Una pintura rupestre muestra un animal extinto hace 200 millones de años
¿Pintaron los bosquimanos sudafricanos un animal extinto 200 millones de años antes de que naciera la paleontología?
En el yacimiento sudafricano de La Belle France, hay un panel de pinturas rupestres conocido como la Serpiente Cornuda. En él encontramos una figura pintada hace apenas dos siglos en la que un paleontólogo cree reconocer un animal extinto hace 200 millones de años: ¿Es eso posible?
No es una pareidolia como los «dinosaurios» plasmados por el artista flamenco de Pieter Bruegel el Viejo en su obra El suicidio de Saúl antes de que se hubiera descubierto el primer fósil de dinosaurio. En este caso, el parecido con un dicinodonte es sobrecogedor para un especialista.
El panel de la Serpiente Cornuda es un mural de algo más de diez metros, pintado por el pueblo san (bosquimano) en la cuenca del Karoo, Sudáfrica, entre 1821 y 1835. La datación no es un cálculo aproximado: se apoya en figuras de guerreros vinculadas a los conflictos del Mfecane y en el abandono de la zona por parte de los san hacia 1835.
Entre las figuras del mural hay una que lleva un siglo incomodando a los especialistas: un cuerpo alargado, patas cortas y dos colmillos curvados hacia abajo, sin equivalente entre la fauna que ha pisado la región en los últimos doscientos años. Se la ha llamado "serpiente" por su silueta, y también se propuso, sin mucha convicción, que pudiera representar una morsa —un animal inexistente en toda África— o incluso un felino de dientes de sable superviviente.
Un dicinodonte fue un pariente herbívoro y no mamífero de los mamíferos, con pico córneo y un par de colmillos característicos. El grupo se extinguió hace unos 200 millones de años, antes de que los grandes dinosaurios dominaran el planeta. La cuenca del Karoo, donde se enmarcan las pinturas, conservan curiosamente algunos de sus fósiles mejor documentados del mundo.
El candidato de Julien Benoit
Quien ha propuesto la lectura más audaz es Julien Benoit, paleontólogo de la Universidad de Witwatersrand (Johannesburgo). Según su estudio, publicado en la revista científica PLOS ONE, la figura no es un animal mítico sin referente real: es la reconstrucción de un dicinodonte, probablemente inspirada en un fósil concreto recogido en los alrededores del yacimiento.
Benoit llegó hasta La Belle France después de reconocer la silueta en una documentación de los años treinta del siglo XX, firmada por los investigadores George Stow y Dorothea Bleek. Al visitar el lugar en persona, encontró fósiles de dicinodontes expuestos por la erosión a poca distancia del panel, junto con herramientas de piedra que atribuye al propio pueblo san.

El detalle que más se ha repetido en la cobertura internacional es la cronología: si Benoit está en lo cierto, esta pintura sería anterior en al menos una década a la primera descripción científica de un dicinodonte, firmada en 1845 por el naturalista británico Richard Owen. Dicho de otro modo, los san habrían "descubierto" e interpretado gráficamente un animal extinto antes que la paleontología tal y como la entendemos hoy.
Hay otra posibilidad que ya recogimos en espaciomisterio con las huellas de dinosaurio junto a símbolos humanos: Que humanos y dinosaurios no coincidieran en el tiempo, no significa que nuestros ancestros pudieran sentir fascinación –igual que hoy en día- con las cosas que los dinosaurios nos legaron para la posteridad y plasmaran en petroglifos y pinturas, huellas o representaciones de esa fauna extinta. Lo extraño, en este caso, es la coincidencia con los modernos modelos de cómo pudo ser un dicinodonte.
1821–1835 — El pueblo san pinta el panel de la Serpiente Cornuda en La Belle France, Karoo.
1845 — Richard Owen describe formalmente el primer dicinodonte, Dicynodon lacerticeps.
Años 1930 — Stow y Bleek documentan el panel; su registro es el que décadas después lleva a Benoit hasta el yacimiento.
2024 — Benoit publica su reinterpretación en PLOS ONE. El caso resurge ahora en la prensa hispanohablante.
La lectura clásica: un animal de la lluvia
No todo el gremio compra la hipótesis del dicinodonte. Sam Challis, director del Rock Art Research Institute de la propia Universidad de Witwatersrand, defiende la interpretación tradicional: la figura sería un "animal de la lluvia", una criatura del imaginario ritual san ligada a las ceremonias de invocación de lluvia, sin relación directa con ningún fósil concreto. Según Challis, la documentación etnográfica del siglo XIX sobre este tipo de pinturas no recoge ninguna mención a que los san incorporaran fósiles a su arte.

Benoit no descarta esa lectura de raíz: plantea que ambas explicaciones podrían convivir, y que el propio "animal de la lluvia" pudo alimentarse, generación tras generación, del recuerdo de esos huesos gigantes que aparecían en la tierra del Karoo. Es decir, el fósil como origen remoto del mito, no como contradicción de él.
Lo que de verdad está en juego
Al margen de quién tenga razón, el caso obliga a repensar una idea que dábamos por cerrada: que la paleontología nace con la ciencia europea del siglo XIX. Si los san incorporaron fósiles de dicinodonte a su arte y su cosmovisión —como "geomito", en la terminología que usa el propio Benoit—, estaríamos ante una forma de paleontología empírica anterior en generaciones a cualquier museo o cátedra universitaria. Y eso, tenga o no la última palabra, es un misterio que merece mucho más que un titular mal encajado.
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