Arqueología

Hallan la mejor evidencia de la crucifixión en el mundo romano

El hallazgo viene a arrojar luz sobre la crucifixión, un método de ajusticiamiento del que existen pocas evidencias arqueológicas.

Javier Garcia Blanco

Periodista y fotógrafo

16 de diciembre de 2021 (10:41 CET)

Hallan la mejor evidencia de la crucifixión en el mundo romano
Hallan la mejor evidencia de la crucifixión en el mundo romano

Cuando en 2017 comenzaron a trabajar en Fenstanton, una pequeña localidad de apenas 2.500 habitantes en el condado de Cambridgeshire (Reino Unido), los arqueólogos de la compañía Albion Archaeology no podían imaginar que estaban a punto de realizar uno de los hallazgos más importantes de las últimas décadas. El trabajo consistía en una excavación en principio rutinaria a un lado de la autovía A14, una labor habitual antes del inicio de cualquier proyecto de construcción, y que tenía como finalidad descartar la presencia de restos de importancia arqueológica.

Sin embargo, las labores de excavación no tardaron en revelar que, en efecto, en aquel terreno donde se pretendía levantar un complejo de viviendas, había importantes restos de época romana. Los arqueólogos descubrieron hasta cinco pequeños cementerios, en los que llegaron a identificar en torno a medio centenar de restos humanos, correspondientes a más de cuarenta adultos y cinco niños. Según los estudios preliminares, aquellos cuerpos databan de algún momento entre los siglos II y IV de nuestra era. En un primer momento no se detectó nada extraño, pero cuando los restos fueron enviados a un laboratorio de la ciudad de Bedford para un análisis más exhaustivo, se descubrió que uno de los esqueletos, correspondiente a un hombre de unos 25 a 35 años, presentaba un elemento de gran importancia: un clavo que atravesaba uno de sus talones, lo que a todas luces parecía ser una clara evidencia de que había sido ejecutado por medio de una crucifixión.

Clavo
El talón del ajusticiado atravesado por el clavo (Fuente: Albion Archaeology) 

Las evidencias físicas de la crucifixión son muy escasas, de ahí lo relevante del hallazgo

Aunque en la actualidad estamos familiarizados con este sanguinario método de ejecución, sobre todo gracias a los relatos del Nuevo Testamento sobre la muerte de Jesús y a las habituales representaciones que se hacen en multitud de películas ambientadas en época romana, lo cierto es que las evidencias físicas sobre dicha práctica son muy escasas, por lo que el hallazgo de los arqueólogos británicos se ha revelado como un descubrimiento de enorme importancia para el conocimiento de esta época de nuestra historia.

Tal y como han explicado los expertos participantes en el estudio, cuyas conclusiones se han recogido en un artículo publicado por la revista British Archaeology titulado Crucifixión en los Fens: vida y muerte en la Fenstanton romana, el descubrimiento realizado en el condado de Cambridge es el cuarto de este tipo que se conoce en todo el mundo, y solo en otro caso, producido en Jerusalén en 1968, se encontró también un clavo, que en el caso inglés está mucho mejor conservado. El de Fenstanton es, además, la única evidencia de una crucifixión en época romana registrado en el norte de Europa.

En la sociedad romana se creía que los clavos de los ajusticiados tenían propiedades mágicas
Revista
Portada de la revista British Archaeology que se hace eco del descubrimiento.

Curiosamente, el notable descubrimiento no solo es especial por las razones arriba mencionadas, sino también por una serie de peculiaridades que rodean al hallazgo del esqueleto de este crucificado. En primer lugar, según explican David Ingham y Corinne Duhig –miembros del equipo de arqueólogos que han dirigido el estudio–, es del todo inusual que el clavo apareciera clavado en el esqueleto del reo, pues normalmente estas piezas solían retirarse de los cadáveres tras la ejecución, ya que en la sociedad romana de aquel tiempo se creía que tenían propiedades mágicas o curativas. Por otra parte, también resulta llamativo que el cadáver fuese enterrado en un ataúd de madera de roble, lo que indica que probablemente fue entregado a sus familiares o allegados para su inhumación, algo del todo inusual al tratarse de un reo ejecutado mediante crucifixión, un castigo reservado a malhechores o enemigos de Roma. Para mayor extrañeza, los arqueólogos han determinado que el hombre fue probablemente un esclavo, a juzgar por las evidencias de infecciones y daños en los huesos de sus espinillas, que indican que pasó buena parte de su vida encadenado; por esta razón, sorprende aún más que el ejecutado fuese devuelto a sus seres queridos para su entierro, en lugar de ser sepultado en una fosa común, como solía ser habitual.

Los romanos tomaron este método de ejecución de los cartagineses, quienes a su vez la 'copiaron' de los antiguos persas

Tal y como explica el experto Gunnar Samuelsson, historiador de la Universidad de Gotemburgo (Suecia) que dedicó su tesis doctoral a la crucifixión en la Antigüedad, este método de ejecución no era originalmente romano, sino que dicha práctica se tomó de los cartagineses, quienes a su vez la “copiaron” de los antiguos persas. Normalmente, la muerte de los condenados a crucifixión se producía por asfixia, pues los reos, atados o clavados a los postes de madera, sufrían severos problemas para espirar, lo que les impedía eliminar el CO2 del organismo y tomar oxígeno. Así, los desafortunados que eran ejecutados de esta forma intentaban desesperadamente tomar aire, y para ello luchaban por incorporarse sobre las piernas para inspirar, lo que desembocaba en una agonía más lenta y penosa. Si tenían la "suerte" de topar con un verdugo que se apiadaba de ellos, éste podía romperles las piernas para evitar que se incorporaran y así acelerar el deceso.

Gracias a las fuentes históricas, sabemos que uno de los episodios históricos que desembocó en un mayor número de ejecuciones por crucifixión tuvo lugar en Roma en el año 71 a.C. Con motivo de la célebre rebelión del esclavo Espartaco, en la Via Pia se llegó a asesinar a más de 6.000 condenados por medio de este espantoso método de ejecución. Sin embargo, de aquel siniestro episodio apenas se conserva nada más que los comentarios registrados por las fuentes históricas. Algo muy diferente a lo que, por suerte, ha ocurrido en el caso británico: "Sabemos bastante sobre las crucifixiones, sobre cómo se practicaban y dónde, gracias a los relatos históricos. Sin embargo, esta es la primera evidencia tangible para ver realmente cómo funcionaban", explicó David Ingham en declaraciones al diario británico The Guardian.

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