casa para ver si ellos mismos podían presenciar los fenómenos. Lo primero que quiso examinar fue la mesa que había atacado al cura y que «danzaba» por toda la casa. Esta se encontraba cerca de una puerta que daba acceso al huerto. Mientras se disponía a examinarla, le contaron que una máquina de coser que se encontraba cerca del mueble cobraba vida y se dedicaba a perseguir a Josefa por todo el comedor.

Trillas Blázquez observando la mesa
Trillas Blázquez observando la mesa

«LA MESA SE ECHÓ SOBRE MÍ»

Sin embargo, el periodista parecía más interesado en descubrir si existía algún tipo de truco que hiciera mover la mesa. Ensimismado en su examen, unos gritos le alertaron de que la mesa acababa de moverse. Escamado, el reportero de Crónica exclamó: «¡A que no se mueve ahora que la miro yo!». Lo que sucedió a continuación quedó plasmado en las páginas de la revista: «Apenas había terminado de decir esto, cuando la mesa se echó sobre mí. Así. La mesa se inclinó hacia mí y cayó con fuerza, con el evidente deseo de aplastarme un pie. Yo la cogí y la puse derecha de nuevo, un poco escamado, la verdad».

Pero la experiencia aún le guardaba más sorpresas al intrépido Trillas ya que, mientras estaba allí, hizo su aparición un personaje ciertamente oscuro. Llama la atención que no quedase reflejada en el reportaje de Crónica la identidad del recién llegado y más aún el hecho de que los dos reporteros fuesen invitados a salir del domicilio para que no escuchasen la conversación que iba a tener lugar.

Sin embargo, el reportero se coló disimuladamente en la estancia y, al hacerlo, se topó de nuevo con lo inexplicable, ya que pudo comprobar con sus propios ojos cómo mesas, sillas y demás mobiliario de la casa caían al suelo de manera violenta, como si estos objetos inanimados estuviesen irritados por algo. En ese instante, y según publicó Crónica el 5 de abril de 1936, el periodista pudo escuchar lo que el recién llegado les decía a los Obradors: «Y cogéis la ropa de la nena y la dais una paliza. Y si no, hacer otra cosa aún más fácil. Ir enseguida a la plaza y comprar un bofe de cordero. Lo ponéis a cocer, y a las doce en punto de la noche, Josefa que coja una navaja y apuñale el bofe hasta que el reloj pare de sonar (…) Una cosa. Oiréis llamar a la puerta y dar unos gritos tremendos. No hacer caso. Duro con la ropa vosotros, y la Josefa, con la navaja. No abrir por nada del mundo. Cuidado. Sobre todo no abrir». Aún lanzó una advertencia más a la estupefacta familia ya que, si abrían la puerta, Josefa moriría.

Con toda esta información acerca de los terroríficos sucesos de Can Palet, los reporteros volvieron a la redacción de Crónica para preparar el reportaje que vería la luz en abril de 1936. Sin embargo, Trillas Blázquez sentía la necesidad de saber qué habría podido pasar la noche en que la niña debía apuñalar aquel trozo de carne y, de paso, saber cómo se encontraban los miembros de la familia. Por este motivo, regresó a Terrassa a las pocas semanas, y en este segundo viaje al barrio de Can Palet le acompañó el médico Luis M. Tallés, quien había accedido a acompañar al periodista para examinar los cardenales y moraduras que habían dejado huellas en el joven cuerpo de Josefa.

Multitud de vecinos acudían a ver en directo cómo los muebles volaban solos y atacaban a la pobre Josefa

Imagen del huerto y del montón de piedras que volaban solas
Imagen del huerto y del montón de piedras que volaban solas

ATACANTE DEL MÁS ALLÁ

En cuanto volvieron a ver a la jovencita, notaron que ésta estaba muy apenada y agobiada debido a que vida se había convertido poco menos que en un espectáculo, ya que multitud de vecinos acudían a ver en directo cómo los muebles volaban solos y atacaban a la pobre Josefa. Era patente que el tema había despertado la curiosidad por saber lo que estaba ocurriendo en aquella vivienda de Can Palet. Y no era para menos, pues Terrassa era, en aquellos tiempos, una de las ciudades españolas donde más espiritistas vivían, lo que, sin duda, contribuyó a caldear el ambiente y se comenzaron a relatar historias parecidas en las que otros vecinos del barrio aseguraban conocer o haber vivido ellos mismos, episodios similares.

Terrassa era, en aquellos tiempos, una de las ciudades españolas donde más espiritistas vivían

En esta nueva visita, la hermana mayor relató que los ataques a su hermana se habían seguido sucediendo y ella misma intentó pelear contra el invisible atacante. Como recogió la revista en un nuevo reportaje publicado el 19 de abril, la joven declaró: «El otro día, cuando pegaban las patadas en las espinillas a Josefa, yo quería meter la escoba debajo de la mesa y no podía moverme. Y Josefa no hacía más que gritar». Sin embargo, y a pesar de que al examinar a Josefa tanto el periodista como el doctor pudieron constatar que, en efecto, la niña seguía teniendo marcas de los ataques, todo parecía indicar que el supuesto ente maligno les había dejado, por fin, en paz.

Intrigado acerca de la visita de aquel misterioso personaje y sus extrañas instrucciones para acabar con los sucesos, Trillas preguntó acerca de él y, para su sorpresa, la familia reconoció que sí había hecho todo lo que les había indicado. El reportero les preguntó si, al hacerlo, se habían oído los gritos que había anunciado que oirían a lo que Julia, la madre, contestó que no se habían escuchado pero que «una vecina, que todos los días se levanta a las seis de la mañana, todavía no se ha levantado. No sé; creo que tiene la cara y el cuerpo hecho una criba».

Hubo un segundo reportaje en Crónica publicado el 19 de abril de 1936 en la que se dio información sobre cómo se encontraba la niña Josefa pero, finalmente y como ocurre en la mayoría de estos casos, el silencio acabó por hacer caer en el olvido este caso digno de una película de terror. Pronto, los acontecimientos que finalmente desembocarían en un alzamiento militar y en una guerra civil apartaron el interés por saber que ocurrió con un suceso en el que varios testigos, muchos de ellos fiables, se toparon cara a cara con lo inexplicable y sufrieron en sus propias carnes los ataques de una fuerza demoníaca e invisible.

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