Enigmas y anomalía
13/02/2023 (08:15 CET) Actualizado: 13/02/2023 (08:15 CET)

Así creamos monstruos, los otros Yeti

En su nuevo libro, Ignacio Cabria busca comprender los mecanismos cognitivos, sociológicos y culturales que hay tras la criptozoología

espacio misterio
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A la entrada del Valle de Yeren, nos recibe esta inquietante estatua
A la entrada del Valle de Yeren, nos recibe esta inquietante estatua

En China se encuentran desde la Antigüedad relatos sobre hombres salvajes, a los que actualmente se llama yeren, además de otros nombres locales. En el periodo de los estados en guerra, alrededor del siglo III a. C., el poeta Qi Yuan escribió un poema sobre los shangui (ogros de las montañas) en la provincia de Hubei. Durante la dinastía Tang (años 618-907), el historiador Li Yanshou describió una banda de «hombres peludos» observados en la misma zona. Durante la dinastía Ming (siglos XIV a XVIII), el farmacólogo Li Shizhen escribió que la gente de la provincia de Sichuan despellejaba y se comía a los hombres oso llamados feifei, y en la provincia de Fujian había gigantes llamados shandaren, de 3 metros de alto. Y el poeta del siglo XVIII Yuan Mei escribió sobre unas criaturas observadas en la provincia de Shaansi que eran «como monos, pero que no eran monos». Otra tradición trata de relatos sobre «hombres-oso», que se encuentran en un libro titulado Compendio de materia médica, de Li Shizen.

En 1957, la prensa contó que una bestia cubierta de pelo y parecida a un mono intentó robar el bebé de una mujer

Homínidos ocultos

Los casos de observación de «hombres salvajes» en China en el siglo XX son semejantes a los de otras zonas de Asia y muchos recuerdan a su vez al folclore del sasquatch norteamericano. Son relatos sobre salvajes que se comen a la gente y que son cazados a su vez utilizando distintos trucos. En 1957, la prensa contó que una bestia cubierta de pelo y parecida a un mono intentó robar el bebé de una mujer, pero fue golpeada hasta que soltó su presa. En 1961, los trabajadores de la construcción de una carretera mataron a un hombre salvaje de 1,20 m de altura, pero la Academia de Ciencias china negó la noticia declarando que había sido un gibón. El paleontólogo Zhou Guoxing, sin embargo, afirma que entrevistó a un periodista que vio a la criatura y negó que fuera un simio.

Hay también informes sobre «extraños animales» parecidos a la vez a hombres y a simios en los que han intervenido científicos. La primera observación de un científico chino fue la del biólogo Wang Zelin (que había estudiado su carrera en EE UU) mientras viajaba en coche en 1940 por la zona de Gansu. Tras oír unos disparos, se acercó al lugar de donde procedía el ruido y pudo ver muerta a un lado de la carretera a una hembra de unos 2 m de altura que tenía el cuerpo cubierto de pelo espeso de color marrón grisáceo, y cuya cara semejaba el cráneo del Hombre de Pekín: una subespecie de Homo erectus que vivió en terriotrios de la actual China. Otro científico, el geólogo Fan Jingquan, y sus guías pudieron ver en 1950 en la provincia de Shanxi a dos «hombres salvajes», madre e hijo, aunque a cierta distancia.

Estatua del yeti y su cría en el valle de Yeren
Estatua del yeti y su cría en el valle de Yeren

Tras las expediciones occidentales de los años cincuenta en busca del yeti en el Himalaya, el Estado chino organizó su propia expedición al Tíbet en 1959, de la que se obtuvo un mechón de pelo que era diferente a los de animales conocidos, sin que se pudiera identificar su origen. En 1977, la Academia China de Ciencias organizó una expedición a los montes Shennongji, en la provincia de Hubei, en busca del yeren, que es como se llama al hombre de las nieves chino. El equipo científico fue dirigido por Zhou Guoxing, paleontólogo que fue director del Museo de Historia Natural de Pekín. En todo un año de búsqueda solo se pudieron recoger los habituales pelos, heces y huellas, cuyos análisis no fueron nada concluyentes. Zhou cree que pertenecían a monos o a osos.

Cuando empiezan a publicarse con mayor frecuencia noticias en China sobre encuentros con bestias homínidas es a partir de 1979, con la apertura política a Occidente promovida por el nuevo líder Deng Xiaoping. Quizá la llegada de noticias del exterior sobre el yeti y la difusión de las paraciencias pudo haber impulsado esta nueva tendencia a registrar sucesos sobre bestias bípedas, algo que no ha sido suficientemente investigado desde el punto de vista sociológico.

El caso es que 1980 marca un punto de inflexión en la información sobre el yeren, igual que en otros temas del mundo del misterio como los OVNIs, sacando a la luz pública historias del pasado que habían quedado silenciadas en su época. Por ejemplo, el periódico oficial Guangming informó de que en 1939 una mujer fue secuestrada durante un mes por una familia de «hombres salvajes» y meses después, a pesar de que la mujer negó haber tenido «contacto» con ellos, dio a luz a un «niño simio». Lo extraordinario en estos relatos no solo era cualitativo, sino también cuantitativo (como en los chistes de chinos de nuestra infancia): en 1947 dos mil soldados del Ejército rojo persiguieron a ocho bestias de pelo rojizo durante diez días, hasta arrinconarlas en una ermita. Todas las bestias consiguieron romper el cerco de los soldados y huir, excepto una cría, que fue alcanzada y descuartizada por los perseguidores. Todo a lo bestia.

Una filmación hecha en 1994 de un supuesto yeren no representaba más que a un hombre con una deformidad

El yeren se asocia a menudo con los bosques de ShennongjiaWikipedia
El yeren se asocia a menudo con los bosques de Shennongjia Wikipedia

Científicos chinos tras el yeren

Otra iniciativa de ese año 1980 de apertura política y económica fue impulsar un plan de investigación a cinco años de la Academia China de Ciencias sobre «hombres salvajes» en el noroeste de la provincia de Hubei. Entre las huellas y otras trazas recopiladas, encontraron en una escuela de la provincia de Zheyang las manos y los pies de un hombre como un mono que el maestro local conservaba en sal. Pero cuando se consigue la prueba material la cosa se desinfla. Una filmación hecha en 1994 de un supuesto yeren no representaba más que a un hombre con una deformidad.

La Reserva Natural de Shennongjia es el eje de las noticias sobre el hombre salvaje en China. Se encuentra en la provincia central de Hubei, cuna de las primeras narraciones históricas sobre hombres salvajes (y origen de la COVID-19, por cierto). Los aldeanos de la zona creen que la criatura vive entre ellos. A la entrada de la reserva forestal hay un cartel en inglés que dice: Beware of Bigfoot! (¡Cuidado con el bigfoot!). Suena muy orientado a atraer al turista norteamericano, no cabe duda. A pesar de esta promoción del maoren, como llaman allí al hombre salvaje, los científicos y funcionarios de la reserva son escépticos sobre su existencia. Zhou Guoxing, ha manifestado que lo que busca el gobierno local de Hubei es aumentar los ingresos con paquetes turísticos con la excusa de la búsqueda del maoren.

Entre las hipótesis para explicar al monstruo, la estudiosa clásica de los homínidos asiáticos Myra Shackley parece que se dejó influenciar por el romanticismo de la búsqueda del monstruo cuando propuso que durante la construcción de la Gran Muralla china hubo gente que huyó del trabajo forzoso y se ocultó en los bosques, y que después de generaciones sus descendientes se volvieron salvajes con pelos largos. Mi impresión es que falta mucha investigación antropológica por hacer para entender de verdad al yeren más allá del tópico comercial sobre el bigfoot chino.

Los almas no están dotados de poderes sobrenaturales y la gente local no les teme. Son vistos como formas primitivas de hombre 

El almas de Mongolia

En Mongolia la bestia homínida es el alma o almas. El término no parece tener un significado único; significa tanto «hombre salvaje» como «especie extraña entre hombre y mono». El lingüista mongol Yöngsiyebü Rinchen fue el primero en analizar testimonios y pruebas físicas sobre él, entre ellas un cuerpo y varios cráneos, aunque en la actualidad no se conserva rastro alguno de todo ello. Rinchen llegó a la conclusión de que, debido al avance de la civilización, el área en la que había quedado recluido el almas se limitaba a 400 km2 en las montañas de Altai y el Gobi. Escribe Shackley: «Los almas no están dotados de poderes sobrenaturales y la gente local no les teme. Son vistos como formas diferentes, más primitivas, de hombre cuya presencia en un área apenas es causa de atención», y añade que para los etnólogos mongoles el mito estaría fundado en hechos reales sobre bípedos peludos de aspecto humano.

El antropólogo checo Emanuel Vlcek
El antropólogo checo Emanuel Vlcek

La referencia más antigua sobre una criatura simiesca en Asia la encontró el antropólogo checo Emanuel Vlcek durante la expedición arqueológica y antropológica a Mongolia organizada por la Academia de Ciencias de Checoslovaquia en 1958. Según dio a conocer en la revista de antropología Man, encontró en una universidad lamaísta un libro en largas tiras de papel sobre la historia natural del Tíbet, cuyo título, traducido, es Diccionario anatómico para reconocer variadas enfermedades. Sus autores eran Lovsan-Yondon y Tsend-Otcher. En una edición publicada en Pekín en el siglo XVIII se tratan en detalle una serie de animales, y entre las ilustraciones se encuentra la de un primate escalando una montaña. A su lado hay un nombre escrito en lenguas tibetana, china y mongola que significa «hombre salvaje».

En una edición del libro realizada un siglo más tarde en Urga, actual Ulan Bator, aparece otra ilustración diferente del mismo ser escalando, y se lee en el texto: «El hombre salvaje vive en las montañas, su origen es cercano al del oso, su cuerpo parece el del hombre y tiene una fuerza enorme». Esta mención a un hombre salvaje era totalmente desconocida hasta entonces, y lo interesante es que el libro es una descripción de animales reales, no mitológicos. Vlcek se pregunta en su artículo si este dibujo tendría algo que ver con el almas que estaba siendo estudiado por aquel entonces por el investigador Yöngsiyebü Rinchen.

Secuestrado por el yeti

Algunos de los relatos que presenta Myra Shackley sobre el almas de Mongolia se asemejan más a leyendas contemporáneas que a informes de hechos reales. Su contenido es una vez más un cuadro folklórico como el que hemos visto sobre criaturas salvajes en otros lugares. Por ejemplo, un caso reportado por el médico Ivan Ivlov –sin citar nombres, fechas ni lugares– dice que un maestro local fue capturado por dos hembras almas y entregado a un grupo de criaturas que vivían en una cueva, donde fue examinado con gran curiosidad y alimentado durante dos semanas hasta que los almas perdieron interés en él y lo dejaron marchar. Shackley dice que «este es el más significativo de todos los relatos del almas o un fraude».

Para Myra Shackley, a pesar de haberse encontrado menos evidencias del almas de Mongolia que del yeti, la primera sería una criatura más convincente. La razón de que no se haya de- mostrado su realidad es, según esta autora, lo remoto de las regiones donde se informa de su presencia, y que las pruebas que existen, como las supuestamente acumuladas por el científico mongol Zhamtsarano, se encuentran en archivos inaccesibles. Sin embargo, han pasado cuatro décadas desde el libro de Shackley, se ha avanzado en la apertura informativa en todo el mundo y, sin embargo, no ha salido a la luz ninguna prueba mejor sobre el almas que las que había cuando escribió su libro.

Existe en Sumatra la creencia en la existencia de un primate de pequeño tamaño que vive en el suelo y camina siempre erguido

En Sumatra

En la isla de Sumatra no podemos hablar de un hombre de las nieves, sino de un ser de los cocoteros, pero traigo aquí su homínido oculto emparentándolo de alguna manera con los del Asia continental en su génesis legendaria. Existe en Sumatra la creencia en la existencia de un primate de pequeño tamaño que vive en el suelo y camina siempre erguido, a diferencia del orangután, que vive en los árboles. Llaman a este desconocido orang pendek, que significa «hombre bajito» en lengua local. La primera noticia sobre él fue un informe sobre unas huellas en 1915, y en 1917 el zoólogo Edward Jacobson obtuvo testimonios de pobladores locales que habían visto a una criatura con aquella descripción.

En 1923, el explorador holandés Van Herwaarden estaba cazando jabalíes en la isla de Poleloe Rimau, anexa a Sumatra, cuando vio a un primate diferente a los conocidos. Vio que era una hembra y pudo hacer una detallada descripción de ella para una revista de la naturaleza. Entre otras cosas dijo que no parecía en absoluto una mona. Herwaarden pensó en aquel momento en disparar sobre ella, pero se dio cuenta de que se sentiría como un asesino si mataba a una criatura tan humana. Se dice que el orang pendek es un simio de color rojizo, pero las descripciones varían. Se le supone cercano al orangután, es decir, que sería un pongino (o póngido). Pero hay un aspecto preocupante para aceptar su realidad, y es que, aparte de la falta total de pruebas, en algunos relatos se le describe con los pies hacia atrás, que es un rasgo típico del folklore. No ha hecho mucho para favorecer su credibilidad la serie de falsificaciones que se han perpetrado sobre él. En 1932 unos cazadores presentaron el cadáver de un supuesto orang pendek, pero resultó ser un mono langur al que habían afeitado todo el cuerpo para que pareciera más humano.

Aparte de huellas y testimonios, ninguna otra prueba se consiguió hasta que en 1990 la periodista británica Deborah (Debbie) Martyr, que ha estado muchos años en Sumatra trabajando para Fauna & Flora International, afirmó haberse encontrado con un ejemplar cerca del lago Gunung Tujuh, llamado «el lago de las siete montañas», en el Parque Nacional de Kerinci Seblat, Sumatra, que es el centro de las observaciones del orang pendek. Debbie Martyr describió a un animal con una parte superior del torso inmensamente fuerte, «como un boxeador», pero muy grácil, es decir, que era muy diferente a los simios conocidos. Otros expertos en los primates indonesios han puesto en duda la observación de Martyr, pensando que se dejó llevar por sus deseos.

Análisis de ADN

En 2001 se encontró una huella fresca y unos pelos. El científico australiano Hans Brunner analizó su ADN, con el resultado de que ni era humano ni encajaba con las muestras de ningún mamífero de Indonesia, y el primatólogo australiano Colin Groves afirmó que las huellas eran «únicas». En 2003 el criptozoólogo Richard Freeman –de la organización británica Centre for Fortean Zoology (CFZ)– dirigió una expedición al mismo lago Gunung Tujuh en busca del orang pendek. En base a su investigación, lo ha definido como un pongino con algunas características de gibón, orangután, chimpancé y humano. En 2009, Dave Archer y el guía Sahar Didmus, miembros de una expedición del CFZ al mismo lugar, dijeron haberse topado con una criatura como un chimpancé, pero de espaldas anchas y cabeza grande, que escapó corriendo sobre dos piernas antes de que pudieran fotografiarlo.

Inicialmente el primatólogo Osman Hill conjeturó que el orang pendek podría ser un descendiente del Homo erectus, pero el reciente descubrimiento de un fósil en la vecina isla de Flores, al que se ha llamado familiarmente «Hobit» por su pequeña estatura de apenas un metro –que al parecer representa a una nueva especie homínida registrada como Homo floresiensis u «hombre de Flores»–, ha hecho a algunos pensar que pudiera ser un antecesor de este hipotético orang pendek. Sin embargo, Brian ha analizado el ADN de una muestra que se atribuye al orang pendek y ha descubierto que pertenece a un tapir malayo. A pesar de la creencia de los criptozoólogos, tan largamente sostenida, de que esta sí podría ser una especie real y que esta- ría próxima su confirmación, sus esperanzas siguen sin verse satisfechas. Se ha sugerido que las observaciones sobre esta criatura podrían referirse más bien a gibones, siamangs, orangutanes u otros primates.

Cáneo Homo Floriensis y su reconstrucciónWikipedia
Cáneo Homo Floriensis y su reconstrucción Wikipedia

Uno de los países donde más historias circulan del hombre de las nieves es Bután. «Los relatos del yeti se cuentan junto con los de los yaks como si no hubiera diferencia entre el tiempo mítico y el presente», ha escrito Reinhold Andreas Messner, el primer ser humano en escalar 14 cumbres de más de 8.000 metros. En Bután el yeti es conocido como migoi. Sobre él parece haberse producido una dinámica parecida a la del yeren chino, pues es desde la apertura de Bután, que era un país prohibido al turismo hasta 1974, que se escribe y se fomenta la figura del migoi.

El encuentro con el migoi se produce durante las tormentas de nieve, cuando se ve forzado a descender en busca de comida y abrigo

El yeti del saco en Bután

La escritora butanesa Kunzang Choden escribió en 1997 un libro de leyendas titulado Bhutanese Tales of the Yeti. En el prólogo dice la autora que «el migoi es tan real y tan antiguo que en algunos rituales Bon prebudistas los textos arcaicos requieren la sangre de un migoi que haya sido matado con un arma afilada». Añade que en Bután hay dos tipos de seres bípedos. El primero es el mechume o mirgola, con aspecto de mono, de un metro de alto y que vive en los bosques de altura. Encontrarlo trae mala fortuna e incluso la muerte. El segundo, el migoi (o yeti), es tan grande como un yak y medio, tiene labios de mono y el cuerpo peludo de color marrón rojizo. Vive en las grandes alturas donde pastan los yaks, de ahí que sean pastores de yaks y cazadores los que lo han visto.

El encuentro se produce durante las tormentas de nieve, cuando el migoi se ve forzado a descender en busca de comida y abrigo, y se aproxima a los acampados buscando el calor de la hoguera. Se dice que desprende mal olor y que vive en cuevas, donde hace su nido. Verlo trae mala suerte. Si uno se encuentra con el migoi hay que postrarse ante él y tratarlo con reverencia. Se contaba que tiene la espalda hueca, y por eso a los niños se les amenazaba con que, si se portaban mal, el migoi se los llevaría en el hueco de la espalda.

Este artículo es un extracto del libro Así creamos monstruos  (Luciérnaga, 2023) del antropólogo Ignacio Cabria. Puedes comprarlo en Casa del Libro

 

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