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04/07/2017 (10:35 CET) Actualizado: 04/07/2017 (13:28 CET)

Miles de colinas artificiales en Norteamérica

04/07/2017 (10:35 CET) Actualizado: 04/07/2017 (13:28 CET)
Miles de colinas artificiales en Norteamérica
Miles de colinas artificiales en Norteamérica

Además de las bien conocidas pirámides mesoamericanas y de las que lentamente se están estudiando en Sudamérica, como las 20 ya descubiertas en la zona peruana de Caral y los montículos artificiales de Aspero, al menos el tercio occidental del territorio norteamericano está sembrado por unas 100.000 de estas construcciones (arriba y bajo estas líneas), algunas de las cuales son pirámides escalonadas sin discusión posible. Conocidas allí como mounds y estudiadas por padres de la patria como Jefferson, se extienden desde el Golfo de México hasta los Grandes Lagos, concentrándose especialmente en el estado de Ohio y en torno a los ríos Illinois y Ohio.

La pregunta obvia es cómo ha pasado tan desapercibida una civilización tan portentosa, capaz de producir un número muy superior de construcciones a las de los egipcios.

De hecho, una de ellas –el Cahoquia Mound– es de planta superior a la de la Gran Pirámide, aunque la mayoría sólo sean amontonamientos de tierra. La respuesta probablemente haya que buscarla en la filosofía subyacente en la forja de EE UU como un poderoso imperio blanco y anglo-sajón que, para hacer de aquel inmenso territorio su dominio e imponer su estilo de vida, consideró imprescindible masacrar a la práctica totalidad de sus verdaderos propietarios y reducirles a la categoría de salvajes carentes de un pasado grandioso. Las discusiones acerca del origen de los mounds quedaron restringidas, desde hace dos siglos, a los diversos especialistas que los atribuían a sucesivos pueblos indígenas –como hacen hoy los arqueólogos– y los que los consideraban obra de una civilización previa y desconocida. Lo que resulta obvio es la sospecha de un origen común y muy remoto para esta práctica.

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